Por Agencia Andar | Alexis Eva llevaba ya casi dos horas declarando, cuando el presidente del Tribunal Oral Criminal 1 de Pergamino, Guillermo Burrone, lo interrumpió, le recordó que no tenía la obligación de decir la verdad porque declaraba como imputado y le pidió: “Yo no tengo ningún problema en estar tres horas escuchándolo, pero tiene que ser un relato coherente”.

El 2 de marzo de 2017, Eva era el oficial de servicio en la comisaría 1ª, fue quien dio la orden de engome y también la orden para cerrar con candado la reja que conecta el sector del imaginaria con los calabozos. Es la misma reja que todos los sobrevivientes declararon que siempre quedaba abierta cuando estaban encerrados en las celdas.

El juicio por la masacre de Pergamino tuvo su última semana de audiencia testimonial antes de los alegatos, que comenzarán el 24 de este mes. Hay seis policías imputados por abandono de persona seguido de muerte: el entonces comisario Alberto Donza y los agentes Alexis Eva, Brian Carrizo, Matías Giulietti, Sergio Rodas y Carolina Guevara. La semana pasada, los seis declararon frente al Tribunal Oral Criminal N 1 de esa ciudad.

Durante la declaración de los imputados, los abogados manifestaron que ninguno de sus defendidos iba a responder las preguntas que formularan las abogadas de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), Margarita Jarque y Carla Ocampo Pilla, que representan a cinco familias de las siete víctimas. Peor aún, Alexis Eva pretendió inculpar al organismo por el juicio y manifestó que la Comisión quiso traer a este tribunal el juicio por la masacre de Magdalena: «Esto es un copie y pegue de aquel juicio».

Sin embargo, sólo los policías Guevara y Donza accedieron a responder y, en el caso del resto, las preguntas fueron igualmente formuladas sin tener respuesta alguna de los imputados. Ante esta decisión de la defensa, el presidente del Tribunal llamó a la reflexión a los abogados defensores pero no logró cambiar la postura.

«Sin perjuicio del derecho que asiste a los imputados a no responder, entendemos que esa decisión agravia fundamentalmente a las familias víctimas, que quieren saber la verdad y siguen arrastrando el dolor por la pérdida violenta de sus hijos. Encima tienen que soportar que todos los imputados, en sus últimas palabras, deseen la justicia por esas madres e invoquen su dolor cuando -según lo que se escuchó en el juicio- no hicieron nada para evitar ese final», declaró Jarque.

Declararon por varias horas y contaron un relato de los hechos que casi en nada se condice con las declaraciones de los sobrevivientes, de los bomberos, de otros policías y que, incluso, desafía el resultado de las pericias.

Todos ubicaron a sus compañeros de fuerza haciendo las tareas de rescate, ayudando a los bomberos: “Si fuera abandono de persona, hubieran fallecido 19 y no 7 nada más”, llegó a explicar Brian Carrizo al final de su declaración. Lo que ninguno pudo responder es por qué murieron siete personas si hicieron lo que debían hacer.

El relato de los imputados parece razonado, unificado, sin embargo, surgieron de sus declaraciones varias dudas, baches, silencios y contradicciones. La razón parece obvia: hasta el momento, las pruebas en el juicio indican que entre el primer fuego y el momento que sacan a los detenidos de las celdas pasó, fácilmente, más de una hora; en cambio, para los policías todo fue muy rápido.

Todo rápido

A pesar del deber de garante y de poseer los medios operativos para evitar la masacre, los policías en sus declaraciones intentaron en todo momento evadirse de sus responsabilidades; en ese afán, la estrategia fue clara: poner la culpa en otro lado, empezando por las mismas víctimas.

Brian Carrizo era el imaginaria y fue el primero en observar la pelea entre dos detenidos, aunque según declaró “no pudo ver quiénes eran”. Después mandó un mensaje de celular al oficial de servicio Alexis Eva, que bajó de la comisaría junto a Rodas, Giulietti y personal de la Policía Motorizada. El mismo Eva señaló que, cuando llegan al patio, la situación ya había desaparecido, sin embargo dio la orden de engomar a todos. Cinco horas antes de lo habitual, en un día de mucho calor y cuando ya todo había pasado.

