Por Gladys Stagno | Para la filosofía, sabemos lo que pensamos que sabemos. Así, aquello que todos sabemos es una definición posible de “sentido común”. Y es a la construcción de ese sentido que se abocan todos los días los medios masivos de comunicación, entre otros aparatos ideológicos del Estado en términos de Louis Althusser.

Instalar, como parte del sentido común, que el triunfo de este domingo del candidato a gobernador del Movimiento Popular Neuquino (MPN) -con un arrasador 39,92%- constituyó un “alivio” para el gobierno de Mauricio Macri fue el trabajo matutino al que se dieron gran parte de los diarios, canales y radios de alcance nacional. Además, casi como una noción equivalente, la reelección de Omar Gutiérrez fue comentada como un respiro para “los mercados y los inversores” de Vaca Muerta, que en el discurso mediático siempre “temen” cualquier cambio de rumbo económico simbolizado por las fuerzas de oposición.

Pero el supuesto alivio y la relación entre la fuerza provincial y el oficialismo nacional no es tan evidente y lineal como pretenden Clarín o La Nación.

El candidato real de la lista de Cambiemos fue Horacio “Pechi” Quiroga, intendente de la capital e histórico del radicalismo local, que salió tercero cómodo con un escaso 15,13%, detrás del postulante de Unidad Ciudadana Frente Neuquino, Ramón Rioseco (26,6%).

Si bien es cierto que desde la Rosada decidieron, a último momento, respaldar de forma explícita a Gutiérrez al ver que Quiroga no medía, no es menos cierto que el MPN gobierna Neuquén desde 1962 y que la composición del voto de la fuerza local dista mucho de ser homogénea.

La forma en la actuarán los votantes del MPN en octubre, cuando se disputen las presidenciales, merece un desglose más complejo y menos evidente que el que los medios hegemónicos pretendieron construir esta mañana.

El MPN nació a la política con bases peronistas, como segunda marca local del PJ para escaparle a la proscripción que padecía el justicialismo en los sesentas. Pero una vez levantada la censura electoral, muchas ovejas no volvieron al rebaño y en cambio afianzaron una fórmula que les garantizaría el éxito hasta nuestros días: una fuerza local que defiende los intereses neuquinos, independientemente de los deseos de Buenos Aires.

Fuera de esa reivindicación de la localía, el perfil político del «votante MPN» es de lo más diverso. Hay emepenistas del interior provincial que aún recuerdan las políticas populares del exgobernador Felipe Sapag y otros que miran con simpatía que sus legisladores hayan acompañado todas las medidas antiobreras de Cambiemos en el Congreso. Los hay sin afinidad manifiesta hacia ninguna fuerza federal, y quienes festejan el triunfo de Gutiérrez pero sostienen que desde ahora comenzarán a trabajar “por una unidad mayor a nivel nacional, provincial y municipal, la más amplia posible para ganarle al macrismo en octubre”, como es el caso de Adrián Urrutia, secretario general del Movimiento x la Igualdad de Neuquén y activista LGBT.

La forma en la que actuarán los votantes del MPN en octubre, cuando se disputen las presidenciales, merece un desglose más complejo y menos evidente que el que los medios hegemónicos pretendieron construir esta mañana.

Se trata de unos nada despreciables 147.346 votos que, si bien eligieron no votar a la oposición al oficialismo nacional encarnada en Rioseco, tampoco votaron por el candidato macrista. Eligieron, eso sí, respaldar al mismo partido que votan desde hace casi seis décadas que, según entienden, interpreta a los neuquinos como nadie más sabe hacerlo, y que los hizo capear la crisis con bastante más hidalguía que en otras provincias.

Que nadie haya visto venir el triunfo del MPN -al menos en una forma tan contundente- habla más de cierta ineptitud de las encuestadoras que de la imprevisibilidad del electorado a nivel provincial. Lo que vayan a hacer los neuquinos y neuquinas en las elecciones nacionales deberá ser mejor medido los próximos meses pero algo es seguro: lo que votaron el domingo no es para Cambiemos, ni cerca, motivo de alivio… como los medios quieren que pensemos que sabemos.

 

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