Redacción Canal Abierto | En su conferencia de prensa de esta tarde, María Eugenia Vidal eligió el tono que mejor conoce. Esa mezcla de autoayuda con bondad amplificada que buscó amansar a las fieras electorales que no la eligieron con una vieja promesa que rescató de cuando Juntos con el Cambio era Cambiemos: “los vamos a escuchar”. Pero después, muy poco después, llegó Mauricio Macri. Y nos echó la culpa.

Pasadas las 16, desde la casa de Gobierno y sentado junto a su compañero de fórmula, Miguel Ángel Pichetto, Macri se mostró enojado. “Toda elección es un mensaje y nosotros lo escuchamos”, arrancó. Pero lo que prometía ser un discurso conciliador terminó muy pronto.

“Entendemos que los votos que no nos acompañaron representan una bronca acumulada de todo el proceso duro económico que hemos tenido que recorrer estos últimos tres años y medio, a partir del arranque de la herencia que recibimos que era realmente muy difícil”, sostuvo. Prometió hacer una mejor elección en octubre “que nos va a llevar a una segunda vuelta en noviembre para que le cambio continúe” y luego derrapó.

“Nos vamos a hacer cargo de toda las dificultades que ha generado esta elección, porque de la euforia que había en el mundo económico local e internacional el viernes a partir de encuestas que estaban equivocadas que decían que íbamos a tener un buen resultado, veíamos gente que venía a invertir, a apostar, a comprar empresa argentina, a traer dinero, generar empleo, oportunidades de progreso para todos –manifestó-. El día lunes, ante el resultado adverso al Gobierno y favorable al kirchnerismo, lamentablemente hoy hemos tenido un día muy malo, estamos más pobres que antes de las PASO, el dólar de vuelta volvió a subir con todas las consecuencias que esto tiene, pero también lo he instruido al equipo económico para que preparen todas las medidas necesarias para realmente cuidar a los argentinos”.

Y remató: “Si había muchos que estaban con bronca, a partir de lo que pasó hoy en los mercados, las cosas no van a mejorar, lamentablemente. Tenemos que entender que el problema mayor que tenemos hoy los argentinos es que la alternativa al Gobierno, la alternativa kirchnerista, no tiene credibilidad en el mundo. Debería hacer una autocrítica el kirchnerismo y tratar de resolverlo”.

La insistencia presidencial casi anacrónica de correrse de su rol oficialista y culpar a la oposición – a la que circunscribió, como en 2015, al kirchnerismo”- era recibida por Pichetto con una incomodidad evidente que trató de compensar oficiando de intérprete del primer mandatario. “El Presidente está en control”, afirmó para dar comienzo a su alocución, que en todo momento trató de mostrar un aplomo que la dupla no transmitía.

“Como presidente estoy acá para ayudar en lo que pueda, pero no es fácil porque ellos ya gobernaron entonces tienen que demostrar que van a hacer algo distinto que lo que hicieron antes”, manifestó en uno de los giros discursivos más insólitos de los que se tenga memoria.

La conferencia duró media hora con formulaciones diversas de la misma idea: una oposición irresponsable que debería hacerse cargo de la desconfianza que genera, una población negada a entender lo que el Gobierno le explica desde hace tres años y medio, y mercados inmanejables desde un Estado indefenso.

Finalmente, sobrevinieron las preguntas que giraron en torno a una autocrítica que el Presidente evitó hacer, a medidas concretas para revertir el descontento popular y con él los resultados que Macri no anunció, y a la endeblez institucional que el gobierno de Cambiemos deberá afrontar hasta diciembre. Incluso, fue inquirido sobre la posibilidad de adelantar la entrega de mando. Cada pregunta generó una crispación más notoria y una afirmación presidencial que amenaza con quedar en la historia como distintiva de su gestión: “La elección no sucedió”.

 

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