Redacción Canal Abierto | Donald Trump y Javier Milei culminaron sus respectivas intervenciones ante el Foro Económico Mundial de Davos.
El primero se dedicó a lanzar mensajes intimidatorios hacia sus aliados, reavivó el conflicto por Groenlandia al deslizar que Estados Unidos no tolerará resistencias a su pretensión estratégica sobre la isla: “O aceptan y estaremos agradecidos, o se niegan y no lo olvidaremos”.
El presidente estadounidense y referente central de la ultraderecha global intentó matizar sus dichos aclarando que no quiere “usar la fuerza”. Claro está, la amenaza se dirige a Dinamarca -miembro de la OTAN y potencia administradora de Groenlandia- y, por extensión, al conjunto de la alianza atlántica.
Clave por su ubicación estratégica y sus recursos naturales, la isla se convirtió en símbolo de una política exterior basada en la presión, el chantaje y la lógica del “Estados Unidos primero”, incluso a costa de tensar relaciones con sus propios socios.
El mensaje de Trump se inscribe en una escalada discursiva que combina nacionalismo económico, desprecio por el multilateralismo y una concepción del poder internacional donde la fuerza —militar, financiera o diplomática— vuelve a ser presentada como herramienta legítima de negociación.
Davos, tradicional vitrina del consenso neoliberal, funcionó así como escenario de una exhibición descarnada de unilateralismo.
En la jornada de ayer, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, se refirió al respecto, también ante Davos:
“el orden mundial se rompió y las grandes potencias no tienen freno”.
Luego de Trump, quien tomó la palabra fue Javier Milei: fueron treinta minutos de un discurso ideológico casi calcado del manual trumpista: ataque frontal al socialismo, demonización del Estado y exaltación del mercado como único organizador posible de la vida social. “Esto es Make Argentina Great Again”, sintetizó.
Lejos de referirse a la crisis social que atraviesa el país, al derrumbe del salario real o al impacto de su programa de ajuste, Milei optó por reivindicar su gestión como un éxito en términos macroeconómicos y presentarse como un cruzado cultural contra lo que denomina “colectivismo”.
Así, el foro que dice pensar el futuro del mundo terminó siendo el escenario de una advertencia y una arenga. Una advertencia imperial, en boca de Trump, y una arenga ideológica, en la voz de Milei. Dos caras de un mismo proyecto que, desde el Norte y desde el Sur, insiste en profundizar un orden global cada vez más desigual.

