Redacción Canal Abierto | La bruma sobre el Ganges divide la ciudad sagrada de Varanasi del asentamiento de Samne Ghat, donde habita la casta más baja de la India. Allí, la argentina Jesumiel Barra organiza una escuela, primero bajo el árbol y luego en carpas. Ella instruye a los adolescentes para que ellos a su vez enseñen a los más chicos, de modo tal que puedan progresar.
Esa es la historia que cuenta Dreamflow, la escuela está en peligro, documental dirigido por Gabriel Saie que podrá verse en una función única este jueves a las 20 en el cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635, CABA) de la que participará el realizador.
La historia de esta película se remonta a un pedido de Sebastián Cabral, coproductor ejecutivo de la película, que estudia música antigua de la India, situación a partir de la cual conoció a la protagonista del documental. El encargo consistía en realizar un video de unos dos minutos sobre la experiencia de Josumiel.
“A partir de eso me puse en contacto con ella y pude realizar un video en conjunto que fue muy fructífero. Lo estuve dirigiendo desde la Argentina, pidiendo ciertos planos específicos de los rostros de los chicos y ciertas actividades en particular de la escuela que me parecía importante que aparecieran”, reveló Saie en diálogo con Canal Abierto.
Luego entró en escena Yamila Carini, también cioproductora ejecutiva de Dreamflow. “Una vez finalizado ese video, ella me dijo que veía una película en ese material. A mí me parecía muy potente la historia de los chicos. En ese momento lo que más me conmovió fue que los adolescentes, que habían sido niños en el inicio del proyecto de la escuela, se estaban formando para ser maestros de la nueva generación”, señala el realizador.
El equipo llegó a Varanasi y empezó la instancia de rodaje. El guión había partido del embrión de aquel video corto inicial, que le había dado a Saie la idea de la rutina de la comunidad. “Sabía que Badal, uno de los adolescentes, iba al mercado en bicicleta a comprar las frutas para el postre de los chicos. Sabía que se realizaban ciertas actividades en la parte de afuera del slum de Samnegat, de la villa, que tenían más que ver con juegos. Sabía que cantaban mantras. Entonces, a partir de eso, comencé a estructurar lo que iba a ser la historia y el recorrido de la película”, explicó el realziador.
Y agregó que “después, allá, claramente tuvimos que ir adaptándonos a distintas situaciones que iban surgiendo y ser flexibles para poder captar lo que iba apareciendo”.
Llegar a India fue encontrarse con una realidad y una cultura completamente distinta a la nuestra. “El sistema de castas en India estratifica toda la sociedad y marca desigualdades muy profundas, realmente. Estos chicos de la comunidad de Samnegat, muchos de los cuales pertenecen a la escuela, son de la casta más baja de India. Esta casta es llamada Dalit o Intocables y tienen destinados los peores trabajos”, describió el documentalista.
Y agregó que una de esas limitaciones es que “no tienen acceso a la educación, no tienen el derecho a la educación. Y esta chica, Jesumiel, que viene de Argentina, al estar por fuera del sistema de castas, tiene la posibilidad de transformar esa realidad para ellos. Y al no haber chance de que ellos vayan a la escuela, la escuela fue a ellos”.
El director alerta que esas realidades, en principio bien distintas, empiezan a no serlo tanto. Y ahí encuentra una resonancia para nuestro país. “Por un lado, por cómo se instaló desde la política la idea de castas, en el sentido de que venía a denunciar los supuestos privilegios de castas y en realidad terminó generando una nueva casta con privilegios y profundizando las desigualdades que ya existían”, afirmó Saie.

Y expuso que “si bien la situación en India es mucho más grave al haber un estado aún más ausente, en Argentina de alguna manera estamos yendo por ese camino. Podemos ver realidades similares en el norte argentino, en el conurbano profundo, en distintas provincias. Así que considero que de alguna manera el documental refleja un futuro posible de la Argentina que esperemos que no se realice”.
El viaje y el rodaje fueron costeados mediante el sistema de finaciamiento colectivo (o crowfunding). Al respecto, Saie dijo que “fue muy conmovedor, la verdad, porque ese financiamiento surgió de ciertas notas que se dieron en la radio en su momento y de algunos artículos que salieron en el diario. Se ve que tocó una fibra sensible que inspiró. Y yo creo que algo muy importante de la película es que cuenta una historia universal que a su vez está transmitida desde un lugar cinematográfico y sensible”.
“Entonces, nosotros desde el inicio teníamos ese compromiso de contar la experiencia de los adolescentes transformándose en maestros de los niños de su propia comunidad, y bueno, eso fue leído de alguna manera, fue sentido por estas personas que nos acompañaron y que hicieron posible filmar en esa primera instancia”, agregó.

