Por Nahuel Croza | El 9 de diciembre de 1902, el Reino Unido, Alemania e Italia impusieron un bloqueo naval a Venezuela ante la negativa del recién asumido presidente Cipriano Castro de cancelar la abultada deuda pública, y la renuncia de los Estados Unidos a aplicar la doctrina Monroe -que postula el rechazo a toda intervención colonial europea en continente americano-.
El 29 de diciembre de ese mismo año, el canciller argentino Luis María Drago dio a conocer un documento de rechazo al accionar de los europeos y con argumentos para que la Casa Blanca interviniera y dejara de considerarse prescindente. A 123 años de la -luego conocida como- Doctrina Drago su par libertariano, Pablo Quirno, celebró el ataque sobre puntos estratégicos de Caracas y localidades vecinas y el secuestro del presidente Maduro.
“El Gobierno de la República Argentina valora la decisión y la determinación demostradas por el Presidente de los Estados Unidos de América y por su Gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro”, reza el comunicado oficial de la Cancillería argentina dado a conocer horas después de la agresión, el sábado 3 de enero.
Contra toda legislación internacional y tradición diplomática de nuestro país, agrega: “La Argentina confía que estos acontecimientos representen un avance decisivo contra el narcoterrorismo que afecta a la región y, al mismo tiempo, abran una etapa que permita al pueblo venezolano recuperar plenamente la democracia, el imperio de la ley y el respeto de los derechos humanos”.
En síntesis, festeja que el aventurerismo de Donald Trump, quien sostuvo que Estados Unidos “va a dirigir el país” hasta que haya una “transición” hacia un liderazgo pro-estadounidense, lleve a los venezolanos a una feliz democracia tutelada, como la nuestra, intervenida financiera y políticamente, pero con marines, misiles y las petroleras exportando el preciado hidrocarburo a precio vil.
Doctrina Drago
En 1902, Drago era ministro de Relaciones Exteriores del segundo gobierno de Julio Argentino Roca. La doctrina jurídica propuesta en ese momento ante el bloqueo a Venezuela, expresada en una extensa misiva enviada al representante argentino en Washington, Martín García Mérou, establece que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera.
La invocación era para que, ante el bloqueo de los europeos a los puertos venezolanos y el bombardeo de instalaciones y buques, Estados Unidos aplicara la Doctrina Monroe.
Pero Washington, con Teddy Roosevelt en la presidencia había declarado no apoyar a un estado americano que sufriese ataques como respuesta a la negativa de afrontar sus deudas. Y sostenía que sólo aplicaría la Doctrina cuando el país sufriese ataques motivados por la intención de recuperar territorios y colonizarlos. Establecida en 1823 por el presidente James Monroe, la política colonial dirigida a los estados americanos prohibía cualquier intervención europea. La defección de Roosevelt alertó a los países sudamericanos.
El 13 de enero de 1903, finalmente se firmó en D.C. el acuerdo por el cual los ocupantes europeos, presionados por Estados Unidos, levantaron el bloqueo a Venezuela, que había invocado la Doctrina Drago.
“El capitalista que suministra su dinero a un Estado extranjero tiene siempre en cuenta cuáles son los recursos del país en que van a actuar y la mayor o menor probabilidad de que los compromisos contraídos se cumplan sin tropiezo”, sostenía Drago en la carta enviada a Washington.
“El acreedor sabe que contrata con una entidad soberana, y es condición inherente a toda soberanía que no puedan iniciarse ni cumplirse procedimientos ejecutivos contra ella”, añadía.
En otro apartado, premonitorio, sostiene: “Y no se negará que el camino más sencillo para las apropiaciones y la fácil suplantación de las autoridades locales por los gobiernos europeos, es precisamente el de las intervenciones financieras, como con muchos ejemplos podría demostrarse”. Algo que retrotrae a las andanzas de Caputo y Scott Bessent en la previa de las últimas elecciones legislativas.
Un JP Morgan con raíces en el Cabildo Abierto

Pablo Quirno Magrane como muchos de los altos funcionarios del gobierno libertariano, sobre todo aquellos de confianza de su tutor, el ministro de Economía Luis Caputo, tiene un paso obligado por JP Morgan. En esta entidad financiera desarrolló su actividad por 17 años, y entre 1995 y 2005 ocupó el cargo de codirector de Fusiones y Adquisiciones para América Latina, con sede en New York. En este puesto asesoró a empresas en reestructuraciones corporativas, compras y fusiones y a gobiernos en procesos de privatizaciones. A su regreso al país, en 2005, funda el fondo de inversión Sansom Capital Advisors.
