Redacción Canal Abierto | El 24 de marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del golpe de Estado, Rodolfo Walsh concluyó su célebre Carta Abierta a la Junta Militar, en la que denunció la “miseria planificada” del plan económico de Martínez de Hoz, y enumeró “quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados”, como balance de gestión de la dictadura genocida. Ese día caminó diez cuadras de tierra hasta la estación de tren, viajó hacia la Ciudad de Buenos Aires y despachó por correo las primeras copias de su acto final que poco tiempo después García Márquez calificaría como una “obra maestra del periodismo universal”. Ya no volvería a San Vicente, la localidad bonaerense a la que había llegado tres meses antes con la identidad de Norberto Pedro Freyre, escapando de las patotas de la represión que ya le habían reventado su casa del Tigre y asesinado a su hija María Victoria.

Su suerte y su legado son conocidos. Las historias que rodearon su destino, no tanto.

26-03-1977

Al otro día del secuestro, la jauría de la ESMA saqueó y destruyó la vivienda. Pero requirió apoyo de otra banda local porque la zona en aquellos años era semi-descampada y estaba mal señalizada, y ubicar una dirección puntual, de noche, no era sencillo para los que llegaban desde Avenida del Libertador.

En ese grupo de apoyo perteneciente al destacamento de policía de San Vicente estaba el ex subcomisario Rubén Oscar Sala, cuya hermana vive hoy en la última casa del autor de “Operación Masacre”.

Ese día Patricia Walsh tenía programado viajar a ver a su padre para presentarle a su hijo recién nacido. Partieron en auto desde San Isidro, pasaron por el barrio porteño de Palermo donde levantaron a Lilia Ferreyra, compañera del flamante abuelo, y emprendieron el viaje hacia San Vicente. En el Citroên verde además iban María Eva, la hija mayor de Patricia, y Jorge Pinedo, el, por entonces, marido de la ex diputada.

Cuando llegaron, pasado el mediodía, recién se había retirado el grupo de tareas. Lilia bajó del auto, vio la casa tiroteada y volvió corriendo. Escaparon.

“Sala primero llevó a vivir a su madre y es impensable que se hubiese animado a ocupar la vivienda sin la autorización de sus superiores”, explicó Patricia durante un homenaje a su padre. La madre del policía retirado vivió allí hasta su muerte. Desde entonces y hasta hoy vive María, hermana de Rubén Sala, con toda su familia.

Además, los hombres de Massera robaron carpetas, notas escritas a mano, documentos políticos y el último cuento de Walsh, “Juan se iba por el río”, que luego fue visto en la ESMA por otros desaparecidos.

 La memoria

“Estamos peleando por la expropiación de la casa de Walsh, en 2018 empezamos a trabajar por varios proyectos de ordenanza, el primero fue declararlo Ciudadano Ilustre del partido de San Vicente; luego se avanzó sobre la señalización de la casa, en dos avenidas principales donde se colocaron carteles marcando el camino, ya que no se encuentra en una ubicación céntrica” explica a Canal Abierto Valentina Banylis, de HIJOS Presidente Perón, una localidad vecina que hasta 1993 perteneció al partido de San Vicente.

La calle Triunvirato del barrio El Fortín fue rebautizada con el nombre de Rodolfo Walsh,   durante la gestión del ex intendente Daniel Di Sabatino (PJ, 2007-2015). El Concejo Deliberante declaró a la casa de Walsh como patrimonio cultural y arquitectónico del distrito y la convirtió en Monumento Histórico del Municipio, sin embargo hace falta una ley provincial para conseguir la expropiación.

Existe en la legislatura bonaerense un proyecto para que los Diputados declaren la casa de “Interés Histórico Cultural” para la provincia de Buenos Aires, y así resignificarla en espacio de memoria. El gobierno debería buscarle a la familia Sala un nuevo lugar para vivir. La idea surgió del Espacio Walsh e HIJOS.

Además existió un proyecto de ley nacional para recuperarla y convertirla en museo de memoria, pero perdió estado parlamentario sin llegar a ser tratado.

“San Vicente es una localidad muy vieja, esta la quinta de Perón, tiene una impronta peronista pero muy conservadora. Hay nietos restituidos, pero la sociedad  es muy negacionista, nosotros hicimos la pintada de pañuelos de la campaña de Madres y fuimos criticados en las redes sociales. Hay un núcleo duro conservador que se opone pero estamos nosotros para hacer contrapeso”, explica la profesora de literatura y activista.

En los últimos años se conformaron las Mesas de Memoria tanto en San Vicente como en Presidente Perón, ampliando la convocatoria a otras organizaciones sociales, sindicales y culturales de la zona, que impulsan diversas iniciativas hacia la concientización en derechos humanos y la formación en los jóvenes, como la marcha por el pueblo y el acto frente a la casa, cada 25 de marzo: “Cada vez que realizamos la caminata siempre está todo cerrado, con música a todo volumen”, cuenta Banylis. “Tratamos de encauzar las rebeldías de los más chicos en un sentido productivo para la sociedad”.

En la actualidad el municipio es gobernado por Mauricio Gómez, de Cambiemos, cuyo bloque apoyó por unanimidad las iniciativas legislativas impulsadas por los organismos locales.

“Celebramos que sea ahora, con un gobierno opositor a nuestros intereses que en esta causa nos haya acompañado» explica la militante de HIJOS. Pero advierte: “Después hay que ver que se hace con ese espacio, va a ser un sitio de Memoria y hoy por hoy la política de derechos humanos del gobierno provincial es vaciarlos de contenido”.

Rincones de la historia

Una investigación de la periodista Patricia Serrano, oriunda de San Vicente, reveló: “Unos diez minutos antes de que ellos llegaran se había retirado el GT .3.3.2 de la Marina. El operativo comenzó a la madrugada con la detención de Matute, el dueño de la inmobiliaria que vendió la casa a Rodolfo Walsh. La casa nunca hubiese sido hallada si Matute no hubiese distinguido a Freyre en medio del gentío en Constitución, en la tarde del 25 de marzo del ’77, y si no le hubiese entregado el boleto de compraventa. (…) En papeles de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA) y en la Dirección de Rentas de San Vicente, Norberto Freyre sigue siendo su único dueño y deudor. (…) Rubén Sala ya no es policía bonaerense, ahora conduce un remís en Alejandro Korn, la segunda localidad de San Vicente, y se preocupa por lo que pueden inventar “estos de los derechos humanos”. Rubén es alto y morrudo. Vive en San Vicente, a unas veinte cuadras de la casa de Norberto Freyre o María Sala, su hermana, y recuerda en el patio de su casa sin rejas que “todo esto” fue culpa de su madre, muerta hace varios años”.

La crónica “El refugio de Norberto Freyre” le valió a la autora ser citada para declarar como testigo por la querella en la Megacausa de la ESMA. En 2011, el Tribunal Oral Federal N° 5 condenó a prisión perpetua y penas de entre dieciocho y veinticinco años a dieciséis de los dieciocho imputados en la causa ESMA por, entre otros crímenes, el asesinato de Rodolfo Walsh y la desaparición de su obra inédita.

También declaró la vecina de San Vicente, Yolanda Mastruzzo, a cuya casa entraron los marinos de la ESMA el sábado 26 de marzo de 1977, equivocados, antes de dar finalmente con la casa de Rodolfo Walsh.

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