Revista Cítrica | La historia se repite, es idéntica. Dos nenes menores de edad pasean en moto por las calles de un barrio popular de provincia, cualquier barrio en cualquier provincia de la Argentina. Policías en un patrullero los ven, algo les resulta sospechoso, los persiguen, les disparan, los hieren. ¿Por qué? Por las dudas. Por si estaban robando, por si escapan de algo.

A Facundo Ferreira – de 12 años- la policía de Tucumán lo mató con un tiro en la nuca en el barrio La Bombilla en marzo de este año. A Damián y David la policía chaqueña los hirió con balas de goma en el barrio San José Obrero de Resistencia el domingo 22 de julio por la tarde. Aunque esta vez fueron balas de goma y los nenes están fuera de peligro, la historia se repite.

A los tiros por las dudas

Damián -de 14 años- le pidió permiso a Marcela, su mamá, para pasar por lo de un amigo y después dar una vuelta por la placita de su barrio. A los 20 minutos de salir de la casa, mientras la familia miraba un partido de fútbol en la tele, escucharon tiros que venían de la calle. Se alarmaron. Salieron a la vereda y apareció Damián: “Mami, mami, estoy baleado. Estamos heridos”. Lloraban los dos. Damián y también David, su amiguito de 12 años.

“Los policías bajaron con itakas directamente, amenazantes. Lo primero que hago yo es increparlos: ¿Por qué siguen a los nenes? ¿Por qué les disparan? ¿Dónde está lo que supuestamente se robaron? Ellos son buenos chicos, no delincuentes. Y me contesta uno de los dos, con una sonrisa socarrona: ‘Ay, y yo cómo sé…Hay chicos de esa edad que ya andan encañonando’. Se me reía en la cara. Me dijo que tenían carta blanca para disparar si lo creían oportuno”.

“¿Por qué siguen a los nenes? ¿Por qué les disparan? ¿Dónde está lo que supuestamente se robaron?”

“Y a mis hijos más grandes los amenazó directamente: ‘Váyanse de acá porque conozco sus caras. Conozco muy bien el barrio, ando todos los días. Si los encuentro afuera del barrio ya saben lo que va a pasar’. Creen que porque tienen uniforme tienen todo permitido. Así hacen, abusan de la autoridad”.  El policía que se ríe del reclamo de Marcela, el que disfruta de la situación fumándose un cigarrillo en la vereda de Marcela, es el mismo que – un rato antes- sacó medio cuerpo por la ventanilla de acompañante del patrullero para dispararle a los nenes: David Maldonado.

La familia Pinto, acompañada por organismos de Derechos Humanos y la organización La Poderosa, hizo la denuncia en la Fiscalía y en las secretarías de DDHH y de Asuntos Internos de la Policía de la Provincia de Chaco. Y después de una importante movilización en Resistencia, en la Casa de Gobierno el ministro de Seguridad, Carlos  Barceza, y el jefe policial Ariel Acuña, prometieron echar de la fuerza a los policías Maldonado (quien disparó contra los chicos) y a Néstor Fernández (quien manejaba el patrullero).

La fuerza de la mentira

Al principio la policia provincial acusó a Damián y David de «carterear», pero Marcela demostró que no tenían en su poder ningún objeto robado. Entonces los acusaron de circular con una moto robada. Argumento que se cayó cuando comprobaron que la moto pertenecía a la mamá de David. Siguieron buscando: Al día siguiente de la represión, acusaron a los pibes de eludir un control vehícular.  Pero no existió tal operativo en el lugar y la hora que indicaban. Todas mentiras. Los polícias estaban simplemente patrullando la zona y balearon a dos menores.

“Ahora me tocó a mí, pero todas las mamás y las familias acá tenemos miedo”.

Este tipo de prácticas son cotidianas en los barrios populares de la Argentina. El marzo de este año laméntamos el asesinato de Facundo Ferreria en manos de la policía provincial. Y ahora en Chaco también pasa. “Ahora me tocó a mí, pero todas las mamás y las familias acá tenemos miedo. Persiguen a nuestros pibes, los torturan, los maltratan. ¿Y todo por qué? Por que son pibes de barrio, humildes. Abusan del poder que les da un uniforme y un arma. Pero con los chicos no. ¡Mirá si en lugar de balas de goma, eran de plomo!”, reflexiona indignada Marcela.

“Sí, estoy indignada pero sobre todo estoy con miedo porque las fuerzas de seguridad que nos tienen que proteger son las mismas que balearon a mi hijo más chico, que le quitaron plata a la salida de una fiesta a mi hijo mayor, que amenazaron a todos mis hijos después de herir a Damián. ¿Cómo puedo confiar en esa fuerza de seguridad?”.

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