periodismo2
Canal Abierto
  • Secciones
    • Ambiente
    • Cultura
      • Música
        • Rock
      • Cine
        • Documental
      • Teatro
      • Literatura
    • Deportes
      • EL PELO DEL HUEVO
    • Derechos Humanos
      • Violencia institucional
    • Educación
    • Género
      • Disidencias
      • Identidad de Género
      • Violencia de Genero
    • Medios
    • Política
      • Economía
        • Economía social
      • Elecciones
      • Soberanía
    • Internacionales
      • Latinoamérica
        • Bolivia
        • Brasil
        • Colombia
        • Cuba
        • Chile
        • Ecuador
        • Mexico
        • Nicaragua
        • Paraguay
        • Perú
        • Uruguay
        • Venezuela
      • Medio Oriente
      • Europa
        • Alemania
        • España
        • Francia
    • Provincias
      • Córdoba
      • Chubut
      • Entre Rios
      • Formosa
      • Jujuy
      • Misiones
      • Río Negro
      • Salta
      • San Juan
      • Santa Cruz
      • Santa Fe
      • Santiago del Estero
      • Tierra del Fuego
    • Pueblos originarios
    • Trabajadores
  • RADIO
  • Videos
    • Documentales
    • Crónicas
    • Entrevistas
    • Noticias en 1 minuto
    • Informe Abierto
    • Pensando la cosa
  • Podcasts
  • Especiales
    • Música: Ciclo de hip hop La Clase
    • Pensando la cosa
    • Hidrovía Paraguay – Paraná
    • Serie web: «Tierra para quien la trabaja – Alimentos para el pueblo»
    • 24Nora – Documental
    • Derechos Humanos y Movimiento Obrero
    • En directo
    • Fotogalerías
    • Informes
    • Fractura Extrema – Fracking sobre Vaca Muerta
  • Nuestras Voces
Font ResizerAa
Canal AbiertoCanal Abierto
  • Actualidad
  • Economía
  • Trabajadores
  • Política
  • Derechos Humanos
  • Salud
  • Género
  • Judiciales
  • Fotogalerías
  • Hipótesis
BUSCAR
  • Actualidad
  • Economía
  • Trabajadores
  • Política
  • Derechos Humanos
  • Salud
  • Género
  • Judiciales
  • Fotogalerías
  • Hipótesis
Redes
Canal Abierto - Periodismo de este lado
Internacionales

Estados Unidos: dos siglos de obsesión imperial con Cuba

Donald Trump declaró a la nación caribeña una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Norteamérica y definió imponer sanciones a cualquier país que suministre petróleo a la isla. Aquí, una cronología de las ansias de Washington por apropiarse de Cuba.
Publicado 30/01/2026 23 minutos para leer
Compartir
Ilustración: Marcelo Spotti
Ilustración: Marcelo Spotti
Compartir

Por Mariano Vázquez | El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva declarando a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos e impondrá sanciones a cualquier país que suministre petróleo a la isla. Desde antes incluso de la formulación de la Doctrina Monroe, Washington ha intentado apropiarse de Cuba: esta es la historia.

El congresista republicano Carlos Giménez, uno de los más conspicuos “gusanos” de Miami, celebró el nuevo dislate de Trump mostrando la carestía total de humanidad: “No petróleo, no viajes, no oxígeno”.

🚨NO PETRÓLEO

NO VIAJES

NO OXIGENO

Ha llegado la hora de ponerle un PARE a la dictadura asesina en #Cuba y estamos trabajando conjuntamente a nivel federal, estatal y municipal para eliminarle todo el flujo de dinero al régimen castrocomunista. #ElCambioEsYa 🇨🇺🤝🇺🇸 pic.twitter.com/qhMvmXYIyA

— Rep. Carlos A. Gimenez (@RepCarlos) January 29, 2026

Giménez, uno de los principales impulsores —junto al secretario de Estado Marco Rubio— de la política de asfixia contra Cuba, no trepidó en pedir “que se mate de hambre” al país. En tanto, Trump aseguró: “Creo que Cuba no podrá sobrevivir”.

