Redacción Canal Abierto | Un viaje, una serie de fotos y un libro dan pie a un nuevo viaje y un documental. Se trata de Mapa de sueños latinoamericanos, opera prima de Martín Weber inspirada en su libro homónimo de una década atrás. Este estreno marcará la reapertura de funciones presenciales en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires a partir de este jueves.

Entre 1992 y 2013, Weber recorrió Latinoamérica fotografiando a sus protagonistas. En cada foto, al personaje a retratar se le pedía que escribiera un deseo en una pequeña pizarra de madera. Años después y con esas fotografía, el realizador emprendió un nuevo viaje por esas mismas ciudades en busca de aquellas personas. Las paradas de ambos viajes incluyeron Argentina, Brasil, Guatemala, Nicaragua, Cuba, México, Perú y Colombia. Estas imágenes dieron forma al libro homónimo.

El documental aborda las diferentes realidades de la región y se hace la pregunta de qué es lo que constituye la identidad latinoamericana. “En un momento, en pleno furor de los movimientos latinoamericanistas empecé a cuestionarme ¿es posible pensar una Latinoamérica o es un pensamiento que se genera desde el exilio? Muchos de los pensadores escribieron estos pensamientos desde el afuera”, explicó el realizador a Canal Abierto.

A partir de becas y colaboraciones, Weber llegó a los distintos escenarios con un trabajo previo importante de investigación. Como ni el tiempo ni el dinero abundaban, iba tejiendo conexiones antes de arribar de manera que la producción se hiciera más dinámica. Esto también ayudaba bastante a la hora de la elección tanto de las ciudades como de los personajes.

“Había un extender una mano y mandar fax o pegar un llamado para conectar con organismos de derechos humanos u ONGs y desde ahí encontrar pueblos o ciudades que fueran significativos de la historia reciente de cada país. No es que iba a pedirle a alguien que escribiera sobre la Revolución Sandinista, pero sí elegía un pueblo en el que se libró la última batalla contra Somoza. Esperaba que algo de esa historia fuera a aparecer en ese lugar y así fue”, contó Weber.

Paradójicamente, encontró que “en Argentina fue mucho más intuitivo, pero a la vez fue el que más tiempo me llevó porque a veces con las realidades que están más a mano uno da por sobreentendido determinados temas y recién al final te das cuenta que dejabas afuera cosas que eran importantes”.

Uno de los méritos del libro fue el de haber sido realizado en momentos en los que ni la comunicación ni la capacidad de registro estaban al alcance de cualquiera fácilmente. “Logré ocho países que eran casi la mitad y que cada uno podía hablar por los otros que quedaban fuera. Esas historias tenían su particularidad desde el punto de vista de la constitución étnica de la historia inmigratoria, del lenguaje. y distintos factores como dos revoluciones: la nicaragüense y la cubana que de alguna manera tienen un historia posterior distinta. Encontrar realidades que tenían que ver con un país como Brasil que tienen una conformación en la historia de inmigración distinta y un lenguaje. Había que ir trazando esto a partir de mucha investigación y después con contactos en cada país que me permitían el acceso y también me informaban sobre las distintas realidades que se vivían en cada uno de ellas”, recordó Weber.

Respecto a la particularidad que da nombre al libro y al documental Weber contó que la consigna de aparecer escribiendo un sueño surgió “a partir de lecturas de las que se desprendía que la fotografía convertía todo en pasado. Cuando uno toma una foto se refiere inmediatamente al pasado. Entonces pensé en el momento de colaborar con el que estaba frente a la cámara, surgió lo de introducir una pregunta que invitaba a una reflexión sobre la historia recorrida hasta ese momento y que un pasado personal se convirtiera en un presente pero también  nos proyectara un futuro posible o varios futuros posibles”.

Si bien para le época en la que comenzó el viaje que daría como resultado el libro no había aún muchas posibilidades de realizarlo de otra manera, para el momento del documental la situación era muy otra y Weber podría haberlo hecho desde su casa rastreando a la gente y pidiéndole los testimonios de manera virtual. Sin embargo, volvió a embarcarse en el mismo viaje.

Al respecto Weber reflexionó: “El proyecto en 30 años cambia, cambio yo y cambian las realidades. Pero también hay algo que se vuelve valioso en la acumulación y es cómo cada sueño ya en una primera instancia pero sobre todo en el regreso para el film le va dando contexto a la siguiente y a la anterior”.

“Creo que hoy estamos bombardeados por imágenes que están totalmente vaciadas de contexto, pero creo que cada vez es más importante y una responsabilidad para aquellos que generamos imágenes y contenidos el trabajar en ese contexto. Eso es lo que nos permite y le permite a quienes invitamos a contar su historia a darle la dimensión que debe tener”, concluyó.

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