Por Elisa Corzo | El 11 de febrero, Milton Tolomeo fue a la Plaza del Congreso a la movilización en contra de la reforma laboral, mientras en el recinto los senadores se disponían a darle media sanción a un proyecto que ni siquiera habían leído. Ese día, las CTA y los gremios de la CGT nucleados en el Frente de Unidad Sindical (FRESU) habían convocado a una jornada de lucha con paros y movilización al Congreso. Pero alrededor de las 15, un operativo con 800 efectivos dio inicio a una represión que se extendería hasta la noche.
En ese contexto de violencia desproporcionada –tal como describió el Mapa de la Policía en su reconstrucción del hecho- un grupo de manifestantes pertrechados detrás de una barricada improvisada, lanzaron lo que parecían bombas molotov en dirección a un cordón de gendarmes ubicado a la altura de Callao y Rivadavia.
En la noche del sábado 14 de febrero, en un evento de boxeo al que había ido a trabajar como masajista deportivo, Milton fue aprehendido, acusado de ser uno de esos manifestantes.
En la audiencia de imputación, el juez Jorge Rua, quien lo acusó por tenencia de material incendiario, intimidación pública y resistencia a la autoridad, se negó a aplicarle el agravante de “acto terrorista”, tal como había solicitado la fiscalía de Flagrancia. De igual modo, el joven de 39 años, padre de una nena, masajista y socorrista profesional, fue trasladado al penal de Ezeiza y alojado en un módulo especial destinado a presos de altísimo riesgo, creado en 2024 por Patricia Bullrich.
Allí permaneció recluido durante 20 horas diarias en una celda individual y casi sin ningún tipo de contacto con el mundo exterior. Recién el 19 de marzo, un mes después de su detención, fue traslado a un pabellón común gracias a la presión de sus compañeros y compañeras, y de los organismos de derechos humanos.
“La verdad es que la situación de detención de Milton nos sorprendió no solamente a nosotros y nosotras, sino al propio Juzgado, que tardó en entender cómo era la cuestión”, le había explicado a Canal Abierto María del Carmen Verdú, abogada defensora de Tolomeo y referente de la Coordinadora contra la Represión Policial (CORREPI).
“Parece ser –detalló- que al llegar al penal de Ezeiza, en lugar de ser alojado en pabellón común, por decisión del Servicio Penitenciario, en cumplimiento de una resolución del Ministerio de Seguridad Nacional, fue alojado en el Módulo 6, que es un módulo específicamente reservado para personas privadas de libertad ‘de alto riesgo’. ¿Qué quiere decir ‘alto riesgo’? Que son terroristas internacionales, miembros de bandas con enorme poder logístico, con posibilidades de generar fugas, con helicópteros o con túneles, o vaya a saber qué”.
“Como nos dijo el propio ayudante del Servicio Penitenciario que nos atendió cuando por fin pudimos ver a Milton: ‘Es porque queremos ser como Bukele’”.
Las claves del caso
-Las acusaciones
Al respecto, la abogada de la CORREPI afirmó: “No hay absolutamente ningún elemento para sostener la acusación por intimidación pública, que es un delito que requiere que haya una preparación previa”. “Es una figura que ustedes la habrán escuchado mencionar muchas veces -apuntó- porque los jueces suelen usarla para imputar en situaciones de movilizaciones o manifestaciones. Pasó con la gente de la ley Bases y con muchísimas de las casi 300 personas que han sido detenidas a lo largo de los últimos dos años”. Sin embargo, “cuando llegan a la Cámara, son imputaciones que son sistemáticamente rechazadas”, destacó.
Tolomeo además enfrenta la acusación por tenencia de material explosivo o incendiario, un delito grave, con una pena que va de los 5 a los 15 años de prisión. “También ha sido bastante recurrente, en otros casos, que logremos frenar esas acusaciones”, sostuvo Verdú.
-La “supuesta identificación”
Como precisó la abogada, esta se produjo a partir de un barrido de todo el material audiovisual publicado sobre la jornada del 11 de febrero y luego analizado con tecnologías de reconocimiento facial. “La estamos discutiendo porque fue realizada a partir de imágenes en las que no se distingue ningún tipo de facción ni rasgo personal de nadie”. En una de las imágenes, “al fondo, se ve a alguien que según quienes hicieron estas pericias sería Milton, y estaría vestido de la misma manera que una de las personas que salen en esa barricada”. “Y en realidad, no es ropa particularmente característica: es una remera negra, un pantalón de trabajo con franjas refractarias… En una marcha contra la reforma laboral, no me puedo imaginar cuántos decenas o centenares de personas habría con pantalones de obrero como ese”, planteó.
-¿Y las pruebas?
La misma noche de la detención, el departamento en el que Milton convive con su pareja fue allanado. Allí le secuestraron una serie de elementos que supuestamente lo incriminan. Entre ellos: la ropa mencionada, un bidón de alcohol en gel, una carpeta con recortes de periódicos anarquistas del siglo XX y un pañuelo verde de la Campaña por el Aborto Legal.
