Por Pablo Bassi | Si vas por avenida 9 de Julio desde zona norte, la encontrás frente a un micrófono, alzando la voz el día de su renunciamiento. Si en cambio vas desde el conurbano sur, la encontrás sonriente y angelical, como en la tapa de La razón de mi vida. Nada es azaroso en las fachadas del ministerio de Desarrollo Social. Tampoco los secretos escondidos en su ojal y en su rodete.

La Evita que mira a Constitución fue inaugurada hace 10 años, los días previos al 26 de julio, aniversario de su muerte. La Evita que mira a Recoleta fue descubierta en vísperas del 22 de agosto de 2011, cuando se cumplieron 60 años de su último discurso frente a miles de trabajadores que pedían su candidatura a vicepresidenta.

Un dato curioso: la propuesta de inmortalizarla en Desarrollo Social surgió desde un grupo de obreros astilleros y el artista plástico Alejandro Marmo.

“Hay un monumento a Evita sobre Figueroa Alcorta, frente al Museo Nacional de Bellas Artes. ¿Evita acá? Evita tiene que estar en un lugar más potente. No como ícono partidario, sino como ícono de mujer e ícono universal. Me atreví entonces a diseñar un proyecto de obra silueteada en hierro, como la del Che en Cuba, pero algo más original: una Evita construida por trabajadores. Así lo pensé y lo escribí. Y fluyó”, me contó Alejandro Marmo en una entrevista.

Marmo, cincuenta años, nacido en Villa Bosch, heredó hacia mitad de los 90 un taller. Su padre había sido operario en una de las tantas metalúrgicas de la zona que el menemismo aniquiló de un día para otro. Marmo comenzó a reunirse con trabajadores despedidos y los hierros de fábricas cerradas. De algún modo, pretendió transformar esa angustia colectiva en creación, metaforizar a través de la plástica ese proceso de derrumbe económico, social, cultural, espiritual. Así nació Arte en la fábrica.

Arte en la fábrica montó un Cristo Obrero en Fuerte Apache y una abeja de esquirlas de la ex fábrica militar de Río Tercero. Se codeó con diplomáticos y empresarios en las galerías de arte más exquisitas de Buenos Aires.

“Arte en la fábrica fue un fenómeno de estudio en las universidades, porque el arte es un idioma universal. Eso explica poder haber estado en Italia, España y Alemania, siempre con una mochila y 15 pesos en el bolsillo”, me dijo Marmo.

Del diseño de Evita se encargó Daniel Santoro, artista de iconografías peronistas. Cada una pesa siete toneladas y media de acero revestido por un material simil óxido, que en verdad impide el óxido. Ambas escondieron por algún tiempo un secreto. En el rodete, se lee 20.25, hora en que murió Evita. Y en el ojal, inclinadas, las siglas de Perón Vuelve.

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