Por Carlos Fanjul | EL PELO DEL HUEVO

 El gobierno duda. No en la decisión final, pero si en el cuándo y en el cómo.

Con la mejora que se hace constante en los índices de contagios y mortalidad que se vienen observando en esta batalla contra con COVID, hasta el propio Alberto Fernández se ha involucrado en las conversaciones sobre la vuelta del público a los estadios de fútbol.

En su círculo más cercano, y sobre todo luego del justificado gol en contra que significó la fiesta celebrada en Olivos en medio del más estricto confinamiento poblacional, quieren que la resolución final sea bien analizada y hasta miden la manera del anuncio, que será seguramente recibido con alborozo.

Los tiempos de la política se meten en todo. Y en campaña electoral hasta se parecen a una movida de ajedrez.

Hace un par de semanas fue River el que pretendió avanzar en la materia, en ocasión de organizar la recepción del Atlético Mineiro, en un cruce de Libertadores que mañana tendrá su cotejo revancha. La negativa fue tajante. Pero no porque no fuera pertinente con la cuestión que sí viene estudiando el gobierno, sino porque esa secuencia aún no estaba planificada. Y aún no lo termina de estar.

En esa ocasión, Carla Vizzotti respondió que el tema también tiene que ver con “cuanto podamos avanzar en las coberturas de vacunación…”.

Recordó en ese momento que “el Presidente anunció el plan de la protección en progreso, que va a ser entre agosto y principios de septiembre, de una vacunación muy intensificada, sobre todo con segundas dosis. Con ellas volverán las actividades cuidadas, con el aumento de los aforos”.

Se habló de un “plan de recuperación responsable”. Tomá pa’vos.

Ese aforo mayor en cuanto a la vuelta del público al fútbol fluctuaría entre un 30 de arranque y un 60 por ciento de las capacidades, algo después, y había sido calculado en realidad para mediados de septiembre. O sea, para cuando se estima que esté más del 60 por ciento de la población alcanzada al menos por una dosis de la vacuna.

El propio Fernández aventuró a decir que en ese Plan de Recuperación Responsable “estamos evaluando el siguiente paso que será regresar el público a eventos deportivos al aire libre, o recitales al aire libre. También viajes grupales, pero solo para personas con el esquema completo de vacunación”.

La llama olímpica. Estas mayores libertades generales, y de buenas noticias para el deporte, vienen también de la mano con la intención de responder a algo que no ha tenido una repercusión masiva, pero que el Gobierno sí supo acumular en su Debe.

Como ocurre después de cada Juego Olímpico, la cantidad de medallas obtenidas por nuestros representantes pone sobre la mesa, también, el nivel de respaldo estatal en la preparación previa.

Por eso la historia está sobrecargada de presidentes, civiles o militares, que se subieron al balcón para golpearse el pecho por alguna presea obtenida. ¡El deporte siempre garpa!

En este caso, los podios del voley, el seven de rugby y Las Leonas son pocos como para hacer autobombo oficialista. Desde Barcelona ’92 que no había unos JJ.OO. tan flojos para Argentina, pero además, en este caso, con una sostenida falta de aporte gubernamental que no debe ser omitida. Aunque en opinión de este escriba ese retaceo está más que justificado en un país con 3 de 4 pibes en la pobreza, no es menos cierto que sí existió (y que, para peor, la vida de esos 3 de 4 no fue la que recibió ese acumulado).

Solo en ámbitos muy ‘de Olimpíadas’ este tema estuvo presente, pero como apareció, como todo, demasiado desde la grieta, cada opinión careció de seriedad. Mientras los amarillos destacaban esa falta de billetes para el deporte, del otro lado se recordaba que la culpa evidente la tuvo el gobierno de Macri, que en el marco de su política vendepatria quitó aquel aporte grandioso decidido durante el gobierno K del 1% de los abonos de celulares.

Verdad entre todas las verdades, pero que también oculta y no explica que desde el sillón de Alberto jamás fue repuesta aquella iniciativa del tiempo de su vicepresidenta.

