¿Hasta qué punto nuestro sentido común ciudadano funciona de acuerdo a una percepción policial de las relaciones sociales? Las sociedades modernas impusieron a la institución policial no sólo como un inevitable mal menor ante la posibilidad del “caos”, sino como una condición de convivencia ante la inherente agresividad individual y grupal. Cada vez que las instituciones se desdibujan o se nos presentan en su real precariedad, dos tendencias parecen irreductibles: hay quienes corren por derecha a la propia policía revelando un deseo policial, mientras que existe la posibilidad de un cuestionamiento serio a los fundamentos mismos de la policía, de su necesidad y del deseo que la sostiene.

Un diálogo entre Esteban Rodríguez Alzueta*, Bruno Nápoli** y, nuestro habitual animador, Ariel Pennisi.

 

El disparador de este Pensando la cosa / En el fin del mundo fue el video institucional de la Policía de la Ciudad que compartimos a continuación:

Algunos destacados:

Esteban Rodríguez Alzueta: “Hemos visto también algunas publicidades de YPF, cerveza Quilmes, que uno nunca sabe si se está jugando el Mundial ’78, o si estamos yendo a la guerra de Malvinas o estamos enfrentando el coronavirus, porque hay un tufillo medio malvinero que intenta reclutar adhesiones movilizando una moralidad dudosa, o que por lo menos a la Argentina siempre le ha costado muy caro.”

“Esta publicidad la leería al lado de esas otras publicidades que intentan volver sobre un imaginario para masajearnos y construir consensos anímicos, consensos químicos fáciles para ensayar una respuesta social que no deja de ser un problema, porque no están hechas de amistad y confianza sino como respuesta a un enemigo. Se construyen estas uniones sobre la base de una enemistad.”

“Detrás de esa sonrisa electoral, de esa sonrisa cerveza Quilmes hay un enemigo del cual tenemos que cuidarnos.”

“Es vigilar y delatar. Allí donde no llega el Estado estamos los vecinos mirando al otro por la mirilla de la puerta, escuchando a través de las paredes. La delación ha sido premiada y transformada en un deber cívico correcto en estos días.”

Esteban: “La vigilancia la practicamos a diario sin darnos cuenta. En las redes sociales también nos movemos como patrullas morales, testeando a nuestros conocidos y amigos y cuando alguien se corre de nuestro canon, del canon que organiza nuestro microuniverso en el que nos movemos, cuando alguien se corre de lo políticamente correcto, vamos al muro y lo fusilamos, lo escrachamos, vamos al muro y lo delatamos y lo reportamos frente a las autoridades del mercado y luego gozamos de los like que vamos reclutando.”

“(En las redes, como espacio público) si uno se va corriendo de lo políticamente correcto todos estamos expuestos a la vigilancia, a la delación, al escrache y a la expulsión.”

 

Ariel Pennisi: “Lo que veíamos con preocupación era esta continuidad y a veces reversibilidad, entre la conducta del vecino y el policía, donde hay esta promiscuidad vecino – policía, que la publicidad parece retomar, ahora sos vos el que tenés que acercarte… El buen vecino y el policía.”

 

Bruno Nápoli

Bruno Nápoli: “Los gobiernos se pasaron de rosca con el discurso del miedo. Existía desde antes: te roban en cualquier lado, te matan por un celular, te matan por un par de zapatillas… el discurso de denunciar al de al lado también estaba. A esta altura del año tenemos muchos más muertos por un montón de motivos, sobre todo por la pobreza, pero parece que a lo único que hay que tenerle miedo es al coronavirus. A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo.”

 

Esteban: “La propaganda del gobierno de la Ciudad viene apelando desde hace tiempo no al ciudadano sino al vecino. Es la figura política despolitizada que tiene en la cabeza el macrismo para desautorizar y descalificar a la política. El ciudadano sólo es tenido en cuenta con cuestiones que tienen que ver con la recolección de la basura, o un robo, o sacar al ciruja que está durmiendo en su puerta.”