Estados Unidos, un país de más de 350 millones de habitantes, la principal potencia militar y económica del planeta, que ha invadido, saqueado e intimidado a decenas de países durante más de 200 años, declaró este jueves una “emergencia nacional” argumentando que las políticas, acciones y prácticas de Cuba —una nación de 11 millones de habitantes, bloqueada desde hace más de seis décadas y perjudicada en más de 150.000 millones de dólares por el acto unilateral e ilegal de Washington— representan “una amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional y política exterior.

Según la orden ejecutiva publicada ayer por la Casa Blanca, el gobierno cubano “proporciona apoyo a numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversos a los Estados Unidos, incluido el Gobierno de la Federación de Rusia (Rusia), la República Popular China (PRC), el Gobierno de Irán, Hamas y Hezbollah”.

El texto invoca leyes estadounidenses que habilitan a Trump a actuar ante “amenazas externas”, como la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), que autoriza regulaciones económicas tras declarar una emergencia por amenazas extranjeras, y la National Emergencies Act (NEA), que regula las emergencias nacionales declaradas por el Ejecutivo.

Para enfrentar la supuesta amenaza, la orden establece un sistema de aranceles que permite imponer derechos de aduana adicionales a productos importados a Estados Unidos provenientes de países que vendan o suministren petróleo, directa o indirectamente, a Cuba. El Departamento de Comercio identificará a esos países, mientras que el Departamento de Estado, junto con otras agencias, recomendará los aranceles correspondientes.

La medida busca presionar a terceros países que mantienen relaciones energéticas con Cuba y, de ese modo, afectar la capacidad del gobierno cubano de acceder a combustibles.

El presidente Miguel Díaz-Canel respondió:

“Bajo un pretexto mendaz y vacío de argumentos, vendido por quienes hacen política y se enriquecen a costa del sufrimiento de nuestro pueblo, el presidente Trump pretende asfixiar la economía cubana imponiendo aranceles a países que soberanamente comercien petróleo con Cuba. ¿Acaso no decían el secretario de Estado y sus arlequines que el bloqueo no existía? ¿Dónde están los que aburren con sus falsas historias de que es un simple ‘embargo en el comercio bilateral’? Esta nueva medida evidencia la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales”.

Bajo un pretexto mendaz y vacío de argumentos, vendido por quienes hacen política y se enriquecen a costa del sufrimiento de nuestro pueblo, el Presidente Trump pretende asfixiar la economía cubana imponiendo aranceles a países que soberanamente comercien petróleo con #Cuba.

1/3

— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) January 30, 2026

Esta escalada de agresiones tiene como antecedente cercano la publicación, el 4 de diciembre pasado, de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que entierra el orden mundial basado en reglas para reemplazarlo por otro sustentado en lo que el mismo Trump admitió como “su propia moralidad”, de la cual carece.  

Otra novedad es que América Latina y el Caribe reaparecen con fuerza en la retórica de Washington: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región”.

El 2 de diciembre de 1823, el tercer presidente de los Estados Unidos, James Monroe (1817-1825) afirmaba: “Como un principio que afecta a los derechos e intereses de los Estados Unidos, los continentes americanos […] no deben en adelante ser considerados como objetos de una colonización futura por ninguna potencia europea […] como una manifestación de una disposición no amistosa hacia Estados Unidos”.

La megalomanía del oligarca de los bienes raíces no podía quedar fuera, y su nombre queda asentado en el inicio de esta nueva era: “Este Corolario Trump es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, coherentes con los intereses de seguridad de Estados Unidos. Nuestros objetivos para el hemisferio occidental se pueden resumir en `alistar y expandir´”.

Estados Unidos se arroga el uso unilateral de la fuerza militar, mostrando, como en Venezuela, que la palabra soberanía ha caducado y que todos países de América Latina y el Caribe quedan sometidos a los caprichos de Trump. Y Cuba no podía estar ajena a este festín de piratería.