Con la llegada de la derecha macrista al poder ejecutivo nacional inició su carrera en la denostada función pública. Entre 2016 y 2018 se desempeñó como Jefe de Gabinete de la secretaría de Finanzas -luego brevemente Ministerio-. En 2018, ocupó durante un año una silla en el directorio del Banco Central. Tras el triunfo de Milei, como muchos funcionarios macristas, se reconvirtió al credo libertariano y estuvo al frente de la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía hasta que la renuncia de Gerardo Werthein lo catapultó al Ministerio de Relaciones Exteriores.
Quirno es miembro de una familia patricia argentina, con raíces entre los Alvear y los Ugarte. Uno de sus antepasados, el comerciante Norberto de Quirno y Echeandía (1776-1849) fue parte del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Amigo del alcalde Martín de Álzaga, en esta asamblea estuvo entre quienes votaron por la continuidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, lo que tras la Revolución le valió la sospecha de los patriotas que lo confinaron en Mendoza, pero fue amnistiado antes de llegar a destino.

Como don Norberto, la familia siempre estuvo ligada al poder. El bisnieto, Norberto Camilo Quirno Costa, fue vicepresidente de Julio Argentino Roca (1898-1904) -administración que compartió con Drago-, diplomático y ministro de Relaciones Exteriores y del Interior en distintos gobiernos de la Generación del 80, aquellos que conformaron la Argentina oligárquica que añoran los libertarianos y la derecha vernácula.
En su árbol genealógico se puede encontrar gran cantidad de apellidos que son calle. Por vía paterna es bisnieto de Marcelino Ugarte, gobernador bonaerense en dos oportunidades (1902-1906 y 1914-1917); y tataranieto de Marcelino Ugarte (padre), ministro de Relaciones Exteriores entre 1867 y 1868 de la presidencia de Bartolomé Mitre y ministro de la Corte Suprema entre 1870 y 1872. Por línea materna, desciende de Carlos María de Alvear, aliado de San Martín en la Logia Lautaro, y luego acérrimo enemigo, y director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1815.
Como su antepasado, miembro de la elite y leal a la corona española -y al orden para que los negocios fluyan-, Pablo es un fiel soldado del orden imperial dispuesto por el gobierno de Donald Trump. Su trayectoria de banquero y analista de riesgos y opciones de mercado, lo vincula a lo que don Quirno Echeandía pretendía, perpetuar el status quo colonial en el que prosperaban sus negocios. En este caso, el actual canciller, experto en oportunidades de negocio para grandes capitales, imagina a la cancillería y el Gobierno como una boutique de gestión de inversiones.
Quirno en la Cancillería
Su actual gestión se caracteriza por la violación sistemática de los lineamientos básicos de la diplomacia nacional. Son varios los casos de persecución política a funcionarios de carrera. Tal es el caso del cónsul en Siria, Alejandro Calloni, desplazado por “me gustar” un posteo contra Israel.
Otro caso es el del embajador en Suiza, Gustavo Lunazzi, al que Quirno “escrachó” por redes sociales tras encontrar documentos referidos a la “política exterior y de derechos humanos” de la gestión de Cristina Kirchner en la página web de la embajada. “Por favor Embajador @GustavoLunazzi corrija esto de manera URGENTE”, expresa el posteo en X del canciller con fecha 1º de enero.
Como otros libertarianos, con el presidente a la cabeza, Quirno sufre de incontinencia en X y utiliza a la red como forma de hostigar y escrachar a funcionarios, referentes sociales e incluso presidentes de naciones hermanas como Gustavo Petro.
En noviembre pasado, tras el apoyo financiero y político de Trump a Milei en las elecciones legislativas argentinas, celebró el anuncio de un pacto comercial de sumisión redactado por la Casa Blanca en la que no hay un sólo punto a favor de nuestro país.
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En relación a los últimos hechos con la intervención colonial estadounidense, el canciller argentino se arrogó el triunfo de impedir una declaración de repudio de la CELAC sobre el ataque a Venezuela impulsado por Lula, la mexicana Claudia Sheinbaum y Petro. Aquí un reposteo del propio ministro en s red favorita:

