Redacción Canal Abierto | La CGT, las CTA y los movimientos sociales marcharon a Plaza de Mayo con reclamos centrados en la defensa de los puestos de trabajo, el rechazo a las reformas laboral y previsional, la implementación de la Ley de Emergencia Social y la sanción de la Emergencia Alimentaria, la plena vigencia de los Convenios Colectivos de Trabajo, contra la intervención gubernamental de los sindicatos, y la aparición con vida de Santiago Maldonado.

A diferencia de la última movilización convocada por la Confederación, y producto del fuerte cisma interno que atraviesa el triunvirato que la conduce, en esta oportunidad los organizadores buscaron evitar incidentes mayores con un acto de cierre breve. Muestra de ello fue que el único orador, Juan Carlos Schmidt -representante del sector moyanista- enumeró las demandas y se ocupó de patear la pelota hacia delante. El secretario general del sindicato Dragado y Balizamiento cerró su intervención con la convocatoria a la reunión del Comité Central de la CGT que se espera el 25 de septiembre, con el cierre de una fecha para un futuro paro nacional general.

“No venimos a levantar candidaturas sino a reclamar trabajo digno y salario justo”, lanzó Schmidt en un intento por despegar la movilización del proceso electivo de este año. “Necesitamos un cambio, pero que cambie la desigualdad por igualdad, justicia por injusticia, inversiones por importaciones. Venimos a buscar la respuesta a esta Plaza de Mayo porque es una respuesta política”.

“No queremos que haya otro Julio López en Argentina”, expresó también tras pedir por la aparición con vida de Santiago Maldonado y reprochar inacción de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich.

El dirigente de los transportistas repudió asimismo al atentado en Barcelona, condenó el terrorismo y rechazó “cualquier escalada militar en América Latina”, en clara alusión a la crisis político-social que vive Venezuela.

Para cerrar la alocución, Schmidt anunció la reunión del Comité Central de la CGT para el 25 de septiembre cuando, dijo, “vamos a discutir el anuncio de un plan de lucha que incluya un  paro nacional y todas las medidas que sean necesarias para defender el interés nacional”.

Para los distintos sectores no cegetistas –entre ellos la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores, movimientos sociales y la izquierda–, este nuevo episodio de la tregua entre Gobierno y la CGT no causó sorpresa, menos aún en el marco de la crisis que vive la Confederación. No obstante, la actitud oscilatoria del triunvirato no deja de horadar la legitimidad de este sector al interior del sindicalismo argentino.

Tras fracasar en su intento por desactivar la movilización atizando las diferencias al interior de la CGT, al Gobierno no le quedó otra opción que buscar deslegitimar la convocatoria. Para ello, el vocero encargado fue el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca, quien calificó a la marcha como “innecesaria e inoportuna” y con “tufillo político”. De esta manera, en una clara intención de reducir la jornada a la CGT y opacando la participación de la CTA Autónoma y organizaciones sociales, el funcionario macrista también chicaneó: “Muchos de los dirigentes que hoy reclaman se callaron la boca cuando decían que había menos pobres que en Alemania”.

Los índices sociales de Argentina no hacen más que justificar la conflictividad que hoy se tradujo en las calles con una masiva movilización. Muestra de ello es que el índice de pobreza hoy alcanza el 32%, y el de desempleo un 9,2 % de la población económicamente activa.

Según el INDEC, en el primer trimestre de 2017 la tasa de desempleo ascendió a 9,2% (1.6 millones de argentinos), con un alza de 1,6 punto porcentual respecto del cuarto trimestre de 2016 cuando había sido de 7,6%. Entre los menores de 25 años la situación es aún más crítica con un 24,6% de jóvenes que no consiguen trabajo. A su vez, los ocupados demandantes de empleo alcanzan el 14,1.

En Argentina hay unos 5,6 millones de chicos pobres. Es decir, que uno de cada tres niños argentinos (29,7%) se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Entre esos 5,6 millones hay 1.300.000 que se encuentran en la indigencia, por lo que apenas pueden alimentarse todos los días.

Las cifras arrojan variables alarmantes: por ejemplo, en sectores sociales humildes del conurbano bonaerense, el 55,2% de los hogares carece de servicios básicos como agua potable o cloacas; un 42,2% no tiene cobertura de salud; el 32,5% no posee alimentación segura y un 44,2% no cuenta con una vivienda digna.