Las protestas por el engome fueron masivas, según declararon los sobrevivientes, pero los policías sostuvieron que sólo los detenidos del calabozo 1 se quejaron y los amenazaron. “Empiezan a insultarnos comienzan a pelearnos a Brian, a Giulietti y a mí. Que nos van a pinchar”, dijo Eva frente al Tribunal. Y después aclaró: “No veo elemento punzo cortantes”.

Tras el engome, Eva ordena cerrar con llave la reja que conecta calabozos con el sector imaginaria y dejar allí a dos personas: Carrizo y Giulietti. En sus declaraciones, los dos insisten que vieron cómo iniciaron el fuego adentro y arrojaron el colchón afuera, también dicen que tiraron agua para apagarlo, pero que desde adentro seguían arrojando cosas, que incentivaban esa conducta. Un intento por culpar a las propias víctimas.

Lo que sigue después de esta parte, es una sucesión de tareas de rescate que, hasta el momento, nadie en el juicio había mencionado. Todos los sobrevivientes recordaban con claridad que, cuando empezó el primer fuego, los policías se fueron y los dejaron solos, que nadie los auxilió a pesar de estar mucho tiempo gritando y pateando las rejas.

Ni Carrizo ni Giulietti pueden hacer un relato temporal de este hecho, ni el tiempo de desarrollo del fuego: en un momento estaban apagando el fuego con botellas de agua y al siguiente pidiendo que los saquen: “Estábamos en el suelo, no podíamos más”, declaró Carrizo. Y Giulietti agregó: “Nos acercamos a la puerta de salida, veo a Rodas y le pedimos por favor que nos sacaran”. Con la orden del comisario Alberto Donza, Eva le entrega las llaves a Rodas que abre la puerta y los saca.

Rodas dijo que regresó las llaves a Eva pero se las pidió nuevamente: “Dame la llave que voy a intentar sacar ese maldito colchón”. En su declaración, Eva también lo confirma: “Quiere ingresar y se pierde en el humo y le digo dame que yo pruebo pero el humo quemaba, trato de llegar a la llave y no puedo”.

Después, en el relato que fueron construyendo los policías, aparece el único auxilio que algún detenido pudo comprobar: deciden ingresar por la parte delantera de la comisaría a mover a los detenidos en la celda 6 hacia el pasillo de contraventores. Y vuelven a salir al patio, allí es donde lo ubican en todo momento las declaraciones de los sobrevivientes: estaban mirando el fuego, ninguno tenía signos de sofocación ni de haber efectuado tareas de rescate.

“Ellos pensaban que teníamos baldes de agua, matafuegos y nosotros no teníamos nada de eso”, se excusó Carrizo. Por qué no usaron ni buscaron matafuegos fueron preguntas recurrentes de la parte acusadora. Rodas dijo que nunca vio uno; Giulietti tampoco, que sí había en 2015. Eva dijo que la semana anterior había constatado la falta de matafuegos y Guevara que no vio o “que quizá no llegó a verlos por el humo”.

Sin embargo, este relato fue derrumbado por el comisario Alberto Donza: “No tengo presente el número exacto de matafuegos: eran 5, pero dos estaban inutilizados, había un faltante y otros 2 que eran recargados”. Ninguno se usó.

Como un shopping

Carolina Guevara fue la primera de los seis imputados en declarar. El día de la masacre, Guevara estaba en la oficina de guardia cuando se entera que había peleas en un calabozo. Recordó que pasaron entre 20 y 30 minutos hasta que empezó a oler el humo, casi en el mismo momento que Eva entraba a la oficia “corriendo” para que llamen a los bomberos.