Con aquel impuesto la cifra para el deporte olímpico era de casi 50 palos verdes, con Macri bajó a 23, y Alberto la llevó a 15.

 Las cosas como son. Más allá de que, insistimos, de haberse dedicado mayores billetes al fortalecimiento del deporte competitivo y no para la pibada, desde esta misma columna hubiéramos abundado en críticas durante muchos martes seguidos….

Las PASO y ¿después? Mientras ya han trascurrido más de 600 días sin hinchas en las tribunas, el portal Política y Medios relató una de las reuniones de altos funcionarios analizando la resolución a tomar.

En realidad vale detenerse a pensar que eso de sin público en las canchas ya está resultando bastante relativo, ya que lo que primero fue una especie de norma estricta para seleccionar a un grupo reducido de acompañantes de cada equipo, que incluía declaración jurada, registro de antecedentes y comprobantes de vacunación, y por el cual cada club se hacía responsable, la cosa ya está en modo argento. Sobran ‘invitados’ que se parecen a barras por sus gritos desaforados, insultos y hasta amenazas, claramente escuchadas gracias a que la falta de bullicio masivo hace que todo emerja en cada transmisión. Pero bueno, nada muy grave, ni demasiado sorprendente.

Volvamos a la juntada de trajeados miembros de la rosca gubernamental. Según asegura ese portal cercano al gobierno “internamente el Gobierno Nacional tiene decidido que, inmediatamente después del fin de semana del 12 de septiembre en el que se celebrarán las Elecciones Legislativas Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, las hinchadas de los distintos equipos de la Liga Profesional del Fútbol Argentino podrán volver a alentar a sus equipos en cada uno de los estadios”.

También asegura que varios clubes, con dificultades financieras, -aumentadas por la falta del ingreso que generaba la afluencia de gente a las tribunas y plateas, -habrían pedido que se retorne con un aforo mayor que el 30 por ciento pensado por el gobierno. Se dice que habrían pedido retornar con la mitad de la capacidad de cada escenario y que el gobierno prometió analizar esa posibilidad, habida cuenta de que estimaría una victoria, ajustada pero victoria al fin, en la primera ronda electoral. Y que la medida serviría para ‘incentivar el humor social’.

“¿Y si metemos un contraataque?”. Ahora bien, golpeados todavía por las malas repercusiones del ‘brindis’ de Alberto, Fabiola y sus amigos, y como no todo pueden calcular los círculos pensantes de Santiago Caffiero y Matías Lamens en materia deportiva, el anuncio hasta podría contener una alegría mayor para la muchachada a incentivar en su humor.

La CONMEBOL, a la que no le llega la obediencia estricta en relación a las decisiones sanitarias que ha venido demostrando la AFA y el golpeado Chiqui Tapia -sobre cuya renovación en el cargo de presidente tiene un manto de investigación de la justicia-, hizo conocer hace pocas horas el cronograma de partidos de la triple fecha de Eliminatorias de septiembre.

En esa ronda de choques nuestra selección campeona deberá visitar a Venezuela, el jueves 2, y nada menos que a Brasil el domingo 5 –este encuentro viene pendiente desde marzo con el rebrote pandémico en el continente-, para cerrar su recorrido por fin en Buenos Aires, el jueves 9 frente a Bolivia en el Monumental.

“¡O sea que Messi volverá campeón a la Argentina, sin público, ni papelitos!”, razonaron alarmados los estrategas de la Rosada.

“¿Cómo estaremos a esa altura con el plan de vacunación?”, empezaron a recalcular.

Nada está decidido todavía. Por ahora se sigue diciendo que el ‘gorro, bandera y vincha’ volverá para mediados del mes primaveral.

Pero más de uno ya empezó a preguntarse si no será más inteligente armar una gran festichola popular tres días antes de la primera jornada electoral.

“Pa’ que la muchachada tenga un alegría antes y salga con una sonrisa en la garganta, bien dispuesta a meter el voto en la urna….”.

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