Por Carlos Saglul | Aún cuando los grandes medios hegemónicos son “un monstruo grande que pisa fuerte”, a tal punto que son centrales para cambiar el sentido común de una sociedad en beneficio de quienes detentan el Poder (los grandes grupos económicos), hay posibilidad de rebeldía en sus redacciones, hay esperanza. Y así se ve peleando juntos a los trabajadores de medios estatales junto con los privados y los cooperativos, para insistir que la libertad de prensa no es decisión del mercado y la información un derecho humano sin el cual la democracia no existe.

Tomás Eliaschev, secretario de Derechos Humanos del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) presenta este viernes su libro “No nos callan nunca más”, una recorrida por la resistencia de los trabajadores de prensa en estos años oscuros, donde miles de medios cerraron y se multiplicaron los despidos.

Los grandes medios nunca reflejan la lucha de sus trabajadores. Aún a pesar de esa paradoja, ¿la rebelión es posible en las redacciones? ¿Tu libro habla de eso?

-Así es. El libro intenta poner luz sobre un aspecto muy poco conocido de la realidad de los medios que son las rebeliones que se producen dentro de las empresas periodísticas. En las redacciones se producen resistencias en contra de la prepotencia patronal, ya sea a la hora de defender las condiciones y los puestos de trabajo, como también para defender la libertad de expresión, pelear en contra de la censura y protestar ante las operaciones que realizan las patronales al servicio de la represión y perjudicar los intereses de los trabajadores. En “No nos callan nunca más” muestro varios de estos momentos, en los que se ve claramente cómo desde adentro de las redacciones se defiende la libertad de conciencia.

¿Cómo se ejerce la libertad de conciencia de la que habla el Estatuto del Periodista cuando se trabaja en un medio hegemónico que justamente está al servicio de la dominación, de moldear un sentido común que no cuestiona al sistema?

-La única manera de garantizar el cumplimiento de nuestros derechos es la organización colectiva. El ejercicio de la asamblea, la elección de delegados, la construcción de un sindicato, como lo es el SIPREBA, es la forma más efectiva de garantizar la libertad de conciencia. Si reclamamos en soledad, llevamos las de perder. Enfrentamos a patronales poderosísimas. En las empresas periodísticas privadas confrontamos con empresarios acostumbrados a definir cuál es la agenda periodística y a manipular las noticias. En los medios públicos nos toca resistir los embates de funcionarios que directamente quieren achicar a su mínima expresión a medios tan importantes para la vida democrática, para el ejercicio del federalismo y de la pluralidad de voces como son Radio Nacional, Télam y la TV Pública.

Nunca nuestro gremio tuvo tanto despedidos, ¿cómo se conjuga esta verdadera masacre laboral con el derecho a la información?

-Son momentos muy difíciles para el periodismo. Pareciera que sólo nos queda resistir para conservar las fuentes de trabajo que quedan en pie y preservar las condiciones salariales todo lo posible. El embate es fuertísimo. Empresarios y funcionarios unidos en la intención de ajustar y achicar todo lo posible. No muestran ningún respeto por el oficio periodístico. En ese contexto, sin embargo, vienen surgiendo resistencias colectivas en contra de la línea editorial de los medios. Son resistencias que no surgen desde afuera, sino desde adentro de los medios. En las entrañas del monstruo mass-mediático surgen voces contestatarias que no son individuales, sino colectivas.  Cuando el periodismo pareciera estar en riesgo son los trabajadores y trabajadoras de prensa organizados gremialmente quienes terminan garantizando el derecho a la información.  Esto se produce en medios diversos, como pueden ser Clarín y La Nación o Página/12. También sucede en los medios públicos. El libro tiene la intención de demostrar que los trabajadores de prensa no somos la línea editorial que imponen los dueños de los medios y los funcionarios de turno. Somos los principales defensores de la calidad periodística y de la multiplicidad de voces.

¿Cómo ves el tema de los medios alternativos, sobreviviendo la mayoría en las redes? ¿Está allí el último resquicio para la libertad de expresión y la comunicación de los sectores que tienen intereses opuestos a la clase dominante?

-Tal cual. Los medios comunitarios, autogestivos, populares, alternativos, contrainformativos, o como los queramos llamar, son medios en donde la noticia no es mercancía. Son estratégicos para garantizar la libertad de expresión de los ciudadanos de a pie, de los sectores populares y los trabajadores que no tienen recursos económicos para amplificar sus posiciones. Ante un panorama de crecimiento de los monopolios y de mercantilización de la noticia, los medios alternativos son una muestra de que se pueden hacer las cosas de otra manera. Y no hay porque pensar en alternativo como sinónimo de improvisado. En los últimos tiempos muchas de las mejores producciones periodistas surgen de este sector. Medios como Canal Abierto demuestran que se puede tener una agenda contra hegemónica y hacer periodismo de calidad. Además, tenemos que decir que los trabajadores de prensa en lucha nos constituimos en medios alternativos cuando tenemos que salir a difundir situaciones que son permanentemente acalladas por los medios tradicionales, como lo demuestran las experiencias del sitio somostelam.com o el #NotiTrabajadores de la TV Pública.

De todas las historias que componen “No nos callarán nunca más”, ¿cuál te marcó más?

-Por motivos personales, todo lo que sucede en la Editorial Perfil me toca muy de cerca. Una empresa que se dice liberal pero que persigue y censura.  Ahí tuve mi primera experiencia de militancia sindical, en la asamblea que dirigía el compañero Rubén Schofrin, recientemente fallecido. Este libro es un homenaje a militantes como Rubén, que durante muchos años sostuvieron la llama de la organización prendida cuando eran pocos los trabajadores de prensa que se comprometían. Para mi generación fue clave conocer a compañeros como él, que nos trasmitieron las luchas de otros tiempos. Además me marcó mucho estudiar algunos aspectos de nuestra historia, que tiene por lo menos un siglo. Recordemos que a fines de abril de 1919 se hizo un paro de una semana en el diario La Prensa. Periodistas, administrativos y obreros gráficos  se unieron para enfrentar a empresarios como Ezequiel Paz, un hombre que vivía en un palacio y promovía con su amigo Mitre, de La Nación, a las bandas parapoliciales de ultra derecha que perseguían judíos, comunistas y anarquistas. Hacía muy poco habían organizado pogroms antiobreros, en la Semana Trágica. En ese entonces, en las páginas del diario La Nación plantearon que la mera organización sindical de los trabajadores de prensa atentaba contra la libertad de pensamiento. Pareciera que hay muchos empresarios y funcionarios que siguen pensando igual. Se muestran como modernos pero son profundamente anacrónicos.

 

Foto: Radio Gráfica

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