Historia de una compulsión anexionista

El tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson (1801-1809), había expresado en 1786, que la entonces Unión Americana sería el “nido” del continente, estableciendo así la temprana apetencia expansionista de la flamante Unión norteamericana. “Nuestra confederación ha de ser considerada como el nido de la cual partirán los polluelos destinados a poblar América, el peligro actual no radica en el hecho de que España sea la dueña de extensas posesiones americana, sino que en su debilidad permita que caigan en otras manos, antes de que seamos lo suficientemente fuertes para arrebatárselo parte por parte”. La elocuencia de Jefferson demuestra la profundidad de las raíces imperialistas en la clase dirigente de la naciente república.

En 1807, ya como mandatario, Jefferson, le escribió a su sucesor James Madison (1809-1817) dejando en claro que los objetivos expansionistas no debían culminar con la compra de Luisiana de Francia (1803): “En el desarrollo de los acontecimientos no hay nada que desee más que ver la bandera de mi país ondear en el Castillo del Morro. Cuba es la boca real del Mississippi, y la nación que la posea, en un día futuro, posiblemente pueda dominar la región occidental […] Lo único que en ese caso nos faltaría para completar el imperio más vasto que jamás se vio en el mundo sería incluir en nuestra Confederación el país que tenemos al norte [Canadá]”.

El 1º de abril de 1812, el ministro plenipotenciario de España en Washington, Luis de Onís, en una carta reservada a su gobierno, analizó esta situación, presagió los apetitos expansionistas de Estados Unidos e informó de la existencia en la Secretaría de Estado de mapas que incluían a Cuba como propia. Escribió: “Este gobierno se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la embocadura del Río Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 31, y desde allí tirando una línea recta hasta el mar Pacífico, tomándose, por consiguiente, las provincias de Texas, Nueva Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de la provincia de Nueva Vizcaya y la de Sonora. Parecerá un delirio ese proyecto a toda persona sensata; pero no es menos seguro que el proyecto existe y que se ha levantado un plano de estas provincias por orden del Gobierno, incluyendo también en dichos límites la isla de Cuba como una pertenencia natural de esta República. Los medios que se adoptan para preparar la ejecución de este plan son los mismos que Bonaparte y la República romana adoptaron para todas sus conquistas: la seducción, la intriga, los emisarios, sembrar y alimentar sediciones, favorecer la guerra civil y dar auxilio en armas y municiones a los insurgentes”.

También John Quincy Adams, futuro presidente (1825-1829), secretario de Estado entre 1817 y 1825 y autor de la Doctrina Monroe, compartía con Hugh Nelson, embajador de Estados Unidos en España, la tesis de la “gravitación política” o del “fruto maduro”, según la cual: “Los intereses de América y de Cuba son de tal modo semejantes, sus relaciones geográficas, comerciales, morales y políticas son a tal punto conexas que, teniendo en cuenta lo que viene pasando en el mundo en el medio siglo último, no podemos dejar de ver que la anexión de Cuba a los Estados Unidos se impone como una medida indispensable a la seguridad de nuestro país. Hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física. Y así como una manzana separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer al suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar hacia la Unión norteamericana”.

Inspirado en las enseñanzas de Francisco de Miranda, Simón Bolívar pretendía liberar Cuba y Puerto Rico. La respuesta de Quincy Adams fue tan gráfica como brutal: “La Doctrina Monroe no debe interpretarse como una autorización a los débiles para ser insolentes con los fuertes”. Cuba sería estadounidense o no sería nada. Como lo demostraría la historia, Washington utilizaría cualquier medio para alcanzar ese objetivo. El triunfo de la Revolución en enero de 1959 lo confirmaría: terrorismo, invasiones mercenarias, bloqueos económicos, intentos de magnicidio, contrarrevoluciones artificiales.

Paralelamente a sus apetencias sobre el futuro canal que se construiría en Panamá, en abril de 1898 Estados Unidos invadió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Ese mismo año anexionó las islas Hawái, que durante los 600 años previos habían sido un reino polinesio libre. Así, la ley de gravitación de Quincy Adams se extendió también hasta el Pacífico occidental.

José Martí, que dio su vida en la lucha independentista cubana y residió quince años en Estados Unidos, analizó como pocos la realidad de ese país. En un texto publicado en 1894 sostuvo: “Hay dos verdades útiles a nuestra América: el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos”.

