Entrevista Nahuel Croza | Nildo Ouriques es precandidato presidencial para las elecciones de octubre en Brasil. Pretende representar en los comicios al PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) una fuerza política pequeña pero que cuenta con seis diputados nacionales y representaciones en los parlamentos locales de seis estados.

Ouriques es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de México y actualmente es profesor del Departamento de Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). A su vez, preside el Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELA) que lleva adelante el Observatorio Latinoamericano, una novedad dentro del campo académico brasilero que históricamente no prestó mayor atención a lo que sucedía en el subcontiente. Pero en este momento su tarea primordial es la campaña para ser candidato a presidente de Brasil en 2018. Continúa dando clases pero se encuentra recorriendo el país para debatir y promover lo que llama el “Programa de la Revolución Brasilera”.

¿Cómo surge el PSOL, cuál es su trayectoria?

-El PSOL es una ruptura clara desde hace una década con el gobierno de Lula, sobre todo porque su gobierno hizo la primera contrarreforma de la Seguridad Social. A raíz de esta ofensiva en contra de los derechos de los trabajadores, un grupo de parlamentarios se rehusó a votar por la reforma -igual que la que está haciendo Macri en la Argentina, o la que está intentando Temer acá- y fue expulsado del PT.

Y mirá que ironía, la historia les concedió la razón. Porque durante ocho años (Fernando Henrique) Cardoso intentó hacer la reforma de la seguridad y no lo logró. Y Lula al llegar al gobierno, en el segundo año de mandato, hizo una contrareforma y nos impuso cinco años más de trabajo. Entonces estos parlamentarios crearon el PSOL. Este partido nace de una escisión parlamentaria del PT, como algo que se rehúsa a asumir el mandato de la burguesía.

Durante todos estos años fui elector del PSOL pero me fui del PT aún antes de esta ruptura. De tal forma que empecé a luchar en los movimientos sociales y sindicales y en la universidad porque tenía muy claro que el de Lula era un gobierno que emergió para administrar el Plan Real, un plan que profundizó la dependencia y el subdesarrollo en el país.

Tras la destitución de Dilma por este cubil de ladrones que es el Congreso Nacional, junto a un conjunto de compañeros decidimos entrar al PSOL para discutir algo muy claro: la estrategia de la revolución brasileña. No podríamos hacer eso en el PSTU o en el Partido Comunista Brasilero, partidos con un corpus doctrinario. El PSOL, en cambio, es un frente de izquierda, una confederación, en la que todo se somete a un congreso y cada cual puede decir lo que piensa.

Nosotros entramos al partido y nos organizamos en nueve estados de la federación, a partir del Programa de la Revolución Brasileña. Desde este programa postulamos que es necesaria una ruptura. Quedó muy claro con la destitución de Dilma que el PT es un partido del orden, porque ante la ofensiva de la derecha, del golpismo, el PT decide no convocar al pueblo para la resistencia y armar un escenario para volver en 2018 con gran parte de la gente que produjo el golpe, retomando el pacto de clase.

Entonces nosotros dijimos: es hora de poner un programa en acción e instituir una nueva praxis política que esté marcada por la ruptura con el orden actual. La crisis brasileña es una crisis del sistema político y una crisis económica que es incapaz de renovarse. La burguesía no tiene otra opción que decretar una guerra de clases contra el pueblo. Este es el momento de un partido de la praxis, por eso luego de años de estar en los movimientos sociales y en el trabajo teórico, decidí quemar las naves y mi actividad fundamental es como dirigente del PSOL. En el último congreso fui electo para la directiva nacional del partido y soy precandidato a la presidencia. A partir de ahora mi vida está consagrada al partido político.

 

Nildo, ¿cuál es la perspectiva de la campaña presidencial 2018?

-Lo único que falta, para decidir la campaña 2018, es sobre el juicio de Lula el 24 de enero en Porto Alegre (ver recuadro al pie).

Es lo único que falta decidir: si la burguesía, el sistema, soporta hacer una elección sin Lula. Yo creo que Lula no llamaría a ninguna rebeldía, al contrario, sería disciplinado si los tribunales fallan en su contra y le prohíben ser candidato, de la misma forma que Dilma aceptó la destitución por una banda de corruptos sin convocar al pueblo. Lula acepta, lo que significa decir que se somete a un sistema político totalmente corrompido: el congreso, la presidencia, los tribunales… Eso no es aceptar la democracia, es convalidar en nombre de la democracia un sistema corrupto. Pero Lula es una pieza de reposición de este sistema.

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El 24 de enero sabremos si Lula va a ser o no candidato. En última instancia va a poner a alguien en su lugar. En este contexto la burguesía tiene a Geraldo Alckmin (el gobernador de San Pablo), a Ciro Gomes y tiene incluso a Lula como una pieza de reposición. Para la burguesía, el capital financiero, las multinacionales, el latifundio, el capital comercial, el capital bancario, el gobierno de Lula fue de maravilla. El sistema puede pactar con Lula, Alckmin o Gomes. De tal forma que necesitamos alguien que diga “no” al sistema, que sea una candidatura antisistémica. En ese contexto es que yo pongo mi nombre y estamos peleando dentro del partido, recorriendo el país, discutiendo con sindicatos, comités, prensa, estudiantes, ocupaciones, indígenas, divulgando la candidatura y el Programa de la Revolución Brasileña.

