Redacción Canal Abierto | “Vivimos las consecuencias de un plan económico que sólo prioriza el pago del endeudamiento externo. Consecuencia que se expresa en niveles crecientes de desempleo y marginalidad, en la postergación de los jubilados, en el remate a precio vil del patrimonio estatal, en la desintegración del espacio nacional, en el deterioro de la salud popular, en la afirmación de un modelo educacional excluyente, en una inserción subordinada al interés norteamericano en el contexto mundial”. Este párrafo, de una pasmosa actualidad, fue escrito el 17 de diciembre de 1991 y rubricado por más de 100 dirigentes y activistas gremiales reunidos en Burzaco, provincia de Buenos Aires, en el camping del SAON (Sindicato Argentino de Obreros Navales).
Así comienza la declaración, luego llamada del “Grito de Burzaco”, que marcó la voluntad de dar forma a una organización sindical de nuevo tipo.
En noviembre del año siguiente la propuesta se concretó en el Parque Sarmiento de la ciudad de Buenos Aires con la realización de un encuentro nacional con la presencia de más de 2.000 delegados de todo el país que dieron nacimiento al Congreso de Trabajadores Argentino (CTA) y dieron una conmovedora despedida en vida a Germán Abdala, referente de ATE y diputado nacional, presente en el acto, que falleció pocos meses más tarde.

Luego vinieron el millón de firmas por los jubilados, la Marcha Federal de julio de 1994 -con columnas que partieron desde La Quiaca, Ushuaia, Mendoza, Formosa y la Patagonia para confluir en Plaza de Mayo-, las primeras elecciones internas y la convocatoria a un multitudinario Congreso Nacional en el Luna Park que daría pie a la Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina (CTA), encabezada por el dirigente de los estatales Víctor De Gennaro (ATE) y la docentes Marta Maffei (CTERA).

El documento final, aprobado por más de 5.000 compañeros y compañeras, señalaba la necesidad de “organizar la fuerza propia y la unidad del movimiento obrero” bajo el lema “Por una Argentina para todos”.
Un año después, mediante la Resolución Nº 325/97 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se aprobaba la inscripción gremial de la nueva Central que rompía con décadas de Unicato Sindical.

Se cumplen 30 años en los que la central con sus avatares, divisiones y en camino de reunificación de sus dos vertientes -la Autónoma y de los Trabajadores- es protagonista de la vida política y gremial de nuestro país. Como se esbozó en Burzaco y se concretó en el Luna Park, tres décadas de “Autonomía sindical con respecto al Estado, los patrones y los partidos políticos; democracia sindical, rechazando las estériles divisiones y el sectarismo; apertura a otras organizaciones sociales que expresen las múltiples demandas de los sectores populares; y revalorización de la ética gremial atacando la corrupción y el pseudo pragmatismo con el que las dirigencias caducas terminan legitimando el ajuste”.

