Redacción Canal Abierto | En mayo de 2021 las exportaciones alcanzaron los 6.764 millones de dólares, el mayor nivel registrado desde junio de 2014. Por su parte, las importaciones ascendieron a los 5.141 millones de dólares. El aumento del 44,4% en el intercambio comercial (exportaciones más importaciones) respecto del mismo mes del año pasado habla del repunte que viene atravesando la economía tras un 2020 para el olvido.

Lo mismo puede decirse de los 1.623 millones de dólares de superávit registrados en mayo, en buena medida producto de un incremento de los precios internacionales de las commodities que produce nuestro país.

Lo que para muchos representa una señal inequívoca de oxígeno para una economía debilitada y sobre endeuda como la argentina, otros señalan como uno de sus puntos débiles en términos estructurales. Y es que en definitiva, los números no hacen más que evidenciar una ritmo firme sobre la senda de un modelo agroexportador caracterizado por su perfil extractivista y un alto grado de concentración.

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las exportaciones agroindustriales crecieron 25% interanual en los primeros cinco meses del año al superar los US$ 19.500 millones: 7 de cada 10 dólares que ingresaron durante el periodo analizado tuvieron como orígen la agroindustria y sectores relacionados.

“Las exportaciones nacionales cada vez se ven más volcadas hacia los productos de la agroindustria, cuya participación relativa en el total de las ventas externas creció 10 puntos porcentuales en tan solo cuatro años, alcanzando la marca del 69,5% en los primeros cinco meses de 2021”, explicó la entidad.

El complejo oleaginoso fue uno de los que más creció, al representar por sí solo el 37,5% de las exportaciones nacionales, al concentrar ventas por 10.500 millones de dólares en cinco meses, un incremento del 57% en términos interanuales.

Más de 40 compañías agroexportadoras embarcaron unas 28 millones de toneladas de granos durante la primera mitad del año, pero el grueso del negocio lo concentraron cuatro empresas extranjeras y una nacional, que en conjunto sumaron cerca del 65% del total, según el registro difundido por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

El ranking de envíos al exterior durante el período enero-junio, principalmente de soja, maíz y trigo, lo encabezó la firma china Cofco, con casi 4,4 millones de toneladas, equivalente al 15,7% del total de granos exportados. Le siguieron tres empresas estadounidenses, la mayor de ellas Cargill, que entre enero y junio embarcó 4,3 millones de toneladas de granos (15,5% del total de envíos del período).

Estas cuatro primeras multinacionales concentraron más de la mitad de los embarques de granos del primer semestre, con el 53,7% del total.

La única compañía nacional entre los puestos más altos del listado es la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), con 2,8 millones de toneladas, un volumen que explica el 10% del total de granos exportados durante el primer semestre.

El debate sobre la hidrovía

La llamada Hidrovía Paraguay-Paraná es la principal vía de comunicación fluvial de la producción cerealera nacional con el mundo. En las inmediaciones de la zona portuaria rosarina, 65 kilómetros de costa reciben y despachan los buques factoría que transportan la producción de granos. Al año, se calcula, transitan por allí 2.900 barcazas y 4.500 buques. Del tramo que va de Timbúes a Villa Constitución, sale el 75% de las exportaciones del país.

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En febrero de 1995, el gobierno de Carlos Menem le adjudicó, a través del decreto 253/95,  las tareas de dragado y balizamiento del río al grupo Hidrovía S.A., en una polémica licitación. El contrato original era por diez años, pero siete antes de que terminase se lo prorrogó por 18 años más, pese a que el pliego original indicaba que la concesión sólo podía renovarse al término del mismo.

Con el comienzo de julio se oficializó el decreto que estableció que el cobro de peajes de la vía navegable Paraná-Paraguay  sea manejada por la Administración General de Puertos (AGP) por los próximos doce meses. El mismo establece un cambio relevante en el curso de la discusión sobre el futuro de lo que –desde la concesión de su dragado y balizamiento, en 1995- dio en llamarse “hidrovía”. Pero está lejos de cerrar un debate que, por el contrario, recién se abre.

 

El impacto ambiental y sanitario

Todos los meses surgen nuevos estudios que revelan la contaminación con plaguicidas de alimentos, el medioambiente y hasta las personas. Sin ir más lejos, días atrás Canal Abierto se hizo eco de una investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la que se identificó al menos once plaguicidas, insecticidas y sustancias agroquímicas en la localidad bonaerense de Lobos (una muestra de la red de agua corriente incluso reveló la presencia del herbicida 2-4D en niveles 45 veces por encima de lo aceptado por la Unión Europea).

“Cada año se aplican más de 400 millones de litros de glifosato en la Argentina. Se calcula que a principios de los 90 eran 75 millones de litros. Y todas las curvas van en ascenso, porque se trata de un modelo que necesita cada vez más agrotóxicos”, apuntó en diálogo con este portal el titular de la Sociedad Argentina de Agroecología, Santiago Sarandón. “El modelo sojero colapsó en lo ambiental, lo económico y lo social”.

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