Carmina Burana presenta “Mapa de Islas y Trincheras”

La banda santafesina trae a Buenos Aires las canciones de su nuevo trabajo. Nacido en la pandemia, la producción de este disco redefinió su método creativo. Se presentan en Galpón B el sábado 25.
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Redacción Canal Abierto | Mapa de Islas y Trincheras no es un título decorativo. El flamante álbum de Carmina Burana –que se presentará en vivo en Galpón B el próximo sábado– fue concebido en pleno aislamiento por la pandemia, cuando cada músico estaba encerrado en su propio territorio. Como si esto fuera poco con sus integrantes divididos en dos ciudades distintas: Rosario y Firmat.

“La idea primaria la fuimos tirando durante la época pandémica, cuando cada uno estaba en su búnker, en su isla. No nos podíamos juntar, entonces nos íbamos comunicando por medios virtuales y nos íbamos pasando videos y canciones”, explicó Ramón Kamono, cantante de la banda en diálogo con Canal Abierto.

De aquel trabajo remoto surgieron nada menos que 40 canciones. “Cuando nos empezamos a juntar empezamos a producirlas un poco más. Por ahí difiere de otras cosas que hemos grabado, donde el proceso creativo fue distinto, juntándonos en sala o de pronto encontrándonos y tirando algunas canciones”, aporta el vocalista.

Y agrega un dato peculiar sobre la autoría: “Por eso hay canciones del trombonista, hay canciones mías, hay canciones del trompetista. En todas las demás producciones las letras las hacía yo, pero en este caso hay letras o idea de letra que venían desde otro lado”, relató Kamono.

En pospandemia, superada la necesidad del aislamiento, lejos de abandonar la dinámica de “islas”, la banda decidió convertirla en un método de trabajo estable. Con integrantes repartidos entre Firmat y Rosario, los costos de traslado y ensayo son altos.

“Nosotros no somos todos del mismo lugar. Algunos somos de Firmat, pero el grueso, la base de la banda, está en Rosario, que está a 100 km. Si bien el confinamiento fue por una cuestión de salud, la otra pandemia es la económica. Entonces, desde acá, para movernos hasta Rosario, ensayar, volver, nos lleva guita. A veces disponemos de eso y a veces no”, aclaró .

Entonces, Carmina Burana tiene hoy dos núcleos de creación: la sala de ensayo montada en la casa del cantante en Firmat y la base rosarina. “Trabajamos un poco acá los que estamos en Firmat y de vez en cuando viajamos a Rosario. Y esta forma de laburo de ir pasándonos cosas y elaborándola en dos lugares distintos nos sigue sirviendo. Cada 15 días o cuando amerita alguna fecha nos juntamos y hacemos ensayos generales. No es lo óptimo, porque lo que estaba bueno es juntarse todos en una sala, compartir ideas y hacer cosas, pero nos sirve echar mano de esta cuestión”, explicó.

Consultado sobre cómo incidió este modo de trabajo en el sonido de la banda, el cantante fue contundente y dijo. “Algunas creaciones que tenían una idea de sonido, de estilo y demás que ya venían incorporada desde que nació el tema. Si bien siempre se busca que si alguno lleva una idea, terminarla entre todos, en este caso algunas ideas ya venían terminadas con una impronta propia del que lo creaba. A veces eso no lo teníamos en cuenta. Acá ya venían algunas canciones con una onda, con un sonido, con un estilo que se trató de respetar”, .

Y describió el proceso que devino en que composiciones surgidas de distintas cabezas lograran una unidad en el disco: “La mayoría de las canciones fueron producidas por Poila, que es el tecladista, por Billy Gómez y por mí, llevándolas a un sonido que más o menos es el que venimos cultivando, para darle una unidad y un estilo que ya se venía tirando. Se trató de respetar la idea central, pero se fueron arreglando y produciendo con otros condimentos, otra impronta que le fuimos dando entre tres o cuatro. Igualmente todo se comparte, se expone, está libre de ser modificado. Así encontramos el punto”.

Lo viejo funciona

Entre los objetivos que la banda tiene, uno es que, más allá de las plataformas, Mapa de Islas y Trincheras pueda ser escuchado en formato físico y de vinilo. «Yo soy una persona de la época de los vinilos, la mayoría de nosotros somos de la era del vinilo. Después pasamos por todas las demás temporadas. Pero en el vinilo hay una cosa hasta diría romántica, de hacer un vinilo propio con el arte, con el cartón, con las letras. Para el coleccionista, el melómano, está bueno”, reflexionó el vocalista.

Y contó que “ahora hay como un resurgir de ese formato, ya estoy comprando discos otra vez y los escucho. Me cabe esa cuestión de que termine un lado, ponerlo, que empiece el otro, mirar el arte, atender a las letras. Me llega a otro nivel”.

Viajar desde el sur de Santa Fe hasta Buenos Aires para tocar nunca fue sencillo. Y la economía que impone los tiempos libertarios no colabora. Sin embargo, Carmina Burana apela a la iniciativa y genera modos de hacer posible un fecha como la de este sábado en Galpón B. Así lo explicó Kamono:  “tenemos una especie de cooperativa. Todo lo que vamos juntando se vuelca en un fondo común de donde salen los medios para viajar, por ejemplo a un lugar donde sabemos que no tiene alcance masivo la banda”.

Y  concluyó: “por ahí salís mano a mano o hasta perdiendo guita, pero nosotros ya vamos preparados. Lo que vamos produciendo acá, se vuelve a volcar en viajes, en visitar lugares donde la banda no es tan conocida. Es la forma que tenemos de movernos. Es una apuesta de media jugada siempre que vamos. A veces nos va muy bien, a veces salimos empatados y a veces terminamos usando una guita destinada para otra cosa”.

Foto: Lucas Casatti