“Este maridaje policía-vecino es resultado también de las políticas de tolerancia cero, porque redefinieron el rol de las policías a partir de la redefinición de su objeto: policías que ya no están para perseguir el delito sino para prevenirlo. Prevenirlo implica demorarse en aquellas pequeña conductas colectivas que, si bien no constituyen un delito, estarían creando las condiciones para que el delito tenga lugar. El objeto de las policías son determinadas sensibilidades, conductas asociadas a determinados colectivos de pares dueños de determinados estilos de vida o pautas de consumo que los vecinos van referenciando como problemáticos.”

Para que la tolerancia cero funcione necesita participar a la comunidad en las tareas de control, son los vecinos los que tienen que estar alerta y mapear la deriva de ciertos colectivos de pares que tanto miedo inspiran.”

Esteban: “No hay olfato policial sin olfato social. Detrás de las detenciones sistemáticas por averiguación de antecedentes está ese imaginario social que activa pasiones punitivas. Las palabras filosas que los vecinos van tallando cotidianamente para nombrar al otro como problema, al otro como peligroso, no son inocentes, tienen la capacidad de hacer daño porque generan vergüenza, porque humillan y además crean las condiciones para que las policías estén en los barrios con los pibes de una manera hostil.”

“La figura del héroe es una figura que en la formación policial la traen al ruedo para cascotear al civil que llevan adentro, para construir un nuevo self policial, para que la policía luego se piense como separado y separabale del resto de la sociedad.”

“La palabra de un ministro es una palabra que tiene la capacidad de hacer cosas ’con las palabras’. Los funcionarios como Berni -que da una arenga frente a los policías diciendo que no es tiempo de flojitos ni de librepensadores, y que es el momento de aplicar la ley con toda su dureza- o Marcelo Sain en Santa Fe hacen declaraciones muy irresponsables. Porque estos dichos blindan esas prácticas, le aportan legitimidad a determinados abusos policiales. Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos.”

 

Bruno: “Los policías no son trabajadores como los demás. Hay una exigencia donde no se los trata como trabajador. No tienen las mismas condiciones ni sindicales ni laborales que cualquier otro trabajador. No se les respetan las horas de trabajo, ni los días, ni las licencias. No son las mismas condiciones de cualquier otro trabajador de la economía.”

Esteban Rodríguez Alzueta (Foto: Revista La Pulseada)

Esteban: “Hay que poner en crisis ese imaginario social que activa esas pasiones punitivas. Las tareas no empiezan ni terminan con una reforma policial. Si detrás del hostigamiento policial está la estigmatización vecinal son tan importantes las reformas como poner en crisis esos sentidos comunes que nutren las prácticas abusivas.”

“Los policías saben que aquello que dijo Bullrich en su momento, de la doctrina Chocobar, o lo que puede decir un funcionario puede costarles demasiado caro. Porque si ellos desenfundan un arma y la disparan, y si ese caso toma estado público, nadie los va a acovachar ni salvar y que el garrón se lo van a comer ellos. Este tipo de declaraciones siembran de pistas falsas todo el quehacer. Los policías también tienen problema con este tipo de propaganda políticas.

“Es importante ver qué hacemos con el policía que llevamos adentro. Cómo deconstruimos a ese vecino alerta, como deconstruimos esa cultura de la vigilancia y la delación que nos lleva a pensar al otro con lejanía, que nos lleva por el camino de la enemistad. El desafío es cómo construimos políticas de la amistad, cómo construimos ayuda mutua, otro tipo de políticas de cuidado que nos permitan estar atentos al otro y no distantes.”

 

Esteban Rodríguez Alzueta*:
Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC (Laboratorio de Estudios Sociales y Culturales – https://www.lesyc.com/) y la revista Cuestiones Criminales. Autor, entre otros libros, de Temor y controlLa máquina de la inseguridad y Vecinocracia: olfato social y linchamientos.
Bruno Napoli**:
Historiador, docente, Ensayista, Archivista (Untref) e Investigador en Economía y DDHH. coordinó la Oficina de DDHH de la Comisión Nacional de Valores, colaboró con la desclasificación de las “Actas de las Juntas Militares” con observación en las decisiones económicas de dicho acervo documental, en el Ministerio de Defensa de la Nación. Es autor de En nombre de mayo (Milena Caserola) y coautor de La dictadura del capital financiero (Red Editorial – Quadrata y Peña Lillo), entre otros.

 

Especial de Revista Ignorantes | Ciudad Policía

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