Redacción Canal Abierto | Te amo, te odio, dame más. Aunque seguramente Donald Trump jamás haya escuchado a Serú Girán, esa frase de Peperina parece haber sido su slogan esta semana si se toman sus expresiones en relación con uno de los temas que lo obsesionan desde que se lanzó a la aventura presidencial: el gobierno de Venezuela.

Una serie de idas y vueltas vía Twitter dieron la impresión de cierta ambigüedad en relación al presidente Maduro y al autoproclamado presidente Juan Guaidó, a quien la Casa Blanca venía dando legitimidad en el trato con el país bolivariano. Por un lado, tomó distancia de Guadió al tiempo que afirmaba que estaba dispuesto a entablar una reunión con Maduro. Pero esta aparente tregua fue rota a través de un tweet planteando que la reunión la tendría para acordar los términos de la salida del presidente del Palacio de Miraflores.

Consultado por Canal Abierto, el sociólogo y analista político radicado en Venezuela Marco Teruggi analiza esta rayuela político discursiva dentro del contexto de la campaña electoral, en la que el presidente estadounidense se juega su reelección a fin de un año que no le ha sido propicio. «El país se le dio vuelta en lo sanitario, en lo económico y en las protestas. Las encuestas no le dan bien, entonces creo que lo último que va a hacer es ponerse a improvisar y ver como se hunde un poquito más en su plan para la reelección. Así que hay que situar que lo que hace está pensado en eso», señala el analista.

“Lo que él dijo me parece que tiene un condimento muy grande de lo político mediático. Trump es una persona que sabe  jugar con la expectativa, con el escenario, con la carta inesperada y hacer que todos lo miren a él, generar una inmensa especulación con una noticia mundial para finalmente regresar al mismo punto diciendo que está con Guaidó y que si se reúne con Maduro es para que se vaya del poder”, agrega.

Los malabares discursivos de Trump se dan en un momento en que su relación con Venezuela y Maduro estaban en las marquesinas de la información a raíz de la aparición de The room where it happened, el libro del ex asesor de seguridad de la Casa Blanca Johhn Bolton en el que se dan precisiones de trastienda acerca de la política de Trump respecto a Venezuela.

“En esos capítulos dice que Trump desconfiaba de Guaidó, había pensado en reunirse con Maduro, incluso quería invadir Venezuela. Bolton había impuesto su versión sobre qué pasaba con Venezuela desde la óptica de Trump. Entonces Trump, en un día o menos, logró generar la polémica, que se hable de él y regresar a foja cero. En este momento, no es lógico pensar que Trump va a cambiar su política hacia Venezuela porque no le ha ido bien. Ante esa hipótesis, hay que preguntarse por qué lo haría y qué ganaría con eso en términos electorales”, aventura Teruggi.

Con la agenda Venezuela, él sabe que tiene garantizado, o al menos junta, una cantidad importante de votos en la Florida y todo ese sector con mucho peso de venezolanos y cubanos que es muy duro y conservador. Supongamos que cambia de posición y se reúne con Maduro: no lo va a sacar y pierde esos votos. ¿Qué es lo que gana? Porque tampoco ganaría el voto progresista. Ese voto él lo tiene descartado. Pensemos en lo que pasó con las protestas por el asesinato de George Floyd. Él no se puso a dialogar con esa gente para convencerlos, para que lo quieran. Por el contrario, el empezó a repartir amenazas y guardias nacionales en las calles. ¿Por qué? Porque él se reafirma en su base con esta idea de presidente autoritario y fuerte, al que no le tiembla el pulso, no va a intentar ganarse a los electores afroamericanos o latinos a los que nos trató de bandidos, delincuentes, narcotraficantes, criminales peligrosos y contra quienes construyó un muro. El sabe que ahí no está su caudal. Si pierde los votos de la Florida no va a ganar los votos de los latinos que van a ver que no es tan malo”, agrega.

Como en toda contienda, en la electoral los que juegan son al menos dos. Y cada uno aprovechará los errores de su contrincante para llevar agua a su molino. Y con quien Trump tendrá que vérselas en las urnas es el demócrata Joe Biden, a quien Teruggi caracteriza como alguien que “se presenta como progresista, alguien que quiere hablar y ser un representante de las mal llamadas minorías, pero es un hombre profundamente conservador. Así que también va a buscar los votos duros de la Florida, que están todo el tiempo pensando en cómo sacar a Maduro y asfixiar a Cuba. Así que Trump no puede dejar ese flanco abierto porque sabe que el otro va a ir a buscar esos votos”.

