Publicado originalmente el 01/09/2026
Redacción Canal Abierto | La Segunda Muestra de Cine y Educación que organiza el Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján (UNLu) lleva en su nombre una declaración de principios: Proyectar memoria, desafiar lo educativo a 50 años del golpe. Y lo hace con 40 materiales audiovisuales, cinco sedes presenciales, una veintena de actividades con debate y una plataforma digital para que las películas lleguen a toda la provincia.
Del 2 al 5 de septiembre, la UNLu y sus centros regionales de Luján, San Miguel, San Fernando y Moreno, junto al Instituto de Formación Docente Ricardo Rojas y espacios comunitarios del Barrio Milenio en Cuartel V, serán el escenario de una experiencia que combina lo mejor del cine-foro con la urgencia del debate político y pedagógico.
La muestra nació el año pasado como una forma de dar visibilidad al material audiovisual que los equipos docentes de la UNLu venían produciendo en territorios y comunidades.
En diálogo con Canal Abierto, Juan Mascaró, integrante del equipo organizador y uno de los responsables de la curaduría, explica los orígenes: “Todo empezó cuando comenzamos a producir material audiovisual en la universidad, un poco por fuera de la convención, porque el espacio de producción que existía se dedicaba más a la prensa institucional. Nosotros quisimos construir contenidos locales junto con los equipos docentes y las comunidades con las que trabajaban”, rememora.
Esa producción, que arrancó en 2017 con cortos documentales y se sistematizó en 2019 con Escuela Bomba, derivó en una convocatoria anual. “Filmamos uno o dos por año. Esa es la base sobre la cual dijimos: hay que empezar a mostrar cine, ver lo que producimos, abrir la discusión sobre qué puede producir la universidad”, cuenta Mascaró.
Pero la muestra no se quedó en lo propio. “No nos quedamos solo con lo nuestro, sino que empezamos a buscar materiales de otros lugares y realizadores”, agrega. El resultado es una programación diversa que incluye largometrajes inéditos, cortos de todo el mundo y producciones realizadas por estudiantes y docentes de la propia universidad.
Este año, el hilo conductor refiere a los 50 años del golpe cívico-militar de 1976. Pero lejos de ser una conmemoración cerrada sobre el pasado, la muestra propone tender puentes con el presente. “Nosotros proponemos traerlo al presente: ¿cuáles son las huellas, los puentes entre ese genocidio, esa hecatombe del golpe y su desarrollo cultural, represivo, económico, y lo que tenemos hoy? Muchos materiales trabajan eso, pero también abordan temas actuales, como la represión institucional o el gatillo fácil”, sintetiza Mascaró
Esa vocación de actualidad se refleja en la programación del jueves 3 en el Centro Regional San Miguel, donde se proyectarán Imagen sobreviviente —que documenta la agresión al fotoperiodista Pablo Grillo durante una manifestación contra la Ley Bases en 2025— junto a Mapa de la policía, un proyecto de registro ciudadano de represiones que permitió identificar al gendarme responsable del ataque a Grillo. Allí estarán presentes el propio Grillo, integrantes del colectivo y familiares de la Masacre de Budge, que el año que viene cumple 30 años.
“La charla está pensada para dialogar con jóvenes de los barrios y estudiantes de la sede universitaria. Los cortos son un apoyo, no ocupan todo el espacio. La muestra es un anfibio: mezcla actividades de formación, debate político y lo más tradicional de una muestra de cine: mostrar películas, estrenar materiales”, describe Mascaró.
Estrenos y presencias destacadas
La apertura será el miércoles 2 de septiembre a las 17 horas en el Auditorio Central de la UNLu (Ruta 5 y Constitución), con la presencia de autoridades del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. La gran atracción de esa jornada es el estreno provincial de Para hacer una película sólo hace falta un arma, documental de Santiago Saín, construido a partir del hallazgo de decenas de latas con films creídos perdidos durante la dictadura en la Universidad de Córdoba. “Hay mucha expectativa por verla”, confirma Mascaró.
El cierre, en tanto, será el sábado 5 a las 18 horas en el Centro Cultural Doña Ana de Matos de Luján, con la proyección de LS83, de Herman Szwarcbart, un documental que reconstruye a partir de archivos del noticiero de Canal 9 los recuerdos de infancia del escritor Martín Kohan. Ambos, director y escritor, estarán presentes para el debate.