En una entrevista con Canal Abierto, Eva, pareja de Milton, contó que tanto el pañuelo como la carpeta eran de ella, y que Milton usa el alcohol en gel para hacer masajes. “El mote anarquista tiene que ver con que yo tengo una carpeta grande con diarios de una agrupación anarquista del Sur que se llama Libertad. Y el dato de color es que esa carpeta está llena de stickers de ositos y cosas por el estilo, porque yo leo a los anarquistas desde que soy chica. Entonces, es una carpeta sumamente inocente”.
“Además, es evidente que vive con alguien, se nota, si allanaron vieron que había ropa de otra persona. Esas cosas son mías”, subrayó.
“Milton luchó por todos y ahora todos tenemos que estar por Milton”
En la entrevista (grabada antes del traslado a Marcos Paz) Eva también habló sobre quién es Milton, detrás del mote del “anarquista de la molotov” que le quiso imponer la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, con el objetivo de reforzar una política que iguala a quienes ejercen el derecho a la protesta con enemigos y terroristas.
Para los que no lo conocemos: ¿quién es Milton?
-Además de ser mi pareja, es una persona con mucha sensibilidad social, muy comprometida con muchas causas, con muchas injusticias. Hablamos mucho de eso en casa, cotidianamente. Y en estos momentos tan duros, es una persona que se dedica con mucho esfuerzo y mucha creatividad al masaje deportivo y al masaje en general, y que a lo largo de su vida fue incrementando su interés por el mundo de la salud. Además, es socorrista con matrícula habilitada.

¿Y además es militante, activista? ¿Cómo se define?
-Yo creo que en no se define como nada, pero sí es una persona militante porque activa, porque formó parte de la Asamblea de Lanús cuando vivía en Lanús, porque fue muchos miércoles a acompañar a los jubilados y a las jubiladas. Él es una persona que no pertenece a ningún espacio porque la mirada de él tiene que ver con una fuerte crítica a la estructura partidaria, que es muy rígida, y entonces es más afín a esta cosa más de base asamblearia.
¿Y su compromiso también tiene que ver con el campo de la salud?
Si, él en la Asamblea de la Lanús formaba parte de la Comisión de Seguridad y Autocuidados. Después, en las marchas con los jubilados también me contaba que socorría a personas. No nos olvidemos que hay cuatro fuerzas armadas, en el marco del protocolo anti piquetes, para reprimir, para contener, situaciones donde hay muy poquita gente. O sea, la dimensión de las represiones es muy exagerada.
¿Qué te pasó cuando viste los videos de Monteoliva sobre Milton?
-El día que lo saca justo era mi cumpleaños. Capaz es un dato muy menor pero cuando lo ví me generó la impresión de: ‘esto es ya un fetichismo, de la represión a la resistencia popular”. Hay una criminalización de la protesta, pero ya súper fetichizada y, además, con un fuerte disciplinamiento. Que va de suyo pero igual me parece que hay que traerlo, porque el mensaje de Bullrich -porque Monteoliva responde a ella- es: ‘yo hice un Guantánamo que los está esperando a todos ustedes, loquitos, que salen, que militan, que luchan contra nuestras leyes’. No es casual que Bullrich haya creado ese régimen de “alto riesgo” y, al mismo tiempo, sea la máxima defensora de la Reforma Laboral en su nuevo rol de senadora.


¿Qué pudiste saber de cómo está Milton?
Afortunadamente está bien. Dice que la comida es aceptable, se lo ve entero, no bajó de peso, se alimenta bien. A los compañeros les estaba dando clases de gimnasia en sus recreos. Y, obviamente, está ansioso por las visitas, preocupado un poco por mí, y confiado. Confiado también en la visibilización, aliviado por tener el apoyo de los organismos de derechos humanos. Y bueno, también con su solidaridad inmensa, como cuando todavía estaba detenido Nicolás, el chico preso por dibujar, él pecía que también luchemos por él.
Ustedes lanzaron una campaña de “Libertad para Milton”. ¿Qué le pedirías a la militancia y a la gente en general?
-Le pediría a todos los compañeros y compañeras, a todos los organismos, partidos políticos, asambleas barriales, asociaciones civiles, a los diputados, diputadas, senadores y senadores, que se sumen al apoyo y al pedido de liberación. Porque Milton luchó para que ninguno sea esclavo, para que no haya leyes que hagan retroceder nuestros derechos laborales. Milton luchó para que su propia hija y los hijos de todos nosotros no vivan en condiciones paupérrimas. Y por la libertad y por el derecho al tiempo libre, que hoy parece mala palabra pero que es fundamental para generar conciencia de clase, y eso trae organización.
Nos quieren todo el tiempo trabajando, precarizados, tristes, desorganizados, aislados, depresivos, medicados, endeudados. Y Milton luchó contra todo eso, lucho por todos. Entonces, la verdad, ahora todos tenemos que estar para Milton.
¿Y a él que le dirías?
-Que no está solo. Que ayer (por el jueves 12 de marzo) me saqué una foto con el papá de Pablo Grillo, que es una causa que a él lo sensibiliza un montón. También con Myriam Bregman. Que hay un montón de gente amorosísima que lo apoya, que yo sueño con él casi todas las noches, que lo extraño y que va a salir pronto.

