Las fotos son de Juan Alaimes y estas palabras escritas al calor de los hechos de Ariel Pennisi:

«Una fiesta bayeriana… flamearon banderas negras, wiphalas, banderas de La Garganta Poderosa… Subieron al escenario improvisado por Sipreba: amistades, viejas y viejos compañerxs de ruta… Subió cualquiera, a nadie se le negó su oportunidad de celebrar una vida inesperada como fue la de Osvaldo Bayer. Las Madres de Plaza de Mayo, la FORA, las mujeres indígenas feministas, una piba que leyó un poema, un viejo con olor a pipa que se le animó también a la lírica, les camaradas de la Asamblea Barrial de Villa Urquiza recientemente desalojada por el gobierno inmobiliario de la ciudad, el saludo grabado de Milagro Sala, el saludo que también grabó la gran amiga de Osvaldo Norita Cortiñas, el testimonio del Indio Raúl, las anécdotas que contó Bruno Napoli, el texto que leyó Esteban Bayer… La infinidad de saludos y adhesiones… Las más de mil personas que coparon la plaza Alberti, justo esa que Osvaldo miraba con cariño cuando le preguntaron qué iba a hacer si perdía el juicio que le había iniciado la infame familia Martínez De Hoz: «lo único que tengo es el Tugurio… si me lo sacan me voy a vivir a la plaza». Osvaldo reía con su propia respuesta y sonrió cuando se dio el gusto de ganar la partida judicial. Pero fue la partida ética la que jugó en serio y la partida escritural, con historia y periodismo, la que dejó una marca en la batalla intelectual y en las luchas por la tierra, la igualdad radical y la libertad irrestricta.

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