Redacción Canal Abierto | Beatriz Mechato Flores tenía 73 años. Estaba jubilada, con la mínima, así que para subsistir se dedicaba a la venta ambulante. Su peligrosa mercancía eran las medias. Por proteger su mercadería, por escapar del verdugueo de la Policía de la Ciudad y la patota de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) fue atropellada sobre la Avenida Pueyrredón, a la altura de la calle Sarmiento, y falleció el martes 17 de marzo tras permanecer internada cuatro días en la terapia intensiva del hospital Ramos Mejía.

Una mujer pobre de edad avanzada, en tiempos de pandemia, grupo de riesgo, que debe gozar de un ingreso suficiente para subsistir con dignidad, se ve obligada a trabajar como vendedora ambulante. Pero el gobierno de la Ciudad encontró en esta actividad un enemigo dilecto y la brutalidad de su accionar se evidencia en lo que ocurrió con Beatriz.

Nosotros denunciamos como principal responsable de esto a Matías Lanusse, quien está a cargo de la AGC”, sostiene Nicolás Caropresi, referente del MTE – CTEP en declaraciones a Canal Abierto. “Ellos desarrollaron un aparato parapolicial de rugbiers, patovicas, gente pasada de cocaína, que sale todos los días a recorrer las calles de Once en una actitud directamente policial, acompañados por la Policía detrás. Ellos van en avanzada empujando y secuestrándole la mercadería a los ambulantes, sea una mujer de 70 años, un senegalés de 20, un nene de 15, sea un señor de 80. Cuando los compañeros reaccionan para proteger sus materiales, estos tipos se ponen más violentos y cuando la cosa se caldea más, aparece la policía e interviene a los palos, tirando gases y llevándose detenidos”.

“Montaron una teatralidad que funciona todos los días en la Ciudad que deja tres, cuatro heridos diarios, dos o tres detenidos por día, y así fomentan el miedo a la venta ambulante. El método que utiliza el Gobierno de la Ciudad es controlar el espacio público a través del miedo. Para eso utilizan millonadas de pesos porque los operativos son de 50 policías para arriba, con 20 inspectores o más, para perseguir a gente que vive de vender medias en la calle, una señora de 73 años que terminó muerta”, concluye el referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos.

Es conocida la batalla mediática que pone de un lado a comerciantes con locales a la calle indignados y del otro a trabajadores de la vía pública, y al gobierno de la Ciudad como paladín de los ciudadanos que “pagan impuestos” frente a un enemigo a erradicar: el vendedor ambulante. “Hace tres años nos mandaron a unos galpones, uno en La Rioja e Hipólito Yrigoyen y el otro en Boulogne Sur Mer y Perón, donde no se vende nada. El señor Larreta nos reprime en la vía pública, manda a los funcionarios de espacio público y a la policía a que nos corran y persigan como si fuéramos delincuentes. Nos quitan la mercadería, nos roban, nos golpean, nos insultan, nos humillan y nos discriminan”, narra José Luis Rivas, referente de los Vendedores Ambulantes Independientes de Once.

 

Discriminación, persecución y muerte

Beatriz llevaba más de 50 años trabajando en la calle para mantener a su familia. Como otras miles de personas en la ciudad, halló en la vía pública y la informalidad la forma de subsistencia, lo que el mercado laboral no le ofrecía ni las políticas estatales le garantizaban.

“Beatriz no es la única muerta por la represión policial. En el mismo lugar, a escasos metros de donde fue atropellada perseguida por la policía, en agosto de 2018 murió María Berrechea en las mismas circunstancias”, sostuvo Omar Guaraz, del Sindicato de Vendedores Ambulantes. “Existen responsables directos, responsables políticos, no vamos a diluir la responsabilidad en la policía o en el Ministerio de Espacio Público. La Policía de la Ciudad es un instrumento de represión, de muerte, de torturas a muchos compañeros en las comisarías por una decisión política de Horacio Rodríguez Larreta. Son miles los detenidos y muchos los heridos de gravedad y los muertos. Larreta carga otra muerte más en sus espaldas”.

La muerte de la compañera Beatriz Mechato López fue una decisión política. Esa decisión política de Larreta mata, genera heridos de gravedad, genera apremios ilegales en las comisarías como en las épocas más oscuras de nuestra historia. Los vendedores no vamos a dejar de pedir justicia y jamás abandonaremos la calle porque este proyecto de país para pocos de Macri y Larreta, de un país sin oportunidades sigue vigente. Esperamos que la nueva administración genere los puestos de trabajo que generen dignidad en la gente, mientras tanto en la calle seguirá habiendo vendedores”, concluyó Guaraz en un mensaje grabado que envió a medios de comunicación.

 

Las “brigadas de la muerte”

Lo que sostiene Caropresi párrafos más arriba, la existencia de patotas de civiles pagos por el gobierno que hostigan a los vendedores, se repite en el relato de los amigos de Beatriz, compañeros en las calles del Once. “Esta persona no sabemos cómo se llama. Viene a Once y no sabemos para quién trabaja, pero anda con la policía, camina con Espacio Público pero no lo identificamos. Esta es la persona que causó la muerte de Beatriz y va a seguir provocándonos”, sostiene José Luis Rivas, de VAIO, mostrando una foto en la marcha realizada el jueves 19 de marzo en reclamo de justicia que culminó con represión policial y una treintena de detenidos, entre ellos el referente de la CTEP, Juan Grabois.

Las características fisonómicas y sociales de los señalados son evidentes y consecuentes con un patrón: tipos fornidos, con músculos de gimnasio, de tez blanca… chetos. Las imágenes se repiten y los vendedores los tienen identificados, pero nadie responde por ellos.

A principios del siglo XX, la Liga Patriótica, bajo el lema “Patria y Orden” se encargaba de perseguir y castigar a judíos, rojillos de toda índole y ácratas sin patria. Su aparición estelar en la historia argentina data de los hechos en torno a la conocida como Semana Trágica o Semana de Insurrección Popular de 1918, la gran huelga desatada tras la represión a los trabajadores de los Talleres Vasena. Siguiendo el mismo patrón, niños bien de la sociedad porteña se paseaban por la ciudad armados junto a la policía, castigando y asesinando a los huelguistas o quien oliera o se viera como tal. A diferencia de la patota de Lanusse, lo hacían ad honorem, se cree.

Entre su honorable lista de integrantes encontramos nombres como Manuel Carlés, Joaquín Anchorena, Dardo Rocha, Jorge Mitre (claro), Carlos Tornquist, Miguel Martínez de Hoz (sí, sí), Félix Bunge, Saturnino Unzué y, broche de oro -aunque la lista continúa-, Antonio Lanusse… todo queda en familia.

Entre sus principios fundantes afirmaban que «la civilización nacional engendró la Liga Patriótica Argentina, que nació para reunir a todos los hombres sanos y enérgicos con el fin de colaborar con la autoridad para mantener el orden y vigorizar los sentimientos esenciales del alma nacional”. Estas patotas de Larreta, más modestas, menos principistas, sólo quieren sembrar miedo y liberar las veredas de pobres manteros, dándole rienda suelta a una violencia que, pareciera, es herencia de sus ancestros.

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