Redacción Canal Abierto | A cincuenta años de aquel adiós que marcó a fuego la historia del rock argentino, Adiós Sui Géneris vuelve a la pantalla grande como un gesto de memoria cultural y política. El jueves 15 de enero, el Cine Gaumont será el escenario del reestreno de la película que inmortalizó los shows de despedida de Sui Generis en el Luna Park, ahora en una versión digitalizada y con nueva mezcla de sonido. No se trata solo de una restauración técnica: es la reactivación de un documento sensible sobre una época, una generación y una forma de decir, cuando decir empezaba a ser peligroso.
El film, dirigido por Bernardo “Bebe” Kamin y producido por Leopoldo Torre Nilsson y Asociados, registra las dos funciones del 5 de septiembre de 1975 ante más de 30 mil personas. Sobre el escenario, Charly García y Nito Mestre, acompañados por Rinaldo Rafanelli (bajo) y Juan Rodríguez (batería), sellaban la disolución de una banda que había logrado ponerle palabras —y melodías— a una sensibilidad juvenil atravesada por la incertidumbre política, la represión creciente y el fin de las ilusiones de los años sesenta. Afuera del estadio, el país se encaminaba hacia una de las etapas más oscuras de su historia; adentro, la música funcionaba como refugio, despedida y presagio.
En septiembre de 2025, cuando se cumplió el aniversario del recital doble, Canal Abierto publicó una nota que narra detalles del trabajo documental con testimonios de Juan Rodríguez y del propio Bebe Kamin.
Adiós Sui Géneris no es un simple registro de concierto. Filmada en 16 mm con material Kodak, fotografiada por Aníbal Di Salvo y con cámara de Raymundo Gleyzer —cineasta luego desaparecido por la dictadura—, la película condensa una trama de sentidos que excede largamente lo musical. Hay allí un clima de época que se filtra en los gestos, en los silencios, en la comunión entre banda y público. El montaje de Christian Caulen y el trabajo sonoro original, ahora revisitado, construyen una experiencia que oscila entre el documento histórico y la elegía generacional.

La génesis del proyecto, relatada por Jorge Álvarez en sus Memorias, aporta otra capa de lectura. Lejos de una ruptura improvisada, la despedida fue pensada como un acto consciente: un concierto, un disco doble en vivo y una película como forma de cerrar un ciclo sin diluirlo. En un contexto donde el futuro se volvía cada vez más opaco, la decisión de registrar ese final adquiere un peso político involuntario pero contundente: dejar huella, fijar un instante antes de que el ruido lo arrasara todo.
La figura de Bebe Kamin también dialoga con esa densidad histórica. Formado en el cruce entre el cineclubismo, el underground y la docencia, Kamin desarrolló una obra atravesada por la reflexión sobre la violencia, la memoria y las marcas colectivas. Desde El búho hasta Los chicos de la guerra, su filmografía se mueve en ese territorio incómodo donde el cine no solo narra, sino que interroga. Adiós Sui Géneris, en ese recorrido, funciona como una bisagra: un retrato musical que, sin proponérselo, captura el pulso previo al quiebre. El reestreno, impulsado por Lupino Films, no apela a la nostalgia fácil. En tiempos de plataformas, consumo fragmentado y memoria acelerada, volver a una sala para ver este film implica otra disposición: escuchar, mirar, dejarse atravesar por una experiencia colectiva. La pregunta que queda flotando no es solo qué fue Sui Generis, sino qué lugar ocupa hoy ese legado en un presente donde la cultura vuelve a ser disputada, recortada, desfinanciada.


