Redacción Canal Abierto | Las sirenas de los móviles arrastran hacia el inconsciente de los vecinos aquel tema de León Gieco que inmortalizó la súplica de Pocho Lepratti para que la policía baje las armas, porque en el comedor había pibes comiendo. Pareciera que su crimen ni siquiera valió la pena.

Ayer a la noche, alrededor de las 20.30, la policía comunal de Lanús ingresó sin orden judicial al comedor Cartoneritos de Villa Caraza. Su cocinera, María Saracho, denunció en un video viralizado en Youtube que adentro habían 70 pibes cenando tallarines, que los agentes tiraron gas pimienta, que un tal “Mantecol” recibió un golpe de culata en la cabeza, que su hija embarazada fue a parar con pérdidas al hospital. María estaba preocupada, sobre todo, porque los chicos no habían terminado de comer.

Por Whatsapp circuló un audio, en el que una mujer precisaba que la policía arrojó sillas y revoleó palos, y que encontró, tirados, perdigones de bala de plomo. Ese archivo le había sido enviado a Nicolás Caropresi, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), organización a cargo del comedor.

La represión dejó un tendal de niños lastimados y el secuestro de un joven de 16 y otro de alrededor 25 años. Recién a la medianoche se conoció su paradero en la Comisaría 9, mientras todos pensaban que era en la 5º. Durante esas cuatro horas, uno de ellos fue torturado en plena calle, al lado de las vías.

Según los vecinos, el hecho comenzó con un operativo que se ha convertido habitual en el barrio, donde la policía se excede en sus funciones: realiza cacheos a menores y hostiga a los transeúntes. Ayer, las militantes del MTE solicitaron a los agentes correrse unos metros del comedor, lo que detonó en una reacción inesperada.

La frecuencia de los controles policiales tiene que ver con una campaña impulsada por el secretario de Seguridad del municipio, Diego Kravetz, quien se presenta junto a la policía, enfundado en una chaleco antibalas. Ayer también estuvo, antes de la balacera, sobre la que argumentó que “la policía se metió al comedor con el único efecto de atrapar a un homicida que se estaba escapando”, que “la policía se fue como pudo” y que “hasta ahora no hemos confirmado si hubo heridos, pero voy a revisar la actuación de todos”.

De esta manera, Kravetz se excusó de responsabilidades pero dejó la puerta abierta a convertir a un policía o a un puñado de ellos en potenciales victimarios. Dejó entrever, en definitiva, una supuesta cama.

Sin embargo, habría una razón de peso que desplazaría la teoría conspirativa. Tiene que ver con la elección que la militancia del Pro perdió en manos de la del MTE días atrás, en la cooperativa de cartoneros de Caraza.

Este hecho podría ser el verdadero motivo de la serie de acosos del aparato oficialista sobre el movimiento social que incluyó, el año pasado, la infiltración en sus filas de un policía bonaerense. Asimismo, el MTE y otras organizaciones fueron emboscadas a los tiros por barras de Lanús, mientras protestaban en la puerta del Concejo Deliberante, donde el intendente Grindetti era interpelado por su involucramiento en los Panamá Papers.

El martes próximo habrá una nueva movilización que pretende ser masiva. Esta vez, frente al municipio, contra el abuso policial que ayer, de casualidad, no se cobró la vida de ningún ángel.