Los planes de anexión estaban en marcha, como lo demuestra el mensaje del 5 de diciembre de 1899 del presidente William McKinley (1897-1901): “El destino de Cuba se encuentra irrevocablemente ligado al nuestro de una manera legítima”.

La Enmienda Platt y la Doctrina Monroe

En 1901, el Comité de Asuntos Cubanos del Senado estadounidense aprobó una enmienda del senador Orville Platt —en realidad redactada por el secretario de Guerra Elihu Root—. Mientras Cuba avanzaba en la redacción de su primera Constitución, Washington buscaba lesionar cualquier atisbo de independencia y soberanía. El articulado de la llamada Enmienda Platt, al igual que la orden ejecutiva de Trump, resultan obscenos.

La primera cláusula establecía: “Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún poder o poderes extranjeros ningún tratado u otro convenio […] ni en manera alguna autorice o permita a ningún poder o poderes extranjeros obtener, por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento o control sobre ninguna porción de dicha isla”. La tercera disponía: “Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos puedan ejercer el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual”. La cuarta afirmaba: “Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupación militar sean tenidos por válidos, ratificados, y que todos los derechos legalmente adquiridos en virtud de ellos sean mantenidos y protegidos”. Y la séptima señalaba: “El Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos”.

Hubo descontento en Cuba, incluso una delegación viajó a Washington para protestar por estas imposiciones que lesionaban el carácter independiente de la naciente república. La respuesta de Root fue feroz: “No bastaba con que dicha Asamblea diera su asentimiento a la Enmienda, sino que debía incorporarla a la Constitución sin formular aclaraciones”. No hubo resistencia que valiera. “Esa enmienda es simplemente una extensión de la Doctrina Monroe […] Los cubanos aceptan la Doctrina Monroe y la cláusula tercera es la Doctrina Monroe, pero con fuerza internacional”, sostuvo Root.

Desde entonces y hasta nuestros días, Cuba padece la Doctrina Monroe y sus periódicos actos injerencistas (1902, 1909, 1911, 1912, 1917, 1922). Hasta el triunfo revolucionario de 1959, el país fue un protectorado cuyos recursos quedaron en manos de empresas estadounidenses, una mera extensión de los balnearios de Miami. El servilismo caracterizó a la clase dirigente hasta el triunfo del Ejército Rebelde de Fidel Castro. A partir de ese momento, el terrorismo se convirtió en política oficial de Washington frente a la isla por su insolencia revolucionaria.

Cuba maduró en dirección opuesta al rol que imaginaron casi todas las administraciones estadounidenses. Fue la primera en despojarse del yugo neocolonial y en dar muestras de osadía emancipadora. Tal afrenta derivó en más de seis décadas de bloqueo económico, financiero y comercial; en la presencia de la base militar de Guantánamo en un flanco de la isla —que además funciona como centro de tortura y detención ilegal—; en la invasión de Playa Girón en 1961; y en cientos de intentos de magnicidio contra Fidel Castro.

Llegó Fidel y mandó a parar

En 1952, Washington apoyó el “cuartelazo” de Fulgencio Batista en Cuba. Al año siguiente, el 26 de julio, se produjo bajo la conducción de Fidel Castro el asalto al cuartel Moncada contra la dictadura, con la consigna martiana: “Morir por la Patria es vivir”. La rebelión fue sofocada a sangre y fuego; Fidel fue encarcelado, pero tres años después, en la Sierra Maestra, se gestó el germen que condujo al triunfo de la Revolución el 1º de enero de 1959, cuando el Ejército Rebelde derrotó a la dictadura.

Apenas un mes después se produjo el primer intento de asesinato de Fidel Castro. El perpetrador era un ciudadano estadounidense. En 1960 ocurrió el atentado contra el vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana, que dejó 101 muertos. En 1961, Estados Unidos lanzó una invasión mercenaria contra Cuba para derrocar a Fidel Castro. La Revolución resistió y triunfó. Ese mismo año, el presidente John F. Kennedy creó la Alianza para el Progreso y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), tapaderas de la CIA para desestabilizar la región por otros medios.

