Publicada originalmente el 23 de junio de 2026
Por Gladys Stagno | El superávit fiscal no sólo es el principal trofeo que exhibe el Gobierno de Javier Milei, sino que es el concepto que rige su teoría política. Y ha sido tan celebrado por propios y ajenos que no son pocos los intelectuales “de este lado” que afirman que ya nadie lo discute como condición necesaria de cualquier programa económico.
Pero, como asegura el lingüista estadounidense George Lakoff en su afamado ensayo No pienses en un elefante, en un debate nunca hay que aceptar los términos del adversario. Sobre todo si son mentira. Porque al rascar un poco en los balances del Estado, debajo aparece un rojo cada vez más fluorescente, pero desplazado. Un informe que acaba de publicar la consultora Vectorial asegura que el “el desequilibrio fiscal agregado no desapareció: cambió de jurisdicción”. Más claro: lo que la Nación contabiliza como superávit, se lo ajusta a las provincias, que suman cada vez más déficit.
Cómo funciona el dibujo del déficit
Digámoslo en números. Mientras el Ministerio de Economía de la Nación celebró en mayo un superávit primario de $1,9 billones y un superávit financiero de $478 mil millones, los datos de ejecución presupuestaria provincial mostraron un deterioro acelerado de las cuentas de los distritos.
Según Vectorial, durante 2024 las provincias lograron cerrar el ejercicio con un superávit financiero de $1,4 billones y un superávit primario de $3,6 billones. Pero ese resultado no respondió a una mejora de los ingresos sino a un ajuste extraordinario del gasto, sostenido mediante recortes de obra pública y licuación de partidas presupuestarias.
Además, el equilibrio duró poco. Durante 2025, los ingresos corrientes crecieron apenas 3,3% en términos reales, mientras el gasto corriente avanzó 7,1%, más del doble. Como consecuencia, el superávit económico se redujo 30,7%, el resultado primario volvió a ser negativo con (-$294 mil millones) y el resultado financiero consolidado registró un déficit de $2,78 billones. “La magnitud del deterioro es significativa: entre 2024 y 2025 el resultado financiero consolidado empeoró en más de $4 billones”, detalla Vectorial.
No le alcanza a nadie
En el análisis de la consultora, la recuperación de la recaudación llegó “tarde y débil y no alcanzó para sostener un gasto que apenas empezaba a recomponerse tras el tijeretazo del año previo”. Luego asegura que son las administraciones provinciales las que hoy “absorben buena parte del costo político y fiscal de sostener servicios esenciales como salud, educación y seguridad”.
Pero la principal variable de ajuste volvió a ser la obra pública. El informe detalla que, medido en términos reales, por cada $100 destinados a gasto de capital por la Nación en enero de 2023, en mayo de 2026 se ejecutaban apenas $12. El caso de la provincia de Buenos Aires es el más gráfico. Según Vectorial, el distrito registra un déficit financiero cercano a $3 billones, explicado en buena medida por la reducción de recursos nacionales. Incluso la Ciudad de Buenos Aires, históricamente superavitaria, pasó a mostrar déficit.
La situación es tan acuciante, que incluso gobernadores alineados con la Casa Rosada tuvieron que salir a reclamar asistencia financiera. Es el caso de Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Carlos Sadir (Jujuy) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe), afectadas por la caída de la coparticipación que en el acumulado de los primeros cinco meses del año fue del 2,5% interanual. Las tres provincias consiguieron un alivio a las dificultades que atraviesan con un reciente decreto que les otorga anticipos financieros de hasta $400 mil millones anuales.
Ilustración: Marcelo Spotti