Uno de los desafíos que la muestra asume es el diálogo con las nuevas generaciones, acostumbradas a consumir y producir audiovisuales en formatos breves. “Yo relativizo la distancia. Hoy una persona consume materiales audiovisuales muchísimo más que nuestra generación a esa edad. Yo tengo 50 años y veíamos películas cuando había en la tele o en el cine, una o dos veces por semana. Hoy es consumo constante, incluso sin pausa. Se maratonean series de seis horas. Entonces, eso de que ‘los videos tienen que ser cortos’ no es una verdad absoluta”, plantea Mascaró.
La apuesta de la muestra es, precisamente, la hibridación: meter los cortos producidos por jóvenes en talleres —como los de «Comunicación» o «Jóvenes sin memoria»— dentro de la dinámica del cine. “Los proyectamos en pantalla grande, sentamos a la gente, suspendemos lo cotidiano para verlos. Esa ceremonia del cine, pero con cortos en tanda” explica.
Un ejemplo claro es la actividad del jueves 3 a las 9 de la mañana en el Teatro Municipal Trinidad Guevara de Luján, donde el Consejo Local de Niñez y Adolescencia convoca a instituciones educativas y organizaciones comunitarias. Allí se proyectará un programa de cortos y luego se debatirá en formato de plenario, tal como los chicos y chicas lo hacen mensualmente para construir políticas públicas. “Los cortos están en el medio y después se discute a partir de ellos”, apunta Mascaró.
Cine, memoria y lucha: una programación de punta a punta
La muestra no se agota en Luján. El jueves 3 a las 11, el Centro Regional San Fernando recibirá «Mundial ’78, la historia paralela», de Bonadeo, Guebel y Pergolini, junto a un corto realizado por estudiantes de Educación Física, con una mesa sobre fútbol y dictadura. El viernes 4, el ISFD Ricardo Rojas de Moreno será sede de dos jornadas: por la mañana, con «Traslados» (sobre los vuelos de la muerte) y «La hija indigna», acompañados por el colectivo Historias Desobedientes (familiares de genocidas por memoria, verdad y justicia); por la tarde, con «Todo documento de civilización» sobre el caso de Luciano Arruga, con presencia de la realizadora Tatiana Mazú González y familiares y amigos del joven asesinado por la policía.
El sábado 5, la muestra llega al Espacio Comunitario del Barrio El Milenio en Cuartel V (Moreno) con el estreno de El evangelio de la revolución, de François-Xavier Drouet, sobre la teología de la liberación, y un debate con comunidades y organizaciones del barrio.
Además de la programación presencial, la muestra abrió una convocatoria internacional a cortometrajes sobre memoria y educación que recibió cerca de 200 materiales de todo el mundo. Un jurado integrado por Verónica Parodi (pedagoga y directora del Espacio Cultural Nuestros Hijos en la ex ESMA), Ana Paula Saab (investigadora y docente de la UNLu) y el cineasta Benjamin Naishtat (director de Rojo, Puan y la próxima Glaxo) elegirá el mejor corto, valorando sus cualidades cinematográficas y políticas.
Durante los días de la muestra, la Plataforma Audiovisual Bonaerense Bafilma alojará un programa de cortos y cuatro largometrajes: Corresponsal (Emiliano Serra), Álbum de familia (Laura Casabé), Revelar (Fermín Rivera) y 26206/Tintina (Alejandro Vagnenkos). Así, quienes no puedan acercarse a las sedes podrán acceder a parte del material desde sus hogares.
«Si el presente es lucha, el futuro es nuestro»
El lema que atraviesa la muestra —«Si el presente es lucha, el futuro es nuestro»— no es una frase decorativa. Resuena en cada una de las historias proyectadas y en la apuesta por el cine como herramienta de conocimiento, reflexión y transformación. Como cierra Mascaró: “Apostar a la mezcla. Los materiales no son solo aquello que se contempla como ‘cinematográfico’ según ciertas normas. Hay que mezclar, experimentar. El cruce entre gente que viene de la tradición del cine y otra que viene de la educación —que usa ciertos materiales didácticos pero no otros— es muy interesante. El diálogo entre esos dos campos es superenriquecedor, sobre todo en este momento de cambio profundo en la producción y en los hábitos de ver cine”.

