Por Gonzalo Manzullo y Mariano Vázquez | Corea del Sur fue señalada a nivel mundial como uno de los países con mejor respuesta al COVID-19. En esta entrevista exclusiva, Ryu Mikyung, directora de Relaciones Internacionales de la KCTU, la central obrera más grande de esa país, indaga con precisión en las acciones estatales en esta crisis, la falta de cooperación entre los países, la situación de la clase trabajadora y la necesidad de un empoderamiento político del sindicalismo para ser un agente de transformación.

Corea del Sur es señalada en el mundo como un ejemplo en el control del coronavirus, ¿Cuál es al respecto la posición de la KCTU?

– El gobierno ha anunciado que interrumpirá las medidas de distanciamiento social estricto para dar lugar a una “vida cotidiana de cuarentena” a partir del 6 de mayo. Esto significa que mientras las precauciones personales de higiene y las prácticas de distanciamiento social continúan vigentes como hasta ahora, los sitios públicos como parques nacionales, museos, teatros, auditorios y centros deportivos, hasta ahora cerrados, van a reabrirse gradualmente. Las escuelas comenzarán un nuevo semestre dentro de dos semanas. Durante los últimos 17 días, las cifras diarias de casos confirmados no superan la docena. Las autoridades sanitarias creen que pueden lidiar con el COVID-19 con la capacidad de atención disponible mientras la tendencia continúe de esta manera.

De todos modos, el control de la enfermedad no se logró desde el principio. A principios de marzo, Corea era el segundo país en número de casos confirmados (4.200) luego de China (80.000). Antes de que el paciente número 31 fuera identificado fue posible rastrear el origen de la infección por medio de la investigación de los contactos de aquellos infectados. Luego, cuando la infección por contactos estrechos se convirtió en transmisión comunitaria en las ciudades de Deagu y Gyoungbuk a través del primer agrupamiento masivo de personas (por una secta religiosa secreta llamada Shincheonji), los hospitales de la región colapsaron. En algunos trágicos casos, las personas tuvieron que esperar largo tiempo para ser hospitalizadas y murieron en sus casas durante la cuarentena auto impuesta. El presidente Moon Jae-in realizó una declaración urgente afirmando que el coronavirus se terminaría el 13 de febrero, cuatro días ante de que el número de casos confirmados se incrementara exponencialmente.

Es decir, subestimaron los alcances del coronavirus.

– El 20 de febrero Moon invitó al director de cine Bong, Joon-ho, ganador del Óscar, a la oficina presidencial para celebrar públicamente el logro. Ese mismo día, se reportó el primer caso fatal de COVID-19. El líder del Estado falló en advertir la extrema gravedad de la epidemia y confió en que la población estaría lista para tomar las medidas de cuarentena necesarias. En esa situación, los grupos más vulnerables no fueron adecuadamente protegidos, y se generaron otros focos de infección y contagio como con los trabajadores de call centers precarizados y personas en pabellones psiquiátricos u hospitales de cuidado.

Las autoridades sanitarias y gobiernos locales abusaron del acceso y difusión de datos personales de los pacientes de COVID-19 a través de sitios web, mensajes de texto y redes sociales, de modo que los pacientes sufrieron no solo la enfermedad sino también el escarnio, burlas y odio en el discurso público contra ellos. De hecho, la Comisión Nacional de Derechos Humanos criticó fuertemente estas prácticas y la política de dar publicidad a los itinerarios de los pacientes confirmados, que luego fueron modificadas por el gobierno.

Las autoridades de salud de Corea aprendieron con severidad las lecciones de la traumática experiencia de lucha contra el fatal MERS-CoV en 2015. Allí se reveló la importancia de la divulgación pública de información, la alerta temprana y los diagnósticos precisos. El testeo elevado y el aislamiento meticuloso de los casos a través del rastreo de contactos hizo posible para Corea aplanar la curva del COVID-19 en un momento relativamente prematuro.

De todas maneras, el sistema de salud, frágil para contener las infecciones, debe ser mejorado. Desde aquellos hechos en 2015, el número de hospitales dedicados a enfermedades infecciosas, las salas de aislamiento de presión negativa (especiales para infecciones altamente contagiosas), centros de salud comunales y personal médico no han aumentado.

¿Cómo evalúa el resultado de las recientes elecciones en Corea en la que el oficialismo obtuvo una victoria contundente en el medio de la cuarentena?

– El gobernante Partido Democrático de Corea obtuvo 180 bancas en la Asamblea Nacional sobre un total de 300. Se trata de una victoria aplastante para ellos. Pero su modelo es más el de un gobierno demagógico que el de una democracia liberal. Su agenda política y visión económica no está basada en el Estado de Derecho y el imperio de la ley. El gobierno frecuentemente ha marginado a la Asamblea Nacional cuando se trata de decidir respecto a asuntos controversiales y ha atacado a la oposición política. También han hecho uso de procesos judiciales para resolver asuntos que podían arreglarse mediante la política y la diplomacia.

