Redacción Canal Abierto | Como última parada antes de sus vacaciones en Villa La Angostura, el presidente Mauricio Macri recaló en Brasilia para asistir a la 51a reunión semestral del bloque sudamericano donde intentó dar un nuevo paso hacia el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Allí habló de un “Mercosur del siglo XXI” que tenga en cuenta “las dinámicas regionales y globales”. En otras palabras, insistió en quitar regulaciones y abrir los mercados, como receta infalible para el éxito económico. Sin embargo, para los especialistas, se trata de un optimismo cuestionable.

“No hay un buen escenario para los países latinoamericanos en este caso”, afirma Fernando Porta, economista especializado en relaciones internacionales de la Universidad de Quilmes.

Y continúa: “Hoy, la posición europea sigue siendo irreductible en algunos temas en los cuales los países del Mercosur podrían sacar alguna ventaja, como la apertura de los mercados agrícolas y similares. Europa está muy renuente a que eso suceda. Al mismo tiempo, exige una serie de medidas de liberalización y de apertura en mercados industriales, de servicios y una serie de tratos preferenciales y regulaciones que hacen a las inversiones y al comercio. Entonces, aun obteniendo ciertas ventajas de acceso al mercado europeo, no queda claro cómo esas ventajas compensarán los daños potenciales que vamos a tener en otros sectores, muy intensivos en empleos de alta y baja calificación”.

Los perjuicios de abrir los mercados serían sobre todo para los sectores industriales, pero también para los de servicios, constructoras y proveedoras de servicios de alta calificación, que entrarían en competencia desigual con empresas europeas del mismo tipo.

Que el acuerdo se firme o no depende de una decisión política. En otras palabras, está supeditado a que el Mercosur acepte las imposiciones europeas. Pero, mientras Europa se mantiene dura en la defensa de sus medidas proteccionistas, el bloque latinoamericano parecería estar dispuesto a abrir más su mercado, a juzgar por las declaraciones del Presidente y el entusiasmo de su par brasileño, Michel Temer, anfitrión de la Cumbre.

¿Por qué, entonces, la firma de un tratado que podría perjudicar al país y a todo el bloque es considerado por Macri “muy importante”, como sostuvo en declaraciones a los medios en Brasilia? Para Porta, se trata de un posicionamiento “más ideológico que económico”.

Radica en la confianza de estos gobiernos en mecanismos de libre comercio que no son practicados en general por la mayoría de los países, más la idea de que dando señales de esta naturaleza ahora sí se abrirían las puertas a las inversiones, que inaugurarán una nueva ola de prosperidad. No hay ninguna certeza de que eso vaya a ocurrir así –sostiene-. El mundo es un mundo en retracción, en ningún lugar hay masividad de afluencia de inversiones. Hay un escenario de escepticismo. Si vos tenés una perspectiva de bajo crecimiento, de lo que tratás es de que se te abra un mercado, pero no que tu mercado se abra para otros. Todo el mundo negocia en esas condiciones. Con este tratado, nos estamos sacrificando en el altar de una promesa de bienestar futuro asociada a una dinámica que es totalmente incierta y que no necesariamente puede moverse con estos incentivos”.

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