Publicado originalmente el 22/07/2026
Por Leo Vázquez | En el libro Esto es Horcas. Osvaldo Civile. Su historia en el heavy metal argentino, Jorge Gabarrón y Luis Ortellado reconstruyen la vida del mítico guitarrista del rock pesado nacional.
A lo largo de 600 páginas y con una meticulosa investigación que incluye 120 entrevistas, fotos inéditas y documentos personales, la biografía se despliega cual novela de una historia que faltaba contar. En realidad, dos: la de la banda y la de su fundador.
No se trata de una semblanza tradicional sino que se lee como un cuento, pero construido a partir de un arduo trabajo periodístico que narra detalladamente la trayectoria de Horcas, el grupo que inauguró el trash en Argentina, creado por el propio Civile tras la ruptura de V8, la primera formación metalera del país.
Desde la vida en el barrio de Villa Raffo hasta su temprana muerte -siempre teñida de versiones y especulaciones-, Civile se convirtió en un personaje mitológico de la cultura nacional, que sin embargo permanece fuera de las vitrinas. Hasta ahora, tal vez…
En esta entrevista, realizada en AM 530 para el programa TDK y para Canal Abierto, Gabarrón, periodista y músico, repasa los orígenes de Horcas, la relación de su líder con otros artistas de la escena local, sus vínculos con otros géneros musicales y anticipa hasta dónde pudieron averiguar sobre su fallecimiento, uno de los capítulos menos precisados del rock argentino.
“Lo interesante es que a través de los años fue cambiando mucho de pensamiento, no fue siempre la misma persona, eso queríamos romper con el libro, que fue mucho más que un músico de heavy”, destaca.
Además adelanta la realización de un documental.

¿Cómo fue el trabajo para el libro?
-Fueron como nueve años, se corrigió hasta el último minuto, una sensación de liberación de todo este material que habíamos estudiado e investigado, y ahora está yendo hacia un documental con material que quedó afuera.
Hicimos 120 entrevistas pero no hay entrevistas en el libro, no hay preguntas y respuestas, es una novela escrita en base a todo lo que recopilamos en esas entrevistas a amigos, músicos, todo lo que haya estado cerca, de los más relevantes hasta el que lo conoció un solo día. No quiere decir que eso haya ido al libro sí o sí. Inclusive si encontraba gente que contaba una anécdota en Facebook me comunicaba y le pedía que me cuente más detalles. Y después todos los músicos de Horcas, los que quedan de V8, los que trabajaron como managers, plomos, sonidistas, ingenieros de grabación y los amigos de Osvaldo del barrio, que lo conocieron de chico.
Le dan mucha importancia a Villa Raffo…
-Sí, no es un lugar, es un personaje en sí en el libro, porque pasa todo ahí, es como una comarca de hobbit de El Señor de los Anillos, un lugar bastante mágico, poco visitado por la literatura, Dolina hizo algunos escritos, porque creció en esa zona, pero a medida que conocíamos a los amigos de Osvaldo nos dimos cuenta que era trascendental poner dos o tres capítulos con muchos detalles de esa localidad.
¿Hay una parte que pertenece a otro libro cuando hablan del barrio?
-El primer párrafo es exactamente el primer párrafo de El Señor de los Anillos, solamente cambiamos la palabra hobbits por heavies, es una manera muy sutil para dar cuenta de que es un libro de una historia épica…
Mucha pertenencia con el barrio…
-Mucha. Antes que él estaba Beto Frontera, que también falleció, que era como el héroe de la guitarra de la zona, había varios. Osvaldo termina siendo uno de esos personajes muy particulares del barrio que no sólo lo conocían, sino que se lo cruzaban: era su lugar en el mundo. Frecuentaba mucho el Club Villa Raffo, iba desde chico y se hizo amigo de los viejos, entonces cuando era grande ya era uno más hace 20 años…
¿Estuvieron en el club?
