Trabajo sexual en plataformas virtuales: Precarización y acoso detrás del mito de la plata fácil

Por primera vez, un informe indaga en quiénes son y qué problemas enfrentan las personas que, sin ninguna protección legal, se dedican a la venta de contenido digital erótico o sexual. Fue realizado de forma conjunta por el sindicato AMMAR e investigadoras del CONICET.
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Nota publicada originalmente el 15 de junio de 2026

Por Elisa Corzo | La pandemia del COVID-19 fue un antes y un después para el trabajo sexual virtual: el aislamiento y la irrupción masiva de las plataformas digitales fueron el combo perfecto para que esta modalidad creciera de forma vertiginosa. En paralelo a este fenómenos se dio otro: su romantización en los medios de comunicación.

Esto rápidamente fue advertido por AMMAR, el sindicato de trabajadoras y trabajadores sexuales cuya sede central se encuentra en el barrio porteño de Constitución. Desde el gremio veían que la idea de que vender contenido erótico o sexual en páginas como Only Fans era una forma rápida, fácil y hasta “cool” de hacer plata distaba mucho de la realidad.

Con esta inquietud, a fines de 2025, se aliaron con dos investigadoras especializadas en estudios de Género y antropología feminista para indagar con mayor precisión en quiénes son y qué dificultades enfrentan quienes se dedican al trabajo sexual virtual.

Para ello, realizaron entrevistas en profundidad y una encuesta a la que respondieron 252 personas. El trabajo -que da cuenta de que se trata de una labor atravesada fuertemente por la precariedad, la falta de derechos, la violencia digital- fue presentado el jueves 11 de junio en la Cámara de Diputados durante una reunión de la Comisión de Mujeres y Diversidad que preside Gabriela Estévez.

fuente: Latfem

Como explicó Georgina Orellano, titular de AMMAR, en la previa a ese evento: “Argentina no cuenta con ninguna legislación que proteja los derechos de las personas que ejercemos el trabajo sexual. Todo lo contrario, tiene vigente legislaciones como la ley de Trata que equipara la explotación de personas con el trabajo sexual voluntario. Esa misma legislación, vigente del año 2012 a la actualidad, es la que perjudica a las compañeras que ejercen el trabajo sexual virtual, porque muchas de ellas han sufrido allanamientos en sus espacios de trabajo”.

“Mientras en instituciones como estas se trabajan reformas laborales que perjudican a la clase trabajadora, nosotras lo que venimos a plantear es que puedan escuchar y conocer la realidad de estos nuevos sujetos, como somos las trabajadoras sexuales, que merecemos tener derechos laborales”, apuntó en diálogo con Canal Abierto .

Mujeres cis, profesionales y sin hijos

“Yo laburé 10 años, en el Estado (…) una de las razones por las que elegí este laburo es porque yo estoy dentro del espectro autista y tengo muy poca tolerancia a hacer cosas que no me gustan, es muy conflictivo para mí trabajar con jefes, porque si hay algo que no quiero hacer, me recontra cuesta hacerlo, entonces por una parte está sí la parte económica, que la verdad que no me iba para nada bien, además todo lo que son tratamientos de discapacidad son carísimos, y después también estaba que si un día estoy de mal humor, no trabajo”.

Uno de los ejes centrales del estudios realizado por AMMAR junto al Instituto de Investigaciones de Estudios de Género y Instituto de Ciencias Antropológicas fue conocer en detalles a quiénes ejercen el trabajo sexual virtual.

Algunos hallazgos sobresalientes son:

* Que la mayoría son mujeres cisgénero (el 83%), jóvenes (la edad promedio es 31 años, pero el rango es 19 a 50) y sin hijos (76%) ni personas a cargo.

Esto -señala el informe- marca “una importante diferencia con quienes ejercen otras formas de sexo comercial, como el caso de las trabajadoras sexuales presenciales, que suelen ser jefas de hogares monomarentales”.

*Que, en general, son trabajadoras con un nivel educativo medio y alto: la mayoría presenta estudios terciarios y universitarios. De hecho, el 43% se encuentra estudiando en la actualidad y, de esas, casi el 70% en carreras terciarias, universitarias o de posgrado.

* 81 personas habían realizado trabajo sexual presencial (callejero o a domicilio) con anterioridad.

Precarizadas

“Procuro tomarme un mate antes de ponerme a trabajar, pero si ya prendí el celular, ya empecé a trabajar. A veces estoy todo el día trabajando. Siempre tengo cosas: hacer contenido, promocionar, responder mensajes, postear, compartir publicación de otra compañera, aparecer en vivo para que sepan que soy una persona y no una agencia. O hacer publicidad en Snapchat, o responder mensajes por privado, siempre tengo un mensaje atrasado. Te tenés que poner vos un límite”.

El estudio también indaga en la situación laboral y económica de las y los encuestados:

*La mayoría, como pasa en otros sectores, sufren el pluriempleo: el 54% de los y las encuestadas combina la venta de contenido sexual y erótico con otros trabajos, pero el trabajo sexual virtual es la actividad principal en el 62% de los casos.

