Redacción Canal Abierto | La lectura del fallo hoy culminó con un juicio iniciado el 6 de febrero de 2018, y en el que desfilaron cerca de 200 personas, se realizaron 32 careos y hubo 25 acusados por falso testimonio.

Las condenas estipuladas por el Tribunal de la sala III fueron Hugo Sánchez: 6 años de prisión (encubrimiento real agravado y falsificación de instrumento público); Eduardo Di Lella: 6 años de prisión (el encubrimiento del crimen de Paulina y falsificación de instrumento público); Nicolás Barrera: 5 años y 6 meses de prisión (encubrimiento real agravado y falsificación de instrumento público); Héctor Brito: 5 años de prisión (encubrimiento real agravado y falsificación de instrumento público); Waldino Rodríguez: 3 años de prisión condicional y 4 años de tareas comunitarias (participe secundario de encubrimiento agravado). El único imputado por el delito de privación de la libertad seguida de muerte, Roberto Gómez resultó absuelto.

Esta mañana, previo a que los jueces se retiraran a deliberar por casi 10 horas, los acusados tuvieron la oportunidad de dar sus últimas palabras. En todos los casos negaron las acusaciones en su contra.

Luego, quien también tuvo oportunidad de hablar en esta audiencia fue Alberto Lebbos, padre de la víctima y principal impulsor de la causa: «Un 25 de febrero como este, a la medianoche, fue la última vez que hablé con Paulina. Le dije que se divierta, que la pase bien. Y pasó todo esto. Yo esperaba que dijeran quién mató a mi hija, pero han usado sus últimas palabras para mentir como lo han hecho hasta ahora».

Los policías condenados no dieron nombres o indicios sobre los autores del crimen, pero sí dejaron en evidencia un entramado de poderes que sin lugar a dudas subyace en este caso. De todos modos, y a pesar de los esfuerzos de Alberto, el de Paulina continúa siendo otro femicidio impune en Argentina.

Los hechos

Este martes 26 de febrero se cumplen 13 años de la última vez que vieron con vida a Paulina Lebbos. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), aquella madrugada salió con un grupo de amigos para festejar que el día anterior había aprobado una materia. Tenía 22 años y era madre de una nena de 5.

Desde la zona del ex Mercado de Abasto, en San Miguel de Tucumán, tomó un remise junto a Virginia, compañera de facultad. Sin embargo, no volvió a su casa esa noche. La familia hizo la denuncia el mismo día y, junto a amigos, salieron a buscarla.

El 11 de marzo de 2006 (dos semanas después), el cuerpo de Paulina fue hallado en el kilómetro 3 de la ruta 341 (en Tapia, provincia de Tucumán), en un estado de descomposición avanzado, con mutilaciones, el cuero cabelludo arrancado y las huellas digitales limadas.

Estigmatización

Desde un primer momento, durante la búsqueda, la Policía y el Poder Judicial tucumanos iniciaron un operativo de estigmatización de la víctima: ante los medios, manejaban la hipótesis de que Paulina había huido. Incluso anunciaban pistas en Salta, Jujuy y la Patagonia.

“En un principio fue el trato clásico en estos casos, tanto de las autoridades policiales como de algunos medios de comunicación. Me refiero a esas preguntas que buscan desviar la atención, como el ¿Por qué estaba en el lugar donde estaba?”, recuerda Alberto Lebbos, papá de Paulina a Canal Abierto. “Y la respuesta era simple: Paulina había ido a bailar como lo hacían miles de tucumanos, a una zona de boliches en el centro de la ciudad. Y otras preguntas repugnantes, como ¿Por qué andaba en pollera cortita? El planteo es nefasto. Mi hija era una chica adulta y libre de sus actos”.

Luego, tras años de estancamiento en la causa, el fiscal Carlos Albaca –también cómplice del encubrimiento- iría incluso más allá al poner en duda si el de Paulina no había sido un homicidio. “Lebbos tenía tendencia a las relaciones sexuales casuales, en ocasiones era ‘intrépida’ y capaz de emprender acciones temerarias”, aseguró en aquel entonces Albaca.

Encubrimiento y mentiras policiales

Por un lado, estuvo el entorpecimiento sistemático que la Policía de Tucumán encabezó durante la búsqueda de la joven y el cuerpo del delito. Desde la falsificación de actas, hasta la adulteración pruebas. Incluso presionaron a testigos.

En diciembre de 2013, Enrique García, Manuel Yapura y Roberto Lencina (comisario y policías de Raco en 2006) ya habían sido condenados por encubrimiento agravado. Durante el proceso, los ex policías declararon que Barrera y Brito habían dado la orden falsificar las actas. Además, acorde a otros testimonios, habría implicancia de Di Lella y Sánchez. En testimonios también se señaló que estos dos últimos, junto a Barrera y Brito, querían retirar el cuerpo de Paulina sin realizar pericias y sin mediar orden judicial.

“Lo más grave de todo es que la trama de corrupción continúa hasta lo más alto del poder político provincial. Muestra de ello es que a García (que además de este proceso penal tiene más de 20 sanciones en su carrera) lo premiaron con varios ascensos en la fuerza policial a lo largo de estos años”, recuerda Lebbos.

El brazo oculto de la justicia y la política

El fiscal Carlos Albaca estuvo a cargo de la causa desde abril de 2006 hasta 2013. Durante esos casi siete años la investigación no prosperó. Fue tan obscena la manipulación del integrante de la familia judicial tucumana que públicamente llegó a “no descartar” que el crimen de Paulina se haya tratado de una muerte natural que podía obedecer a, o bien un ataque de asma combinado con ingesta de alcohol y/o otras sustancias tóxicas, o a la práctica de la autoasfixia durante la masturbación o con una pareja.

“A raíz de los desastres que hizo en la causa, a este fiscal se le inició un sumario administrativo en el que se comprobó que había cometido una serie de delitos, entre ellos permitir que se deteriore y se echen a perder muestras de ADN que eran claves en la investigación. Este personaje, que contó siempre con la protección política de José Jorge Alperovich (ex gobernador de Tucumán y hoy Senador Nacional), logró el aval político para jubilarse y esquivar el juicio político”, cuenta Alberto Lebbos.

Sin embargo, el padre de Paulina siempre tuvo bien en claro que Albaca no podría haber actuado como lo hizo durante tanto tiempo sin la protección del Gobernador y del poder político tucumano: “Como lo sostuve siempre, detrás de este crimen hay alguien poderoso. Es la única explicación para tanto encubrimiento, para tener la causa totalmente paralizada durante tantos años. No tengo dudas de que Alperovich es el principal responsable de que el homicidio de Paulina haya estado tanto tiempo impune”.

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