-Sí, pasamos algunas veces, ahora está distinto pero pudimos ver dónde estaba la barra en la que se sentaba Osvaldo, hablamos con una chica que trabaja ahí que es hija de un blusero que se llamaba Cacho Godoy, que tocaba con Osvaldo.
El blues también tiene que ver con Civile…
-Él era un blusero, le gustaba mucho el rock nacional, escuchaba Yes, música progresiva, mucho Led Zeppelin, y de repente se mete de lleno en el heavy metal con V8 y cambia la historia argentina, desde su lugar, y después con Horcas. Al final de la historia de Horcas empieza como a querer regresar al blues, no es algo que digamos nosotros sino que lo dicen sus amigos y él mismo en una entrevista, estaba empezando a componer de nuevo porque él de joven componía pero después en su etapa heavy dejó de componer y ahí había vuelto a componer, le gustaba el formato canción, pero es una faceta que no pudimos llegar a conocer del todo.
Y su presencia en el escenario…
-Tenía una figura muy imponente, sobre todo para la época, todos coinciden en que fue el primer guitarrista argentino que se veía como los de afuera, entonces los pibes flasheban, y ese carisma y magnetismo los mantuvo a través de los años. Tenía porte, flaco, brazos largos, pelo largo, ojos verdes, era una combinación de muchas cosas, sin duda era muy llamativa su imagen.
¿De donde viene el interés original para hacer el libro?
-Siempre tuve señales en la vida que esto iba a pasar y no me daba cuenta. Como que Horcas y Osvaldo se acercaban a mi vida y yo no tenía nada que ver. Pero después sí, termino haciendo una entrevista a Horcas en el 2012 para una revista que teníamos que se llamaba Dr. Gonzo, ahí me entero de una serie de polémicas alrededor de Osvaldo y de su muerte, la historia de Horcas, las formaciones, el nombre, pero nadie se hacía cargo, había mucho cabo suelto y nadie investigaba. Pasaron cuatro años y me hice cargo pensando que lo iba a terminar en dos años y me metí en un quilombo…

¿Horcas comenzó en Brasil?
-De alguna manera. Por casualidad viajan a Brasil, se pelean allá y se separan, dos por un lado y otros dos por el otro. Osvaldo empieza, ya muy caliente, a formar su banda -no sabía que todos iban a armar su banda, porque sale Hermética, Logos, Rata Blanca después-, pero sí, hay algo del inicio que está en Brasil, porque Osvaldo escucha Metállica por primera vez allá, lo dice él en una entrevista.
Estaba con Gustavo Rowek…
-Al principio sí, después se separan ellos y Rowek termina preso un tiempo, vuelve a Argentina por su cuenta, entonces ni siquiera él sabía qué había pasado con Osvaldo, pero gracias a él nos contactamos con una persona que vivió con Osvaldo allá y pudimos saber bien en qué zona estaban, la dirección exacta del departamento donde vivió.
Encontramos a esta persona, se llama Carlos Campaña y es español, y eras más chico, tenía 22 años, pero tenía su propio departamento, estaba ahí veraneando y lo alberga. Esta persona no se había olvidado nada de Osvaldo. Muchos años después, con la salida de Facebook se entera que ese amigo que tenía en Brasil había tenido una banda, que estaba muerto, no sabía nada de él. Pudimos reconstruir un poco.
¿Qué es para vos Osvaldo Civile?
-Era un bohemio, muy, en un principio fue un hippie, pero después fue el que disfruta de la noche, de las compañías, de la charla, de compartir un vino y de filosofar otras cosas por encima del trabajo, la rutina o los mandatos sociales, era bastante de eso. En el medio fue hippie, rockero, blusero y heavy metal.
Lo interesante es que a través de los años fue cambiando mucho de pensamiento, no fue siempre la misma persona, eso queríamos romper con el libro, que fue mucho más que un músico de heavy.