La primera gran decisión de la OEA, creada en 1948, fue la expulsión de Cuba del organismo en 1962, con el aval de 14 países, las abstenciones de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México, y el voto solitario en contra de la propia Cuba. El ensañamiento contra un país que había tomado un rumbo propio contrastó con el silencio atroz del organismo ante dictaduras sangrientas como la de Batista, la tiranía dinástica de los Somoza en Nicaragua, François Duvalier en Haití, Rafael Trujillo en República Dominicana y Alfredo Stroessner en Paraguay. Ese mutismo continuó en las décadas siguientes, cuando el terrorismo de Estado y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos campeaban en gran parte de la región.

“La OEA quedó desenmascarada como lo que es: un ministerio de colonias yanquis, una alianza militar, un aparato de represión contra el movimiento de liberación de los pueblos latinoamericanos”, respondió Fidel Castro en la Segunda Asamblea Nacional del Pueblo, celebrada en la Plaza de la Revolución el 4 de febrero de 1962.

Curtis Emerson LeMay, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos entre 1961 y 1965, propuso la intervención inmediata en Cuba tras la Crisis de los Misiles. Las grabaciones desclasificadas revelan que el 17 de noviembre de 1962 sostuvo: “Tenemos 1.456 aeronaves y 355 misiles, incluidos 80 Polaris en submarinos nucleares, disponibles para golpear a Cuba. Estos aviones están disponibles para realizar ataques selectivos que se incrementen gradualmente desde dos hasta doce horas, según la fuerza que se quiera aplicar”. Posteriormente a este fracaso, se ejecutó la Operación Mangosta, una extensa campaña de ataques terroristas​ y sabotajes contra civiles y operaciones encubiertas de la CIA en territorio cubano.

En 1976, terroristas financiados por Estados Unidos hicieron estallar en pleno vuelo un avión civil de Cubana de Aviación, causando la muerte de las 73 personas a bordo. El cerebro fue el agente de la CIA Luis Posada Carriles, amigo personal del actual secretario de Estado, Marco Rubio.

Tras la caída del bloque socialista y la ineficacia de la injerencia, en 1996, el presidente demócrata Bill Clinton firmó la Ley Helms-Burton, que endureció el bloqueo contra Cuba. Un año después se produjeron nuevos atentados terroristas contra hoteles en la isla. Lo curioso es a pesar de la magnitud de las actividades de extremistas organizadas, fue Estados Unidos el que decidió poner a Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo.

Han pasado más de 200 años, pero la Doctrina Monroe sigue invocándose para justificar actos imperiales. En 2013, John Kerry, secretario de Estado de Barack Obama, afirmó: “La Doctrina Monroe ha terminado”, pero con un asterisco: “A excepción de Cuba”. En septiembre de 2018, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU durante su primer mandato, Donald Trump declaró: “En el hemisferio occidental estamos decididos a mantener nuestra independencia de la intrusión de potencias extranjeras expansionistas”.

A menos de un mes del secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa, la diputada Cilia Flores, cabe recordar que 32 militares cubanos dieron su vida en defensa de la soberanía venezolana, un internacionalismo que demuestra la talla moral de Cuba. Como dijo Fidel Castro: “Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás”.

Y que Estados Unidos recuerde: intentó asesinar a Fidel Castro en 638 ocasiones y destruir mediante actos atroces e ilegales a la Revolución Cubana: falló siempre.

Ilustración: Marcelo Spotti

También puede ser

Derechos Humanos

¿Un ICE argentino?: “Hay un giro en la narrativa del Gobierno que señala a los migrantes como enemigos”

30/01/2026 10 minutos para leer
El Boeing C-40 Clipper de la Fuerza Aérea de EE.UU., en Ushuaia
Soberanía

Colonia de verano: Otro avión militar de Estados Unidos aterriza en Argentina

29/01/2026 6 minutos para leer
Latinoamérica

Jornada internacional de solidaridad con Venezuela

29/01/2026 3 minutos para leer
Canal Abierto

Periodismo de este lado

Canal Abierto | Periodismo de este lado

Canal Abierto Canal Abierto
HOLA

Log - in

¿Perdiste el password?