Durante su declaración, recordó que llamó tres veces y no se pudo comunicar, después decidió llamar a Bomberos de la Policía y, finalmente, pudo hablar con Bomberos Voluntarios y les dijo que “había un incendio en los calabozos”. En su momento, los bomberos declararon que la voz femenina que llamó al cuartel no hablaba de incendio sino de motín.

En la semana anterior de juicio, los bomberos declararon que no vieron a los policías en actitud de haber auxiliado a las víctimas y que demoraron en abrir la reja que conecta el sector de imaginaria con los calabozos: “Nos decían que las llaves estaban perdidas, pero que ya las encontraban”. La reja cerrada todo ese tiempo les impidió apuntar de manera directa sobre el fuego.

En el momento del incendio, había dos juegos de llaves en la comisaría: uno lo tenía el oficial de servicio Alexis Eva, el otro el comisario Alberto Donza. Según el relato policial, las llaves nunca faltaron sin embargo en sus mismas declaraciones parecen contradecirse: “Me encuentro con un jefe del GAD  y le doy la llave y después un bombero me pide la llave”.

Sobre el tiempo que se puede haber perdido, Donza agrega un dato más: “Mis llaves estaban en el privado, que es donde yo duermo. En un momento escucho que un bombero le grita a Eva y le pregunta por las llaves, voy a buscarlas y se la doy a Hamué para que se las alcancé”.

A diferencia de lo que sostuvieron los bomberos, los policías declararon que en todo momento ayudaron el trabajo de ellos y señalaron específicamente a Brian Carrizo y Matías Giulietti colaborando con el ensamble de la manguera.

Los imputados fueron aún más allá e intentaron, en sus declaraciones, cuestionar el trabajo de los bomberos, describieron maniobras torpes y lentas, que demoraron en tirar la manguera, en preparar sus equipos y en darle presión al agua. Otro intento por alejar la culpa de ellos.

“Viene un bombero caminando, como declaré en su momento, como si fuera un shopping, como de paseo”, llegó a declarar Rodas. Y cerró: “Si hubieran trabajado con profesionalismo se podría haber evitado”.

La culpa hacia arriba

El comisario Alberto Donza fue el último en declarar; sus compañeros de fuerza imputados siempre lo ubicaron en el lugar de los hechos haciendo llamados con las autoridades y dando directivas. También se disculparon por haber declarado en su contra, mientras estuvo prófugo, por recomendación del primer abogado que los representó. Donza estuvo prófugo durante 13 meses, pero frente al Tribunal aseguró que siempre quiso “estar a derecho”.

Desde el momento de los lineamientos, la defensa de Donza señaló que no había delito culposo y advirtió sobre las responsabilidades funcionales por lo ocurrido. La declaración del comisario siguió esa estrategia. “Desde que asumo me encuentro con una comisaría con poco personal y de baja jerarquía. Tenía exceso en cantidad de detenidos permanentes, mandé notas al juzgado de garantías, pero la cantidad de detenidos no los dispongo yo”. También remarcó que había colchones comunes y que había pedido por escrito que le envíen colchones ignífugos.

El 2 de marzo de 2017, Donza declaró haber llegado alrededor de las 17:30 a su despacho; cuando se enteró de la pelea, no bajó a la zona de calabozos sino que se dirigió a hablar con el Jefe departamental Rubén Rojo: “Era el único que podía trasladar a un detenido”. Otra vez, el relato apunta hacia los superiores.

En más de un momento de su declaración, llamará la atención sobre la ausencia de Rojo y del jefe distrital Carlos Caporale. El primero nunca fue, el segundo llegó varias horas después. Sobre su propia responsabilidad, como máxima autoridad de la comisaría, se limitó a decir que tenía “un techo operativo”.

“No me reprocho nada de lo que hice, llamé a todas las personas que podían venir a ayudar. Y mi personal a cargo realizó todo lo que estaba a su alcance para sacar a los internos”, dijo. Y agregó: “No contábamos con los materiales para combatir un fuego de esa magnitud”. Lo que sigue sin responderse es por qué no intervinieron cuando el fuego recién se inició.

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