Por Víctor De Gennaro | La suspensión arbitraria de las elecciones de la CTA Autónoma por parte del Ministerio de Trabajo -y a petición de Pablo Micheli- nos retrotrae al 2010, cuando el candidato perdedor, Hugo Yasky solicitó al Gobierno que desconozca el veredicto de la votación directa de los trabajadores.

Es coherente Jorge Triaca, responde con la misma lógica que utilizó por entonces Carlos Tomada. Elije y defiende al “representante” que perdió en detrimento de los candidatos que eligieron los “representados”.

Si hacemos memoria, la tergiversación de valores y de prácticas fue lo que nos interpeló para parir el grito de Burzaco (1991), el encuentro de trabajadores en Rosario y el Congreso de Parque Sarmiento (1992), para al cabo de cinco años fundar una nueva Central de Trabajadores en la Argentina (1996).

Luego alcanzamos el reconocimiento con la Inscripción gremial otorgada por el ministro Armando Caro Figueroa (1997), quien legalizó después de mucha lucha esta herramienta para terminar con el unicato en la Argentina.

La CTA es hija de su tiempo histórico, el de la caída del campo socialista y la traición del peronismo. Tuvimos que llegar a esa crisis de paradigmas para cuestionar la delegación en quienes decían una cosa pero hacían otra. Es entonces que parimos un tiempo de autonomía que nos seguirá reclamando coherencia y perseverancia.

Optamos por un modelo sindical que reconoció la unidad más alta, la de la clase trabajadora. Por eso determinamos la afiliación directa de cada trabajador (el que vive, el que quiere vivir o el que vivió de su trabajo), algo lo que nos llevó al mayor grado de democratización, realizando la elección de los dirigentes por el voto directo de los compañeros.

La CGT no acepta trabajadores, su estatuto define la afiliación de los sindicatos. Sus dirigentes se eligen por Congreso de Delegados votados por uniones o federaciones que la componen.

Lo nuestro fue producto de aquel conflicto de representación que todavía hoy perdura en muchos aspectos, pero que no se resuelve cambiando solamente al “representante” sino construyendo “poder los representados”.

Por eso los empresarios, los gobiernos (sean del PJ, UCR o PRO) y los sindicalistas de la CGT defienden el “unicato”. Concentrando el poder en unos pocos con “poder de lapicera”, firmando a la baja las condiciones salariales y de trabajo.

Después del último genocidio empezamos a ver que para muchos gremialistas el poder no estaba en la fortaleza de los niveles de conciencia y organización de sus afiliados, sino en el poder económico alcanzado con el manejo de la “caja”. Y muchos de esos dirigentes ya no solo se visten o viven como empresarios, sino que son empresarios.

Fueron poco a poco eligiendo y defendiendo las obras sociales para una parte de los trabajadores y no la salud pública para todos los trabajadores; fueron cómplices de la creación de las ART, un gran negociado a costa la salud de los trabajadores, dejando de lado la prevención y reparación integral de accidentes y enfermedades laborales.

Nosotros decidimos emprender el camino de constituirnos como sujetos de necesidad, y también conquistar derechos. No delegamos en nadie nuestra voluntad de organizarnos: sembramos el territorio nacional de organizaciones sindicales por fabrica, rama de actividad o confederaciones de trabajadores privados o estatales, precarios o convencionados, desde la economía popular, los trabajadores autogetionarios o las organizaciones del movimiento territorial o de educadores populares, defensores de los niños, jubilados pensionados y todas las formas y particularidades que ellos mismos reconozcan.

El Estatuto de la CTA se basa en tres pilares: afiliación directa, elección directa y autonomía del Estado, los empresarios y los partidos políticos. Las dos primeras están garantizadas por su Estatuto, pero la tercera sólo se garantiza con el poder propio de los trabajadores para realizar lo que creemos y deseamos hacer.

Esto es lo que está en juego hoy cuando tratan de que no se lleven a cabo las elecciones de la CTA-A. Pero nosotros tenemos que demostrar en todo el país que la elección es de los trabajadores y no de los patrones.

Tengo la alegría de ver que los hoy más de 17.000 candidatos son mayoritariamente jóvenes, hijos del 2001 y herederos de los sueños de los setenta y de la resistencia de los noventa. Sabrán estar a la altura de la historia, la lucha y los sueños de la clase trabajadora argentina.

A movilizarnos el 8 de agosto hacia las urnas para proclamar nuestra voluntad de elegir a los compañeros con los que vamos a construir la CTA del Siglo XXI.

COMPAÑEROS, A VOTAR!

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