“Ni bien Trump dijo que evaluaba reunirse con Maduro, Biden hizo un tweet planteando algo así como ´¿ven? Turmp en realidad admira a los dictadores como Maduro. Yo sí me voy a mantener en la causa venezolana´». Automáticamente Biden se posicionó para juntar unos votos que iba a perder Trump. Están al acecho buscando votantes similares. Acá hay mucho de lógica electoral, mucha lógica de Trump de mostrar como hace una operación mediática, todos hablan de él, que  sigue siendo el centro para que todo quede más o menos en lo mismo: la intención de sacar a Maduro. Aún reconociendo que lo de Guaidó es un fracaso político, no tiene lógica desarmar a un tipo al que recibió hace 5 meses e la Casa Blanca y en el discurso de rendición de cuentas lo hizo aplaudir por todos los que estaban ahí bipartidistamente. ¿Por qué lo descartaría?», plantea el sociólogo.

No creo que Trump sea loco. Esa es una lectura que hacen varios: que es un tipo impulsivo que se levanta iracundo y dice cualquier cosa. Hay una suerte de desvalorización del personaje que la puedo entender desde lo que representa. Pero él, como personaje político y como estratega, es mucho más complicado y denso que eso. Por eso a los demócratas hasta ahora les fue tan mal”, afirma el sociólogo.

Sin embargo, la lectura de estos movimientos como parte del marketing electoral, no quitan la existencia de un peligro real para Venezuela. «Yo creo que en este momento él necesita victorias. Y si vos ves la agenda exterior de Estados Unidos, esa victoria no la va a tener en Corea del Norte, Irán ni en Siria. Si saca un cálculo pensando cuál es el único país en el que puede lugar una victoria haciendo un derrocamiento de acá a cuatro meses, es Venezuela. Eso no quiere decir que pueda hacerlo. Pero según sus cálculos, es el más posible, por lo que no descarto para nada que haga un intento», sostiene Teruggi.

Pero agrega que, «cuando se habla de eso no se habla una hipotética invasión. Creo que eso está descartado por todos los análisis más o menos serios. No hablamos de que va a abrir una caja de Pandora. Trump no se va a inmiscuir en ninguna acción que lo vaya a dejar mal parado, Él necesita algo limpio. Algo que si sale bien lo pueda facturar diciendo que es quien resolvió la cuestión Venezuela y si sale mal despegarse planteando que no tiene nada que ver con eso. Algo parecido a lo que sucedió hace un mes y monedas con la famosa Operación Gedeón con la que llegaron mercenarios. Entonces al final, cuando la gente es apresada, nadie los conocía ni sabia quienes eran… Pero si salía bien, evidentemente ya teníamos el listado de gente que iba a reclamar la factura. Como salió mal, yo no fui…».

Consultado por las repercusiones que estos movimientos con epicentro en el corazón del imperio tienen en el país caribeño, el analista describe la cotidianidad venezolana planteando que “la agenda interna está marcada porque, si todo va bien, a fin de año habrá elecciones legislativas. Hacia eso va un sector importante de la política, no solamente del chavismo sino un sector grande de la oposición. Eso no va a resolver el problema de fondo que es que hay un enfrentamiento muy fuerte con Estados Unidos y un bloqueo cada vez más asfixiante. La política es semanal. Si uno sigue la política de Venezuela casi semanalmente ve que hay un bloqueo a un buque petrolero, a una empresa, a una cuenta… Es un cerco que se va cerrando y eso es la carta más directa que tiene la administración Trump. Mientras se intenta recomponer algo del sistema político, hay un bloqueo que hace muy difícil que eso pueda avanzar”.

Y concluye: “estamos en un punto trabado hace ya mucho tiempo. Materialmente es muy complicado. No es la imagen que plantea la internacional mediática con, por ejemplo, el tema del desabastecimiento. Sí es un país muy desigual, porque hay sectores que están dolarizados. Pero eso no es ni siquiera la mitología del «exprópiese». Hace años que el chavismo dejó de hablar de expropiaciones. Hoy, en cambio, hablan de cómo hay capitales privados que llegan al país, como se hace para invertir. Hace ya mucho tiempo que Venezuela está en otro tiempo. Clarín o la red Globo tienen en Venezuela una suerte de mecanismo de descarga y demonización, Pero acá se está debatiendo otra cosa, desde hace ya varios años”.

 

 

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