Redacción Canal Abierto | Luciano Arruga tenía 16 años cuando fue visto por última vez con vida, el 31 de enero de 2009 en un destacamento de la policía bonaerense en Lomas del Mirador. Su cuerpo fue encontrado luego como NN, el 17 de octubre de 2014 en el cementerio de la Chacarita. La causa sigue tramitándose en un juzgado federal de Morón, no tiene procesados y lleva como carátula “Desaparición forzada”.

Durante uno de los actos en Plaza de Mayo para reclamar la aparición con vida de Santiago Maldonado, Vanesa Orieta estuvo presente. Incluso dialogó con la familia, así como con una docena de círculos cercanos a los 200 desaparecidos que tiene nuestro país desde 1983.

En los casos que Vanesa conoció más de cerca, los familiares identificaron en el proceso de desaparición el protagonismo de las fuerzas de “inseguridad”, una Justicia hostigante al punto de criminalizar al entorno de la víctima y gobiernos “constitucionales” que invisibilizaron el caso.

“Hay una intención de controlar la pobreza y la organización de quienes defienden sus derechos. Aparece entonces la represión como política de control social. Se quiere instalar el miedo. Y para instalar el miedo hay que adoctrinar, disciplinar”, define Vanesa en esta entrevista en Canal Abierto.

Para ella, la desaparición forzada es la más cruel de las formas de control social. Sostenida en el tiempo, asegura, es “una acción directa de los poderes de los gobiernos constitucionales. No lo podemos seguir discutiendo”, ratifica.

Pero hay otras formas de control social, continúa:

“Hay mucha falta de respeto de los gobiernos constitucionales: pibes que no acceden a la salud, la educación, que viven hacinados, que tienen la droga adentro del barrio, manejada por las fuerzas de inseguridad mientras siguen llenando los barrios con más fuerzas de inseguridad para que los pobres sean controlados y cercados”.

La entrevista completa