Florencia Basso Craig y Víctor Dabove exponen sus recorridos por la pintura

Las muestras “El mismo viaje de siempre” y “Contrapunto” se pueden visitar hasta el 13 de septiembre en Espacio Peces.
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Basso Craig / Dabove
Basso Craig / Dabove

Por Inés Hayes | Espacio Peces (Santa Elena 442, Barracas, CABA) presenta dos muestras de pintura. Se trata de El mismo viaje de siempre, de Florencia Basso Craig, y Contrapunto, de Víctor Dabove. Se pueden ver los viernes, sábados y domingos de 15 a 19, hasta el domingo 13 de septiembre.

El mismo viaje de siempre

Con curaduría de Sergio Cruz y texto de Jorge Raffetto, y luego de Valija de muñecas, Florencia Basso Craig presenta un conjunto de pinturas en el que los cuerpos parecen entrar y salir de la imagen. Las formas ya no terminan de fijarse y la escena queda atravesada por una sensación de suspensión, como si algo estuviera todavía por aparecer o por desaparecer.

El cambio, sin embargo, no es planteado por la artista como una ruptura. “Mi metamorfosis es parte del viaje”, dice Basso Craig. Por eso decidió incluir en la exposición una obra de gran formato perteneciente a la serie anterior: más que funcionar como una cita del pasado, la pieza permite ver una continuidad. Aquella pintura sostenida por lo inquietante ya comenzaba, según la artista, una búsqueda hacia lo enigmático.

Ese movimiento también está contenido en el título. “El mismo viaje de siempre” habla de algo que vuelve, aunque nunca de manera idéntica. “El viaje de mi pintura es un viaje de amor a la pintura y el amor es siempre en esencia el mismo. Cambia el color, la forma, pero jamás el deseo de pintar”, explica.

En las obras recientes, el negro ocupa un lugar decisivo. No aparece sólo como fondo sino como una densidad que organiza la imagen, altera los contornos y hace que las figuras surjan casi como apariciones. Florencia lo define como una “presencia pura para destacar sólo lo que merece ser mirado”. En esa oscuridad busca construir intimidad y profundidad, pero también una tensión: la figura se sostiene en el límite de su propia disolución.

La materia y el azar completan ese procedimiento. La pintora y profesora de Bellas Artes trabaja sin pensar la superficie como un soporte pasivo ni la composición como un programa completamente cerrado. El accidente forma parte de la pintura, aunque siempre acompañado por la observación y la insistencia. La artista se detiene, mira y espera hasta reconocer dónde terminar y qué conviene dejar abierto. Así, algunas zonas permanecen deliberadamente inacabadas y permiten que la imagen vuelva a organizarse con cada mirada.

En El mismo viaje de siempre, ese estado de inestabilidad no conduce a la pérdida de la figura sino a otra forma de presencia. Los cuerpos se construyen en el mismo movimiento en que parecen desmaterializarse, y el viaje al que alude el título se vuelve también una manera de nombrar la continuidad de la pintura: aquello que insiste, cambia y vuelve a empezar.

Contrapunto (con curaduría de Sonia González)

Antes de subir las escaleras que conducen a la Sala Azul, una obra funciona como umbral de Contrapunto. Se trata de Lo que vendrá, un autorretrato de 2020 en el que el reconocido músico y artista plástico Víctor Dabove aparece perforando un pergamino. La escena, de fuerte tenebrismo, abre la superficie y deja ver una estructura de celdas donde se ven una calavera y cuerpos antropomorfos. Fragmentos, figuras e imágenes parecen permanecer, transformarse y volver a aparecer.

La obra anticipa el repertorio visual que luego se despliega en la sala. El título de la exposición toma un término de la música: el contrapunto combina líneas melódicas que conservan su autonomía y, al mismo tiempo, construyen relaciones entre sí. En la muestra, la idea funciona para pensar el encuentro entre distintos tiempos, referencias y modos de representación.

Una de las paredes reúne retratos realizados en diálogo con Hans Holbein. Las personas representadas, sin embargo, pertenecen al presente del artista: familiares, amigos y personas de su entorno. La precisión del dibujo, las veladuras, el tratamiento de las superficies y la construcción de la luz recuperan recursos de la tradición pictórica para volver a mirar imágenes contemporáneas.

Frente a esos retratos aparece El dilema de los juristas, de 1997, una obra que por su composición y tratamiento pictórico dialoga con la pintura de los siglos XVII y XVIII. El contrapunto se produce entonces también dentro del espacio: escalas, detalles, planos, luces y sombras modifican la percepción de las obras que tienen alrededor. No hay una sola dirección de lectura; las imágenes mantienen su singularidad y a la vez empiezan a resonar entre sí.

La música ingresa explícitamente a ese universo con Homenaje a Rossini. El vínculo no es exterior a la trayectoria de Dabove: estudió violín desde los once años y esa formación acompaña su trabajo. También hay una historia personal en la curaduría: Dabove fue durante años profesor de pintura de Sonia Denise González. El reencuentro se produce ahora desde otros lugares, como artista y curadora dentro de una misma exposición.

Cuando el contrapunto salió de la pintura

Durante la inauguración, esa relación entre lenguajes dejó de estar contenida solamente en las obras. Víctor Dabove tomó el violín y la dimensión musical sugerida por la muestra ocupó el espacio. A la intervención se sumó Elena Deanna, profesora de Música con orientación en canto y Licenciada en Artes por la Universidad de Buenos Aires.

Deanna interpretó “O mio babbino caro”, de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini, y abrió luego junto a Dabove un espacio de improvisación. En una segunda parte cantó el célebre brindis de “La Traviata”, de Giuseppe Verdi, para volver a encontrarse con el violín en otra improvisación.

La escena hizo audible una idea que ya estaba en la exposición. La música no apareció como acompañamiento sino como otra voz del mismo recorrido: pintura, violín y canto convivieron sin perder su autonomía. Lo que en las obras se construye mediante técnicas, referencias, tiempos e imágenes, adquirió por un momento también una dimensión sonora.