“Desobediente”, el mandato de romper la herencia del horror

El documental del Federico Coringrato y Martín Vergara refleja la historia de las hijas de genocidas que denuncian los crímenes de sus padres. De la ruptura con el pacto de silencio familiar a la proyección internacional.
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Redacción Canal Abierto | Hoy se estrena “Desobediente”, el documental dirigido por Federico Coringrato y Martín Vergara que retrata la historia del colectivo Historias Desobedientes: una agrupación inédita de familiares de genocidas de la última dictadura militar argentina que tomaron la decisión histórica de romper el mandato filial, repudiar públicamente los crímenes de lesa humanidad perpetrados por sus propios padres y sumarse activamente a las luchas por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

A través de un minucioso trabajo de registro y seguimiento que se extendió durante varios años, la película se adentra en las entrañas de un conflicto que descompagina el sentido tradicional de la lealtad familiar para situar a la ética por encima de la sangre. La pieza articula preguntas incómodas e ineludibles sobre qué ocurre cuando una persona descubre que el padre amoroso de su infancia fue, en realidad, un ejecutor del terrorismo de Estado, y cómo se reconstruye la propia identidad cuando el apellido familiar arrastra semejante peso histórico.

“Cuando estábamos con Martín Vergara terminando las proyecciones de nuestro documental anterior, Octubre 23, empezó a circular con más fuerza la aparición de estas historias de hijas de genocidas que repudiaban los crímenes de sus padres y marchaban por memoria, verdad y justicia”, recuerda Coringrato en diálogo con Canal Abierto sobre la génesis del proyecto. Y agrega: “Nos pareció algo muy potente que hablaba de la historia argentina desde la actualidad. Sentíamos que era una pata de las luchas de los derechos humanos que nadie esperaba: que desde el propio seno familiar se condenen esos crímenes”.

Aunque el trabajo audiovisual recoge múltiples voces y testimonios, la estructura narrativa toma como hilo conductor la vida y experiencia de Analía Kalinec. Su caso resulta profundamente emblemático dentro del campo de los derechos humanos en la Argentina: tras enterarse de la actuación de su padre —Eduardo Emilio Kalinec, excomisario de la Policía Federal condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad en los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo—, Analía decidió no callar. La respuesta de su entorno familiar fue fulminante: terminó demandada civilmente por su propio padre y dos de sus hermanas en un juicio que buscaba declararla formalmente “indigna» para desheredarla.

Al respecto, el realizador aclara el porqué de esta elección narrativa: “En un principio íbamos a hacer un relato mayormente coral, pero decidimos que a nivel guión era mucho mejor tomar un caso para profundizar y usar esa historia como nexo para mostrar las otras. El caso de Analía era muy simbólico: que una persona juzgada por crímenes de lesa humanidad pretenda declarar ‘indigna’ a su hija resulta insólito; no sé desde qué lugar el padre sintió que tenía más autoridad ética y moral para cuestionar la postura de ella”.

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El documental también traza un revelador recorrido sobre el proceso de gestación y colectivización de esta lucha. El punto de partida se remonta a las marchas masivas del Ni Una Menos, espacio donde las primeras integrantes —en su abrumadora mayoría mujeres— encontraron en el movimiento feminista la contención política y afectiva necesaria para alzar la voz por primera vez. Ese camino culmina en la masividad de la marcha del 24 de marzo en la Plaza de Mayo, inscribiendo de manera definitiva la voz de estas hijas e hijos codo a codo con los organismos de derechos humanos.

“Que hayan marchado por primera vez un 3 de junio en Ni Una Menos no es casual: la mayoría eran mujeres y encontraron una calle feminista que las abrazaba”, explica Coringrato. “Y que culmine un 24 de marzo intenta reflejar el valor simbólico tan potente que tienen esas marchas en la Argentina. Es algo que no tiene comparación en ningún lugar del mundo. Nos parecía importantísimo mostrar que la historia de los desobedientes es una masa más dentro del gran motor de luchas por los derechos humanos en nuestro país”, expone el documentalista.

Uno de los aciertos más destacados de la investigación radica en demostrar que el imperativo de desobedecer frente a los crímenes de Estado no conoce fronteras geográficas ni culturales. La película documenta cómo la experiencia argentina resonó en la región con el surgimiento de colectivos hermanos en Chile, Uruguay y Paraguay, al tiempo que cruzó el océano para conectar con el testimonio de Loreto Urraca (nieta de un represor franquista en España) y relatos de hijas y nietas de perpetradores del régimen nazi en Alemania.

“La idea de la película es no quedarse solo con el plano sudamericano, sino reflejar lo universal de esta problemática: donde hubo terrorismo de Estado, seguramente habrá familiares dispuestos a repudiar los crímenes que cometieron sus antepasados”, sintetiza el director.

Detrás de este retrato sobre la dignidad y la reconstrucción de la memoria colectiva se consolidó la mirada de Coringrato y Vergara para convertir esta postura ética inquebrantable en una herramienta cinematográfica contundente contra la impunidad y el negacionismo.

“Estas hijas e hijos le están exigiendo a sus familiares que den detalles sobre los crímenes que cometieron, que den información sobre el destino de los desaparecidos y los bebés apropiados, que pidan perdón y reconozcan sus actos. Eso es de una vigencia enorme”, remarca Coringrato.

“En un contexto donde reaparecen discursos negacionistas desde el propio gobierno y ante la proximidad de los 50 años del golpe, que llegue esta película es aportar una herramienta clave para despertar conciencia y seguir construyendo memoria, verdad y justicia”, afirma el realizador.

Tras su estreno oficial este 17 de septiembre (función que ya tiene toda su capacidad agotada), la película tendrá su próxima función el 24 de septiembre en Sala Norita, continuando luego su recorrido en el Cine Gaumont (16 y 23 de octubre), además de formar parte de las programaciones oficiales del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.