¿Y para el rock nacional quien fue Civile?
-Se podría decir un poco un eslabón perdido entre Pappo y Giardino. De hecho la única canción que canta Osvaldo en un disco de Horcas, que es “El cetorca”, la canta a un estilo muy Spinetta, una voz aguda, un registro alto. Después tiene toda esa parte más hardrockera, creo que representa algo de eso en el gen argentino, influenció a muchísimos guitarristas, pero un eslabón perdido entre el rock y el heavy podría ser tranquilamente Osvaldo.
Y tocó con ambos…
-¡Sí! Giardino lo respetaba, no es que hayan sido amigos, pero nosotros encontramos tres cartas de puño y letra de Osvaldo del 83, se escribía con un amigo que estaba en la colimba y este amigo las conservó hasta que me las dio para la investigación, están en el libro, él le dice a ese amigo, “escuchá Punto Rojo, no sabes cómo toca ese guitarrista”. Es la banda de Walter anterior a Rata Blanca. Después, siempre alentó a Rata Blanca en diferentes entrevistas y cuando terminan yendo de gira juntos muchos dicen que se paraba al lado del escenario a verlos y decía “cómo toca el flaco”. Había una admiración.
Con Pappo había una admiración previa porque lo escuchaba de chico, aprendió a tocar la guitarra sacando temas de Pappos Blues. Pero cuando lo conoce a Pappo finalmente en V8 pegan onda, Pappo empieza a ir a la casa, empiezan a tocar y esa relación con los años fue creciendo. Después ya cuando Osvaldo vive en La Cripta era muy cerca de la casa de Pappo en Paternal y se veían muy seguido, tuvieron una amistad duradera y tocaron mucho juntos.
La Cripta es la sala de ensayo…
-Sí, legendaria ya, en Villa Santa Rita, tiene muchos años y Osvaldo vivió ahí y gran parte de la historia de Horcas tiene que ver con esa sala.
¿El nombre Horcas nace en Brasil también?
-Esa es una de las tantas historias que tienen varias versiones, yo me decidí por una que me parecía mas razonable, y es que Osvaldo ya viene con el nombre de Brasil, hay hasta una versión de que ya trae hasta el logo, y tiene que ver con la mujer que era su esposa en ese momento, estaban casados, Verónica, le consulté y me contó que hablaban de las horcas para matar a los corruptos.
Cada capítulo empieza con una frase suya. ¿Cómo fue la decisión y la selección?
-Teníamos un exceso de material de Osvaldo de entrevistas que era muy difícil plasmar en el texto, entonces me di cuenta que algunas cosas las podía tirar a esos epígrafes y empezamos a encontrar frases que tenían que ver con los contenidos de los capítulos y así se fue armando.
¿Cómo es reconocido Osvaldo dentro del ambiente de los guitarristas, su perfil técnico musical?
–Queríamos hacer el libro para que el nombre de Osvaldo sea un poco más conocido, porque parece que lo tenían apartado, nunca fue tan conocido su nombre como el de Mollo, como el de Pappo, como el de Skay, siempre me resultó difícil explicar sobre quién estaba haciendo el libro. Es considerado un muy buen guitarrista, tuvo mucho oficio, sabía dar clases, sabía tocar de oído, era el menos amateur de los V8, lo que pasa es que era alcohólico, se vuelve cada vez mas anárquico, consigo mismo, con su vida, con su guitarra y en una época en la que no trabajaba, no tenia plata, se le rompían las cuerdas y él tocaba fuerte, pero así y todo se destacaba bastante dentro de la escena.

¿El hecho de haber enfocado el libro en Horcas fue una decisión previa o la investigación te fue llevando?