El escenario es saber si va a existir una candidatura de ruptura. En el último congreso del PSOL nosotros, los de la izquierda, perdimos y ganó una posición más moderada que decidió invitar a ser candidato presidencial a Guilherme Boulos del Movimiento de Trabajadores sin Techo. Ocurre que Boulos tiene una concepción muy cercana a la de Lula. Por otro lado, Lula incentivó a que Manuela Davila fuera la candidata del Partido Comunista (PCdoB). El asunto es que nadie aquí va a ganar las elecciones en primera vuelta, de tal forma que en la segunda vuelta todos van a ir con Lula. Nosotros estamos en contra de esta idea, diciendo que no podemos estar con Lula ni en primera ni en segunda vuelta, no importa contra quién esté Lula.

Yo en las últimas elecciones, entre Dilma y Aecio Neves, voté en blanco. ¿Por qué? Porque yo dije en mil entrevistas en medios: Dilma o Aecio van a hacer un ajuste terrible, y finalmente fue lo que pasó. Y Lula está pactando con todas las fuerzas conservadoras del país. El PSOL tiene que demarcar muy claramente su campo de acción: más allá de aquí, no. Nosotros no podemos presentarnos como el “espíritu crítico del PT”, sería un fracaso. El PSOL tiene que ser una ruptura histórica y dialéctica con el PT.

 

Los últimos años marcaron el fin de lo que se dio en llamar el “ciclo progresista” en América Latina y significaron un nuevo avance de la derecha. Hubo políticas de corte distributivo que, de todas formas, permitieron una mayor concentración de la riqueza y no tocaron los resortes del poder real. ¿Estás de acuerdo con esta caracterización?

-Haría dos o tres acotaciones. Primero: el ciclo progresista es muy diverso; por ejemplo, incluye a Chávez y a Lula, y entre ellos hay un abismo. Chávez convocó al pueblo para todas las batallas; Lula jamás convocó al pueblo para una batalla siquiera, ni para defender a Dilma de los golpistas. Es una confesión clara de su vocación política de conciliación con los intereses más nefastos de la sociedad brasileña.

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Chávez enseñó a su pueblo a luchar, de tal forma que hoy a pesar de las inmensas dificultades el pueblo todavía sufraga con fuerza por Maduro y contra la derecha. Es un pueblo que tiene conciencia de su rumbo, a pesar de la inflación gigantesca, una corrupción muy grande del sistema político y con una incapacidad de resolver problemas elementales. Aún así el pueblo sigue siendo bolivariano y entiende que una cosa es la revolución democrática bolivariana y otra el gobierno.

Acá, la crisis moral, ética, política y programática del PT es total. Entonces el ciclo progresista tiene cosas muy distintas.

Segundo: aún con estos gobiernos que hicieron política social, la concentración del ingreso y de la propiedad creció, incluso en los gobiernos de Lula y Dilma. El hecho de que por la elevación de la renta de la tierra, a nivel regional, se permitió hacer algo para los pobres en temas de política social, no significa que la propiedad, el ingreso y el poder político se hayan democratizado. Al revés.

Y tercero: lo que se reveló es que la izquierda latinoamericana no estaba preparada para la discusión sobre la toma del poder, discutió gobiernos. En Venezuela es donde más se avanzó. En Ecuador y Bolivia un poco menos; Argentina y Brasil casi nada. Cristina Kirchner se peleó al menos con Clarín, aquí ni eso. El país en donde hay más resistencia hoy, es el país que planteó el tema del poder, que es Venezuela.

Ahí está la gran cuestión de la izquierda latinoamericana. O reconstituye el horizonte un poco, lo que implica la discusión sobre el poder, -cómo tomaremos el poder, en qué circunstancias, con qué movimientos de masas, cómo transformaremos el Estado radicalmente-, o seguiremos siendo una pieza del sistema político liberal que, al fin de cuentas, necesita una fuerza de derecha y una fuerza de izquierda. Nosotros nos podemos acomodar dentro del sistema como fuerza de izquierda, y eso sería una tragedia. La función de la izquierda es hacer la revolución latinoamericana, que en cada país será diferente.

Yo creo que este ciclo progresista no se terminó, hay un aumento de las contradicciones de clase y una intensificación de la lucha de clases. En este contexto, el antiguo progresismo quedó corto para hacer frente a la crisis. Por lo tanto ahora es momento de crisis y de emergencia de un nuevo proyecto de izquierda de lucha por el poder. Yo llamo a eso la lucha por la revolución brasileña y la lucha por la revolución latinoamericana. O desciframos ese enigma o ese enigma nos devora por completo.

El proceso judicial a Lula
El juez Sérgio Moro, sentenció el pasado julio que hay pruebas suficientes de que Lula fue obsequiado con un apartamento en la playa como soborno de una constructora. La defensa del expresidente señala que el juez ni siquiera dispone de una prueba documental de que él sea el propietario de la vivienda. En tanto, el Tribunal Regional Federal de Porto Alegre fijó para el próximo 24 de enero la audiencia del recurso de Lula contra la condena. Si los tres jueces del tribunal ratifican a Moro, al expresidente le sería muy difícil escapar de la inhabilitación política e incluso de ir a prisión.

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