Redacción Canal Abierto | La difusión de conversaciones privadas entre Donald Trump y líderes de países miembros de la OTAN vuelve a sacudir el tablero internacional.
Revelados por el propio expresidente estadounidense en un nuevo gesto de humillación a quienes se consideran así mismo como aliados geopolíticos, los mensajes exponen las presiones, descalificaciones y una estrategia de confrontación abierta en torno a Groenlandia, el territorio autónomo danés que Washington considera clave en su disputa global con Rusia y China.
“Como expresé a todo el mundo, muy claramente, Groenlandia es imperativa para la seguridad nacional y mundial. ¡No hay vuelta atrás! En eso, todo el mundo está de acuerdo”, escribió Trump en su plataforma Truth Social tras una “excelente conversación” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

La respuesta de este, tal como la filtró el propio Trump, es el colmo de la sumisión europea: “Señor Presidente, querido Donald, lo que [has logrado] hoy en Siria es increíble. Utilizaré mis compromisos con los medios en Davos para destacar tu trabajo allí, en Gaza y en Ucrania. Estoy comprometido a encontrar una vía de avance sobre Groenlandia. Tengo muchas ganas de verte”.
También en Truth Social, el mandamás en la Casa Blanca ha compartido un mensaje de texto que le envió Macron: “Amigo mío, estamos totalmente alineados sobre Siria. Podemos hacer grandes cosas en Irán. [Pero] no entiendo lo que haces en Groenlandia. Permití que construyamos grandes cosas juntos”.
En el mensaje, el se ofrece a organizar una reunión del G7 en París el próximo jueves, invitando a Rusia y otros países.
Una fuente cercana al mandatario galo ha afirmado que los mensajes compartidos por Trump son auténticos, según revela la agencia de noticias Reuters.

No es la primera vez que el mandatario de EEUU expone a sus aliados de esta manera: lo hizo antes de la cumbre de la Alianza en La Haya, el pasado verano, dejando en evidencia al ex primer ministro de Países Bajos, que se dirigió a él como “daddy” (“papi”).
Varios gobiernos europeos cuestionaron la exposición pública de intercambios confidenciales y alertaron sobre el daño que este tipo de maniobras provoca en los ya frágiles consensos dentro de la alianza atlántica. En un contexto de guerra en Ucrania y escalada armamentista, la confianza mutua aparece como un recurso cada vez más escaso.
Desde Copenhague, el gobierno danés expresó su “profunda preocupación” por la divulgación de comunicaciones reservadas y recordó que Groenlandia “no está en venta” y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a su población. En el mismo sentido se pronunciaron autoridades groenlandesas, que denunciaron una vez más el carácter colonial de las pretensiones estadounidenses y advirtieron sobre el impacto ambiental y social de una mayor militarización del territorio.
Analistas internacionales señalan que el gesto de Trump responde tanto a su estrategia de campaña como a su visión del mundo: una política exterior concebida como transacción, donde los territorios, los recursos naturales y las alianzas se negocian como activos comerciales. Groenlandia, rica en minerales estratégicos y ubicada en una posición clave del Ártico, vuelve así a ocupar un lugar central en la disputa por la hegemonía global.