-No, eso fue una decisión previa, porque llegué al tema a través de Horcas y veo sus diferentes formaciones, me di cuenta que faltaban biografías, les encanta repetir de Silvio Salerno, Marcelo “Dogo”, Walter Jelenic, de las primeras épocas, pero nadie sabe dónde nació cada persona, no saben nada, queríamos darle una biografía real a Horcas y es apasionante, es un reflejo de la vida de Osvaldo, de su caos, que lo traslada a la banda, termina formando varias bandas porque toda la primera época de Horcas son como ocho integrantes diferentes. En un mundo como el del heavy metal, que era chico, está bueno poder contar las diferentes relaciones porque se conocían todos con todos.
Tenía problemas con las drogas al principio también, era una época que los músicos se picaban, se inyectaban, y pasó por todo tipo de situaciones y hay algo que dice Rowek que es “Osvaldo se quemó muy rápido”, hubo un cambio de personalidad, fue hacia el extremo de ser, a veces, hasta el mas alcohólico, competía muy infantilmente. Pasaron los años y el problema se fue agravando, después contamos parte de su intento de recuperarse, pero es una época en la que no solo él era alcohólico.
También hablan de Beto Zamarbide, que se unió al Coro de la Manzana de las Luces…
-Nos contó bien cómo hizo esa primera guitarra de Osvaldo, en realidad la hace Tucata Suárez, que era el profesor de luthería de Beto, pero Beto rescata unas maderas originales del techo de la Manzana de las Luces, curupay, que se usa mucho, no se prende fuego, hicieron tres guitarras y una fue para Osvaldo. Ahora está en córdoba, la tiene su ahijada.
El capítulo de la muerte de Osvaldo siempre estuvo cubierto de sospechas y zonas grises, ¿qué descubrieron ahí?
-Descubrimos todo lo que se podía descubrir, llegamos más lejos que nadie, porque la Justicia nunca iba a hacer nada ni le interesaba, la familia tampoco hizo demasiado porque ningún abogado iba a saber qué hacer con el caso de Osvaldo, que era preguntar, hablar con la gente que lo conoció, yo siempre digo que si quieren entender la muerte de Osvaldo primero entiendan la vida. No son los mismos parámetros que los de una vida normal. Lo que hicimos fue ir más lejos, había gente que pensaba que lo mataron pero no le preguntaba a la gente que estaba cerca de Osvaldo, por ejemplo su banda.
Y con las redes sociales eso se magnificó. Yo encontré diez teorías diferentes de la muerte de Osvaldo, entonces al menos nueve son mentira. Y si nueve los son, pueden serlo las diez también.
Nosotros recopilamos todas las pruebas para descartar las que no pasaron, y despejando quedan muy pocas variables. No tenemos porque resolverlo, no somos jueces ni policías, pero para darte un ejemplo que se entienda, pequeño spoiler, durante años se dijo que lo mató el comisario que era padre de la novia, porque él le pegaba, pero ella no tenia padre, nunca tuvo suegro.
Tratamos de ponerle seriedad, ordenar las horas previas, lo recopilamos y pusimos una teoría que pensamos puede haber pasado, que en definitiva no es lo importante, lo importante es la vida de Osvaldo.
Durante años se dijo que lo mató la señora. La señora era una novia de 25 años, salieron desde los 19 hasta los 25, una chica de Rawson, yo he escuchado desde que era ultra drogadicta hasta que murió de sida, que salía con un policía, que estaba perdida y nadie la podía encontrar, pero resulta que estaba en el barrio, a diez cuadras, me recibió en la casa y la pude entrevistar, se despejaron algunas dudas.
Hay un montón de dibujos, y láminas y fotos, ¿cómo recolectaron eso?
-Fernando Serani, “Blakie”, fotógrafo, las fotos de tapa y contratapa son de él. El libro habla del día que sacaron esas fotos en La Cripta. Algunas otras conseguimos de archivo, fotos personales de miembros de Horcas, de amigos del barrio y dibujos de Lucio Vieira, un amigo de Osvaldo que lo conoció en el año 70, dibujante. Y fotos de Andrés Violante.