*El 40% son, además, trabajadoras del sector formal.

*Lejos del estereotipo, la encuesta señala que la mayoría de quienes optan por este trabajo lo hacen por necesidad: el 72%.

Pero este no es el único motivo: “En muchos casos constituye un plus para complementar ingresos provenientes de otros trabajos o un “trampolín” para alcanzar metas personales, y en otros, un trabajo que les gusta y del cual disfrutan, en tanto les permite realizar educación sexual, acompañar a otros a explorar y concretar sus fantasías sexuales, expresarse artísticamente y construir vínculos íntimos con los clientes; y en el cual esperan profesionalizarse y crecer”, afirman las investigadoras en las conclusiones.

*La mayoría (60%) realiza este trabajo 4 horas al día, y hay quienes le dedican hasta 8 o incluso más de 8 horas diarias.

*Los ingresos van de los 100 (el 16%) a los 1000 dólares mensuales (18%). Apenas el 1% logra ingresos de hasta 7000.

“La mayoría, incluso quienes le dedican 8 o más horas al día al Trabajo Sexual Virtual, tienen otro trabajo. El TSV demanda mucho más tiempo que el que suele ser retratado en los artículos periodísticos acerca de “emprendedoras exitosas”, señala el informe sobre un trabajo con alta demanda de habilidades. Entre ellas: el uso de billeteras virtuales, la interacción con los clientes, el uso de redes y plataformas, el uso del idioma inglés, el marketing, el modelaje, conocimientos de fotografía y edición de videos.

Otro dato revelador del informe es que, si bien Only Fans es la más conocida, existen unas 60 plataformas para la venta de contenido sexual, y de muy diversas características y formatos: se usan redes sociales, sitios web, aplicaciones y foros. Entre estas, OnlyFans, Fansly y ManyVids son las más utilizadas para la producción y venta de contenido; LuckyCrush, Stripchat y Chaturbate para el “modelaje webcam”, y Telegram y WhatsApp para mensajería.

Robo, acoso y extorsión

“El otro día leía que a una compañera la acosaba uno con comentarios racistas, lo eliminaba, y el tipo le caía con otra cuenta y la tuvo así como dos horas, tuvo que dejar de trabajar porque el chabón volvía incansablemente y la página no hace nada”.

“Cada tanto hay uno que al mismo networking de 50 pibas le copia y pega el mismo mensaje de pedofilia. Hay muchas compañeras que haciendo un privado en Chaturbate o en uno así, en los que vos abrís la cámara de la otra persona, y han visto situaciones de violencia explícita”.

“(…) Uno una vuelta, yo le pasé mi alias para que me pague la seña de un encuentro y después se puso a googlearme y me dijo mi dirección, y el nombre de mi hijo, y me dijo: sé dónde vivís, sé que cobras en Anses, cuídate porque sos una puta de mierda, y no sé qué. La verdad que estamos expuestas a cada cosa. Abundan un montón los violentitos así. No son poquitos.”

Uno de los apartados más impactantes del informe es el que retrata las situaciones de violencia a la que se ven expuestas quienes ejercen este trabajo, en gran medida -como señalaba Georgina Orellano- producto de la falta de protección legal y la criminalización de la actividad, que además favorece a la estigmatización y el ocultamiento.

Esos problemas también se constataron en la encuesta, donde se registraron muchas situaciones vinculadas a la violencia digital. Entre ellas: el envío de imágenes violentas sin consentimiento -en el 65% de los casos-, los insultos (44%), el acoso (356%) y la filtración de contenido (36%); y en menor medida, estafas (28%), robo de contenido (26), chantaje (14%) y amenazas (13%).

Otros problemas frecuentes se refirieron a cuestiones de índole emocional como burnout, ansiedad o depresión.

Por último, en el trabajo aparecen problemas relacionados con el funcionamiento de las plataformas digitales, como el reembolso de dinero luego de brindar un servicio -en casi el 46% de las encuestadas-, la suspensión de sus cuentas (36%) y la imposibilidad de retirar su dinero (20%).

“Las páginas de afuera se quedan con bastante y es un orto sacar la plata. Hay varias que tenés que usar cripto, hay otras que tenés que ir a otra página y tenés que hacer que te la validen para poder cobrar con esa billetera”

“OnlyFans no te protege de los reembolsos. A veces hay cuentas con tarjetas fantasmas que duran 30 minutos, te compran y después no pagan, entonces OnlyFans no te paga. Fansly sí.”

En este sentido, “un hallazgo importante de este informe-señalan las trabajadoras sexuales y las investigadoras en las conclusiones- es la necesidad de organización, principalmente de tipo sindical. La precariedad laboral, la falta de derechos y herramientas para lidiar y negociar con las plataformas, y la estigmatización se reconocen como importantes problemas que podrían ser abordados desde una organización del sector”.

El informe realizado por Debora Daich (IIEG/CONICET), Estefania Martinozkyj (ICA/ CONICET) y AMMAR puede consultarse acá: