Redacción Canal Abierto | La abrumadora victoria del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro  el 28 de octubre del año pasado puso en alerta a distintos sectores de la sociedad brasileña, en particular a las minorías y sectores más vulnerables.

Y si bien su primera intervención durante el acto de asunción dejó en evidencia un espíritu revanchista y persecutorio de las minorías, el Presidente arrancó su gestión con una medida que apunta contra la gran mayoría trabajadora.

Apenas asumido, el flamante mandatario dispuso para 2019 un salario mínimo de 998 reales (257,5 dólares) – un aumento del 4,61 % con respecto al año pasado-, inferior a los 1.006 reales (259,6 dólares) aprobados por el Congreso durante la gestión de Michel Temer.

Aunque se trate de una diferencia menor, el primer decreto de Bolsonaro da cuenta de los tiempos difíciles que vienen en el país vecino, donde la mayoría de los medios de comunicación anticipan una inminente reforma del sistema previsional.

En 2018 los trabajadores brasileños ya ocupaban uno de los últimos lugares del ranking regional de a salario mínimo. Al menos tres meses atrás, la lista estaba encabezada por Uruguay (US$ 452), Chile (US$ 443), Ecuador (US$ 386), Paraguay (US$ 366), Bolivia (US$ 298), Perú (US$ 285) y Colombia (US$ 277). Detrás de casi todo el continente, recién en octavo puesto, aparecía Argentina (US$ 261), seguida tan sólo por Brasil (US$ 229) y Venezuela (las últimas cifras no oficiales hablan de un salario promedio de US$ 4, mientras que los datos oficiales hablan de US$ 30).

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