El gobierno no se cansa de repetir consignas. Que nacieron de la Revolución de las Velas (cuando en 2016 más de un millón de coreanos se manifestaron cada semana durante dos meses, recordando los tiempos de la lucha contra la dictadura en 1987, para destituir a la presidenta Park acusada de corrupción), o que su gobierno respeta los derechos laborales. Estas frases rimbombantes no representan con fidelidad lo que ocurre. Nunca implementó algunas de sus promesas electorales, como la ratificación de los convenios fundamentales de la OIT para la libertad de asociación y la reducción de la jornada laboral. Pero el gobierno se benefició del decrecimiento de casos diarios de COVID-19 mientras que la situación en otros países empeoraba. Durante el periodo de campaña electoral no hubo otros temas en la agenda y la oposición no supo revertirlo.

¿Y cuál fue el rol de la KCTU en la elección?

 

– El elemento al que debemos prestar atención es el hecho de que la estrategia de empoderamiento político de la clase trabajadora al que apunta la KCTU ya no se muestra valido. Para esta última elección, la KCTU sugirió a sus miembros elegir con su voto alguna de las opciones representada por los tres partidos políticos progresistas. Entre ellos, únicamente el Partido de la Justicia obtuvo seis escaños en la Asamblea Nacional, y los otros dos partidos fallaron al no superar el umbral del 3% de aprobación necesario para obtener escaños. Por eso la KCTU debe reinventarse como fuerza política alternativa capaz de cambiar la sociedad.

¿Cuál es la visión de la KCTU ante el panorama laboral antes y después de la pandemia en Corea? ¿Qué exigencias están llevando adelante?

– Las autoridades de salud y toda la sociedad coreana pusieron el máximo esfuerzo para contener el COVID-19. A pesar de ello, irónicamente, mientras muchos lugares de trabajo interrumpieron sus actividades, los trenes y subterráneos redujeron su horario de funcionamiento y muchos trabajadores enfrentaron la suspensión y el cierre de sus lugares de trabajo por la contaminación y en prevención ante el virus; los accidentes de trabajo industriales siguieron ocurriendo. Desde el 1 de enero al 15 de abril, 177 trabajadores murieron trabajando. Es intolerable que un incendio en una obra en construcción tomara 38 vidas el 29 de abril. Detrás de escena de las medidas para el distanciamiento social contra la pandemia, los trabajadores han muerto por caídas, sofocamiento y explotación en sus trabajos. Los accidentes industriales fatales se concentraron en empleos precarios y atípicos, que se encuentran en el punto ciego de las medidas de protección y prevención de higiene y seguridad en el trabajo. Corea tiene la tasa más alta de accidentes fatales en la industria a nivel mundial. Cada año, cerca de 2400 personas mueren trabajando.

La distancia entre América Latina nos haría pensar que estas situaciones de precariedad no suceden en Corea del Sur…

– Se reconfirma que los trabajadores precarios y los empleos atípicos son los más vulnerables en tiempo de crisis. En marzo el desempleo se incrementó alcanzando a cerca de 225.000 nuevas personas, centradas mayormente en el sector hotelero y gastronómico, educación, entretenimiento, recreación y deportes. Esto es resultado directo de las medidas establecidas para el distanciamiento social. Aunque el gobierno introdujo medidas temporales de soporte para favorecer el mantenimiento de los puestos de trabajo, la mayoría de los trabajadores que poseen empleos atípicos enfrentan la pérdida del ingreso y el empleo porque están por fuera de las redes de contención.

En esta situación, la KCTU está enfocada en la introducción de medidas de protección de emergencia para quienes aún están desamparados. Entre otras medidas, estamos demandando que los contratantes principales, la mayoría de los cuales son chaebols (un tipo de conglomerado empresarial familiar típico), deben responsabilizarse de la seguridad e higiene laboral de los trabajadores empleados a través de esquemas de subcontratación múltiple y cadenas de valor. Bajo esta crisis de salud y empleo por la pandemia, exigimos la preservación de empleos como el requisito innegociable para cualquier apoyo y asistencia del gobierno hacia las empresas, y esto debe incluir a los trabajadores en relaciones de empleo o contractuales trianguladas.

¿Qué visión tienen del futuro cercano en el escenario pospandémico?

– La pandemia del coronavirus reveló los defectos congénitos del capitalismo. Es momento de que el movimiento sindical global emprenda nuevamente el desafío para transformar la sociedad capitalista. Parece claro que el sistema no es más sustentable. Primero, ante la pandemia, los gobiernos se volcaron a una respuesta anti-globalización antes que hacia la solidaridad y cooperación internacional. Cada gobierno cerró unilateralmente sus fronteras y causó una confusión masiva.

Los políticos culparon a los demás países por la difusión del virus. Trump calificó abiertamente al COVID-19 como el “virus chino” mientras en China se difundió la teoría conspirativa de que Estados Unidos creó el virus. Cada gobierno buscó montar una barrera comercial para proteger su propia economía como prioridad. En esta tendencia anti-globalización, los países menos desarrollados o en crisis enfrentarán los impactos más graves. En muchos estados, las tasas de desempleo se disparan por la cuarentena y el aislamiento, mientras que la calidad de los empleos se deteriora. La deuda pública y privada se incrementa amenazando el desarrollo sostenible.

Para hacer del mundo luego del COVID-19 un mejor lugar, y no peor, el movimiento trabajador internacional debe fortalecer su capacidad y poder para ser agente de transformación.

 

Publicado originalmente en CTA Autónoma Internacional 

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