Noruega: El modelo de país detrás de la selección que eliminó a Brasil del Mundial

Erling Haaland llevó a su seleccionado al primer plano internacional expresando a una nación sostenida en la educación, la salud pública y la igualdad. La presidenta de la Federación Noruega tomó al fútbol como tribuna para defender derechos humanos y desafiar a la FIFA.
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Publicado originalmente el 06/07/2026

Redacción Canal Abierto | La contundente victoria de Noruega sobre Brasil no sólo sorprendió por el resultado. También abrió una pregunta que excede al fútbol: ¿Cómo un país de apenas cinco millones y medio de habitantes logró consolidarse como una potencia deportiva sin resignar uno de los Estados de bienestar más sólidos del planeta?

El fenómeno tiene nombres propios, como el de Erling Haaland, símbolo de una generación que llevó al fútbol noruego a competir de igual a igual con las grandes selecciones. Pero detrás de ese presente hay una historia menos conocida: la de una sociedad que convirtió la inversión pública, la igualdad de oportunidades y el deporte comunitario en políticas de Estado.

Mientras en Argentina (y en buena parte del mundo) se regalan los recursos naturales sin ningún tipo de control y se abandona la búsqueda de un Estado en favor de la igualdad de oportunidades, Noruega destina una porción significativa de su riqueza —alimentada por el fondo soberano construido con la renta petrolera— a garantizar educación gratuita, salud universal, infraestructura deportiva y protección social. El resultado es un índice de desarrollo humano que figura entre los más altos del mundo y una brecha de desigualdad de las más bajas de Europa.

Ese modelo también se refleja en el deporte. Miles de clubes comunitarios, fuerte inversión en la formación infantil y una cultura que prioriza la participación por sobre la competencia temprana explican por qué el país produce atletas de elite en disciplinas tan diversas como el esquí, el atletismo y, cada vez más, el fútbol.

Una federación que también hace política

El crecimiento deportivo coincide con una conducción poco habitual en el escenario internacional. Desde 2022, la Federación Noruega de Fútbol (NFF) es presidida por Lise Klaveness, exfutbolista, abogada y ex jueza, cuya gestión convirtió a la institución en una de las voces más críticas dentro del fútbol mundial. Su intervención durante el Congreso de la FIFA realizado en Doha, pocos meses antes del Mundial de Qatar, marcó un punto de inflexión: “No podemos ignorar que miles de trabajadores migrantes resultaron heridos o murieron en la preparación de este Mundial, La FIFA debe dar ejemplo y garantizar que los derechos humanos estén en el centro de todas sus decisiones”. Klaveness pronunció esas palabras el 31 de marzo de 2022, durante el 72° Congreso de la FIFA, cuestionando las condiciones laborales de los trabajadores migrantes que construyeron la infraestructura mundialista y reclamando mayor transparencia dentro del organismo que gobierna el fútbol internacional. Sus palabras generaron fuertes repercusiones internacionales. Mientras algunos dirigentes las consideraron una ruptura del protocolo, organizaciones como Amnesty International y diversos colectivos vinculados a los derechos laborales las valoraron como un respaldo a reclamos que llevaban años denunciando.

Lejos de quedar en una declaración aislada, Noruega mantuvo desde entonces una política institucional de defensa de los derechos humanos, la igualdad de género y la diversidad, incluso cuando esas posiciones implicaron tensiones con otras federaciones y con la propia FIFA.

Dentro de su federación, la dirigenta impulsó iniciativas para fortalecer el fútbol femenino, ampliar la participación de mujeres en cargos de conducción, combatir la discriminación y garantizar que las decisiones institucionales respondan a criterios de transparencia. Bajo su conducción, profundizó programas de inclusión, desarrollo juvenil y acceso igualitario al deporte, en sintonía con un modelo de Estado que entiende al bienestar colectivo como una inversión y no como un gasto.

Un modelo que excede al deporte

La dirigenta suele sostener que el fútbol no puede pensarse separado de la sociedad que lo produce. Esa idea encuentra respaldo en la propia experiencia noruega: El país figura de manera sistemática entre los primeros puestos de los rankings internacionales en calidad educativa, esperanza de vida, igualdad de género, transparencia institucional y confianza en las instituciones públicas. La educación superior es mayoritariamente gratuita, el sistema sanitario tiene cobertura universal y el Estado mantiene una fuerte presencia en áreas estratégicas sin renunciar al desarrollo de empresas privadas.

En ese contexto, el éxito deportivo aparece más como consecuencia que como objetivo aislado. La aparición de talentos como Haaland o Martin Ødegaard responde a un ecosistema donde el acceso al deporte está garantizado desde la infancia y donde el rendimiento convive con políticas de inclusión.

Mientras muchas federaciones centran su estrategia exclusivamente en el negocio del entretenimiento, Noruega reivindica que el fútbol también puede expresar los valores de una sociedad que prioriza la igualdad, la participación democrática y los derechos humanos. Esa concepción atraviesa desde la formación de futbolistas hasta la conducción institucional, y constituye uno de los rasgos más distintivos del modelo que hoy empieza a llamar la atención del mundo.