Las dos economías de Milei

Mientras el Gobierno espera celebrar una desaceleración de la inflación, informes privados alertan sobre un derrumbe del empleo, el consumo y los ingresos. ¿A quién le importa la “macro” ordenada?
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Ilustración: Marcelo Spotti

Por Gladys Stagno | En vísperas de que el INDEC publique el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC), es justo prever que lo que se presume será un festejo para el Gobierno sin duda no reflejará el desasosiego de los bolsillos argentinos.

Sucede que, con el antecedente de un IPC porteño que fue del 2,5% en abril, el número anticipa también una desaceleración a nivel nacional, que en marzo fue del 3,4% y desde su piso mínimo —del 1,5% en mayo de 2025— no dejó de crecer. Si esto ocurre, es fácil asumir que el Gobierno utilizará el dato de abril para anotar un poroto en un tablero que se le fue plagando de malas noticias.

Pero detrás de esa presunta baja empiezan a acumularse señales de agotamiento que difícilmente podrán taparse con una diminuta victoria. En concreto, distintos informes privados alertan sobre un hecho que el Gobierno intenta disimular: la coexistencia de dos economías, una hacia afuera y otra hacia adentro, que van en sentido opuesto.

La micro y la macro

En principio, la brecha entre sectores exportadores dinámicos y un mercado interno en retroceso se vuelve cada vez más grande. En su último estudio titulado ¿Y si sale bien?, el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) plantea que, mientras la actividad agregada se ubica “aproximadamente un 3% por encima del cierre de la gestión anterior”, al excluir el aporte de los sectores primarios exportadores “la economía se encuentra cerca de un 7% por debajo”.

Concretamente, la mejora del frente externo —fogoneado por RIGIs y Súper RIGIs— convive con un deterioro persistente de las condiciones sociales y laborales. Desde noviembre de 2023, señala el CESO, hubo una pérdida de más de 200.000 puestos de empleo registrado privado, mientras la informalidad alcanzó niveles “cercanos al 43% de la población económicamente activa”. A eso se suma “una caída de los ingresos de trabajadores registrados del orden del 8% en términos reales”.

Los sectores más golpeados son precisamente los más vinculados al mercado interno: industria y construcción acumulan una pérdida conjunta de 128.000 puestos desde el inicio del gobierno de Javier Milei, en un contexto atravesado por apertura importadora, apreciación cambiaria y freno de la obra pública. Según acaba de publicar el propio INDEC, en marzo la industria utilizó sólo el 59,8% de su capacidad instalada.

Por su parte, el informe semanal de la consultora Vectorial también advierte sobre una creciente distancia entre la estabilidad financiera y la situación cotidiana de hogares y empresas. “La dinámica económica argentina continúa mostrando una tensión cada vez más evidente entre la percepción favorable de los mercados financieros y el deterioro que exhibe la economía real”, señala el documento.

Uno de los datos más preocupantes aparece en la recaudación tributaria. Según el estudio, abril marcó el “noveno mes consecutivo de caída real” de los ingresos fiscales. Los recursos tributarios totalizaron $17,4 billones, lo que implicó una baja de 4% en términos reales respecto a igual mes del año anterior.

El trabajo agrega que el IVA cayó 3,1% real, un indicador que la consultora define como “el principal termómetro del consumo interno”. A la vez, las provincias registraron una caída de 3,3% real interanual en los recursos transferidos desde Nación, derrumbe que se profundizará cuando se concrete el nuevo recorte de más de $970 mil millones en transferencias y paralización de obras públicas anunciado en el Boletín Oficial esta semana, de cara a seguir asegurando el anhelado déficit cero.

Dicho de otro modo, incluso si el Gobierno lograra recuperar el rumbo de desaceleración inflacionaria, ésta no se traduce —ni se traducirá— en una mejora palpable sobre ingresos, empleo o consumo. Y, a juzgar por las últimas encuestas, ya son cada vez menos los argentinos que tienen esperanza en que suceda. Una muestra cabal de que, al final, con equilibrio fiscal y “la macro ordenada” no bastaba.

Ilustración: Marcelo Spotti