Redacción Canal Abierto | A casi dos meses del inicio de los incendios forestales que arrasan la Patagonia argentina, el Gobierno nacional declaró finalmente la emergencia ígnea.
Lo hizo cuando el fuego ya consumió cerca de 50 mil hectáreas de bosques, viviendas y territorios productivos, después de semanas de reclamos de brigadistas, comunidades y gobiernos locales que denunciaron abandono, falta de recursos y una respuesta estatal deliberadamente tardía.
Desde diciembre, los focos activos en Chubut, Río Negro y Neuquén avanzaron sin control en amplias zonas cordilleranas. Durante todo este tiempo, la asistencia nacional fue mínima o directamente inexistente, mientras el Ejecutivo insistía en su dogma de ajuste fiscal y el presidente Milei desplegaba sus dotes artísticas en Mar del Plata junto a Fátima Flórez.
Así, la declaración de la emergencia llega con el desastre consumado. No se trata de una medida preventiva ni de una reacción inmediata ante una situación crítica, sino de un gesto tardío, más cercano a la administración del costo político que a una política pública eficaz. En los hechos, la demora dejó a brigadistas y bomberos voluntarios trabajando al límite, con salarios precarios, equipamiento insuficiente y sin el respaldo logístico que una emergencia de esta magnitud requiere.
En ese marco, el Gobierno anunció en los últimos días la asignación de 150 mil millones de pesos para atender las necesidades de los Bomberos Voluntarios de todo el país, presentándolo como una muestra de compromiso y respuesta ante la crisis. Sin embargo, lejos de tratarse de nuevos fondos o de un esfuerzo extraordinario del Estado, ese dinero corresponde a partidas ya existentes de la Ley de Bomberos, que el propio Gobierno nacional había recaudado —a través de impuestos específicos— pero mantenido retenido.
Durante meses, esos recursos fueron virtualmente secuestrados por el Ministerio de Economía para engrosar el supuesto superávit fiscal que el oficialismo exhibe como principal logro de gestión.
Para ser claros: mientras el Gobierno celebraba números en rojo cero, los incendios avanzaban sin aviones hidrantes suficientes, sin refuerzos adecuados y sin planificación integral para enfrentar el colapso climático que multiplica estos eventos extremos.
En un contexto de crisis climática global, el incendio no fue solo forestal: fue también el incendio de un modelo de Estado ausente, que llega siempre tarde y factura como mérito lo que antes negó como derecho.

