Redacción Canal Abierto | “A medida que avanzamos en la investigación confirmamos que en un Estado de derecho sería insostenible su detención y debería ser liberado de inmediato. Todo es arbitrario, todo está contra derecho, pero es una dictadura y las cosas funcionan con una lógica distinta que en una democracia”, explica Hugo Molares, padre de Facundo Molares Schoenfeld.

Facundo tiene 44 años y es el fotoperiodista argentino, militante revolucionario, que la dictadura que derrocó a Evo Morales mantiene cautivo como chivo expiatorio, acusándolo de ser parte de un plan terrorista del ex presidente boliviano, en coordinación con las FARC, Cuba, y Venezuela. Si bien el guion de los golpistas carece de originalidad alguna, alcanza para poner en serio riesgo la vida de Molares.

Luego del golpe de Estado, durante las extendidas jornadas de protesta, se produjeron enfrentamientos en el puente de Monteros, cerca de Santa Cruz, entre grupos paramilitares, y los movimientos sociales. Facundo estuvo cubriendo esos episodios. Días después se descompuso, un grupo de compañeros lo llevó al Hospital Japonés de Santa Cruz de la Sierra el 11 de noviembre, y allí comenzó su calvario. Primero quedó en coma inducido. Luego, cuando su padre, un juez chubutense, llegó a buscarlo, completaron la identificación y su pasado como integrante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia sirvió como excusa para armarle una cusa por homicidio y terrorismo, involucrándolo en los hechos de Monteros.

La dictadura amenazó a Hugo y a su pareja, que tuvieron que abandonar Bolivia temiendo por su vida. Ahora Facundo está preso en el penal de Chonchocoro, a  tres horas de La Paz, en una zona olvidada en el olvido. Basta guglear ese nombre para tener una idea de la peligrosidad del lugar. Cumple un régimen de aislamiento por el cual comparte un calabozo con otros ocho presos y solo puede salir media hora por día al patio.

Padece una insuficiencia renal crónica, hipertensión arterial, un edema pulmonar, anemia, traumatismo de cráneo, encefalopatía urémica, y esta perdiendo la vista del ojo derecho, supone, por una complicación que le trajeron unos perdigones que tiene alojados en la cabeza desde muchos años antes de llegar a Bolivia. Así y todo, la atención medica es escasa, lenta y deficiente. El ingreso del coronavirus al penal podría significar una sentencia de muerte para él. Si bien en Argentina su caso ha sido tratado en medios de todo tipo, no tuvo la difusión que tiene en Bolivia, donde la prensa dominante adicta a la dictadura se ha encargado de estigmatizarlo y demonizarlo hasta el ridículo (ver video). Hace algunos días, por fin, le permitieron algunas visitas y una llamada telefónica a su padre, que ahora conversa con Canal Abierto

¿Cuál es el cuadro de la salud de Facundo?

– De ánimo esta entero, esta fuerte, pero falta hacerle una tomografía computada que la están dilatando, y otros análisis. Lo llevaron una sola vez al hospital donde le hicieron un chequeo pero quedaron pendientes nuevos estudios y revisaciones, pero se hace todo con mucha displicencia, con mucha pachorra y mucho burocratismo.

Este maldito virus nos está jodiendo la vida a todos, pero esto repercute más fuerte en las personas que están privadas de la libertad. Allá habrían dictado la cuarentena obligatoria, lo que es positivo porque cualquier virus que entre en una cárcel es catastrófico, pero por el otro lado quedan aislados del mundo. Parecería que la lógica de estos tiempos es elegir entre los males menores. A pesar de sus problemas, Facundo esta entero, optimista, con ganas de luchar y vivir.

 ¿Cómo sigue la situación jurídica?

– Se están ocupando la defensa oficial, un estudio que está haciendo la investigación, y abogados de derechos humanos que están colaborando. Es complicado por el estado de excepción que vive Bolivia. Tenemos que unir todo esto en un sistema judicial que está absolutamente envenenado por la política actual. Somos optimistas, pero con reservas, conscientes de que esto nos va a llevar un tiempo porque hay que luchar contra el monstruo de la dictadura.

Realmente Facundo tuvo mala suerte, cayó con una enfermedad en el peor momento y en el peor lugar, él ya tenía planeado el regreso a la Argentina para la semana siguiente, si la descompensación se le hubiese manifestado una semana después, ahora estaría internado en nuestro país sin ningún contratiempo.

Pero cayó en ese lugar y de acuerdo a su pasado aprovecharon para inculparlo de todo lo que podían, eso consta en la causa, en la cual no tiene pruebas, se basa todo en su pasado, en su actividad política anterior, no tienen testigos, nadie lo menciona, esta todo basado en presunciones y en supuestos, jurídicamente es una causa que se podría destruir tranquilamente, por infundada y manipulada, pero nuestra esperanza era que Bolivia se normalice políticamente el 3 de mayo, ahora hay que ver cómo sigue…

¿Hay gestiones abiertas para conseguir su repatriación?

– Con Çancillería esta todo planchado por la decisión de no tener relaciones diplomáticas con Bolivia hasta que no regularice su situación institucional, y con el consulado estábamos gestionando un viaje de juristas argentinos pero está todo suspendido porque están repatriando a los que están en el exterior y están sobrepasados con ese tema.

¿Qué le genera que el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia lo haya mencionado en su documento por el 24 de marzo?

– Me emociona y me justifica en la lucha, porque estamos rememorando un aniversario del comienzo de la peor dictadura de la historia argentina, y la desaparición de 30.000 compañeros, y el caso de Facundo, salvando la distancia en el tiempo, es la causa de los compañeros que cayeron presos en los 70, secuestrados, torturados, asesinados. Yo podría ser hijo de Hebe o de Norita, por una cuestión etaria y porque fui un militante en los 70s, primero estudiantil y después sindicalista, y no hay diferencias entre Facundo y aquellos compañeros, así que me resulta coherente y se los agradezco.

¿Qué es lo que le gusta que se conozca de su hijo?

Facundo es un militante, una persona inquieta y preocupada por lo que le pasa al prójimo, eso lo llevó a estar siempre  comprometido, es una persona que no tiene ningún tipo de interés material, no tiene nada, no es dueño de nada, lo único que tenía era la cámara y el celular pero las perdió en Bolivia. Es alguien completamente desprendido y jugado, es mi hijo y yo me siento muy orgulloso…

Pese a todo él se mantiene entero en su ánimo, y no han conseguido que se doble, está bien, pero tengo mis serios temores por su salud, él es un paciente de mucho riesgo.

 

Facundo Molares se recibió de Perito Forestal, es fotógrafo y periodista de análisis político de la revista digital Centenario. Nació en San Miguel, provincia de Buenos Aires. Militó en la Fede y en el PC, y luego recorrió varios países de Latinoamérica apoyando sus luchas políticas y sociales. Como miembro de las FARC participó de las gestiones por los Acuerdos de Paz con el gobierno de Juan Manuel Santos. Luego siguió viaje hasta Bolivia.

Hace algunos días Claudia Korol, referente de Pañuelos en Rebeldía y periodista del sitio Marcha.org, pudo visitarlo en la cárcel. A ella le contó: “Mi viejo me dijo hace muchos años que todos los luchadores revolucionarios caen alguna vez en la cárcel. Ésta es una prueba más”.

 

Entrevista y texto: Leo Vázquez

Foto: Nora Cortiñas / Facundo Molares, gentileza Hugo Molares.

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