En Halley Pappo festeja su cumpleaños 42, 20 años de carrera y ahí fue cuando lo invitó a Osvaldo…
-Sí, tenemos el video de eso, estaba como loco Osvaldo, ahí es cuando le vuelve a picar el bichito del blues, con esa invitación a esos tres temas, le vuelve a llamar la atención esto de zapar y empieza a escaparse con Pappo y con el Conejo Jolivet, se escapaban al Roxy viejo a zapar, hablé con el Conejo…
También hay una anécdota que es muy loca, se supone que es en el año 94, estuvieron en Telefe, en un especial por el Día de la Madre, fueron con Pappo que tocó “Mi vieja”, y era un programa con Cris Morena, Ricardo Darín y fueron con Osvaldo, que estaba enyesado y no pudo tocar, hizo coros, se supone que eso salió al aire, pero no lo pudimos encontrar.
En un momento un periodista le pregunta sobre su salud, y él responde: “Lo que pasa es que hay gente cansada de que le coja a sus mujeres y andan batiendo que estoy sidoso, para que tenga miedo, pero a mí no me importa y les digo a esos giles que yo regalo vida, y si quieren, que me vengan a buscar”…
-Es una de las más polémicas, es la primera que aparece en el libro, porque regalaba vida, vos lo conocías y de repente terminabas teniendo una carrera de músico, de plomo, o te tiraba un consejo que te cambiaba la vida.
Así muchos fueron plomos o terminaron aprendiendo un oficio cerca de la banda…
-Y mirá, Fabián Ponce, que fue el primer plomo de Horcas, que los acompañó varios años, hoy trabaja en la industria de la música, hace manager, está en la organización de recitales; después Emiliano Jeréz, que fue el asistente de Osvaldo desde el año 94, hoy tiene una prodcutora en México, y así con otros…
¿Hicieron una canción para el libro?
-Sí, un homenaje, nació gracias a Santi Martínez, guitarrista de El Kuelgue, con Javier Rubio, baterista de Malón, hijo de Gustavo Rubio, el mejor amigo de Osvaldo, y otros amigos. Grabamos una versión de “El cetorca”, que es un tema incompleto, o sea tiene una sola estrofa que canta Osvaldo y nada más, nosotros hicimos una versión larga, con un solo de teclado, uno de guitarra, una intro. El tema ya salió, está en las plataformas. Esta acompañado por un video de imágenes inéditas.
Hay mucha sensibilidad sobre el “Horcas original” y los que siguieron, los “verdaderos” y los “falsos”, etc…
-A mí me gustan todas, pero con Horcas siempre es todo dramático. Hay una cuestión: Osvaldo cuando reestructuró la banda y ya no quedaba ningún miembro original más que él, ¡le volvió a poner Horcas! Se solucionaba cambiándole el nombre, pero hubo una banda que se hizo cargo de ese nombre y otra que no, y están los fans en el medio. Nadie se hizo cargo del nombre, Osvaldo nunca lo registró, cuando le dijeron vamos a registrarlo mandó a otra persona, a Roberto Ávalos, el dueño de La Cripta. Ya de movida el renunció al nombre.
Cuando se murió pasó al padre de Osvaldo, luego a una señora hasta que se venció, y ahí lo registró Horcas, pero lo podría haber registrado cualquiera, además que Horcas sin tener la propiedad del nombre sacó discos durante años. La familia de Osvaldo, el hermano y los sobrinos y la hermana, no se oponen a que Horcas exista, ni le piden dinero ni esperan nada. Y Horcas hace 40 años que está sonando, así que lo demás es indiferente.
Esto es Horcas. Osvaldo Civile se consigue en la web de Serial Editorial. Presentaciones y más info en @librodeosvaldocivile
Entrevista realizada en AM 530 Somos Radio por Silvio Soler, productor y conductor del programa TDK, y por Leo Vázquez de Canal Abierto.

