Redacción Canal Abierto | “Espero que Macron me de buenas noticias”, dijo el mandatario argentino antes de su llegada a la capital francesa. Al parecer, el resultado del encuentro de Macri con su par francés no resultó tan feliz.

“Francia tiene la obligación de respetar el sector bovino y un acuerdo podría ser desestabilizador para ese sector excelente”, dejó en claro Macron, durante una conferencia conjunta con Macri, tras la reunión bilateral, echando por tierra la ilusión del líder de Cambiemos de anunciar al menos un resultado positivo concreto de su gira por Europa.

Además de las promesas de aún mas reformas para “bajar los costos”, el jefe de Estado argentino se había mostrado dispuesto a desembolsar u$s 380 millones (como exige la CIADI) a favor de la empresa francesa Suez, antigua propietaria de Aguas Argentinas a quien se le rescindió el contrato tras su vaciamiento en el 2005.

Sin embargo, nada fue suficiente para que Macron diera el brazo a torcer y se comprometa si quiera a darle un cierre al tan esperado -por el macrismo- acuerdo Unión Europea-Mercosur.

No es un dato novedoso que el país galo se muestre reticente a políticas de libre ingreso de productos agrícolas, un reclamo que el propio Macri ya había expresado a Merkel durante una visita que realizó al país teutón en julio de 2016.

Los negociadores del Mercosur están ansiosos por lograr este año un acuerdo que permita abrir, al menos parcialmente, el mercado agrícola europeo a las exportaciones del bloque. Sin embargo, no tienen motivos para ser optimistas. En abril de 2016 trece países europeos encabezados por Francia, Austria y Grecia solicitaron a la Comisión Europea que excluya de toda oferta que se intercambie con el Mercosur a productos agrícolas tales como carnes y lácteos. Dicho pedido fue acompañado por Irlanda, Hungría, Polonia, Rumania, Eslovenia, Luxemburgo, Lituania, Letonia, Estonia y Chipre. Es decir, casi la mitad de los estados de la unión se pronunciaron por restringir sus mercados agropecuarios.

El entusiasmo de la Argentina -país que ejerció la presidencia pro témpore del bloque hasta diciembre de 2016, cuando lo sucedió Brasil-, va en línea con un discurso oficial que propone la “apertura al mundo” como medio para atraer inversiones, ganar mercados para las exportaciones y promover el crecimiento de la economía.  Pero si ya es difícil que un acuerdo de libre comercio permita alcanzar esos objetivos, mucho más arduo será que las negociaciones con Europa, del modo en que están enfocadas, traigan consigo desarrollo y bienestar.  Es que según lo que se conoce por trascendidos, dado que las negociaciones son secretas, las ofertas de acceso a mercados que se intercambiaron hasta el momento plantean serios desequilibrios. A su vez, a los temas propiamente comerciales pueden sumarse otras cuestiones como compras públicas, propiedad intelectual, servicios y protección de inversiones, materias que ponen en riesgo la capacidad de los Estados para promover el desarrollo y garantizar derechos a sus ciudadanos.

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