Por Gladys Stagno | En franco ascenso desde mayo de 2025, la inflación parece haber encontrado un umbral difícil de perforar.
El problema resulta crucial para el gobierno de Javier Milei porque “la batalla contra la inflación” es su principal capital político. Tanto, que decidió eyectar de su puesto al titular del INDEC antes que implementar una fórmula actualizada, que mostraría que los precios suben todavía más de lo que el IPC refleja.
¿El truco oficial dejó de funcionar? Según el último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), la respuesta es sí.
No va a bajar
El estudio destaca que, tras su devaluación del 118% en diciembre de 2023, episodio que empujó la inflación al 25,5% mensual, el Gobierno utilizó una combinación de anclas económicas para desacelerar los precios: fiscal, salarial, cambiaria y monetaria-financiera. Ese paquete permitió que la inflación descendiera hasta perforar los dos dígitos en abril de 2024
El CESO vincula el funcionamiento del ancla fiscal con un ajuste profundo del gasto público. El ancla salarial, por su parte, se concentró en el sector público, que sufrió una pérdida de poder adquisitivo acumulado del 15%. La política cambiaria se basó en una estrategia de microdevaluaciones, que permitió que el traslado a precios fuera moderado.
Pero estas anclas perdieron efectividad frente a la tensión cambiaria y una dinámica de inercia que mantiene el aumento de precios en niveles persistentes: un 2-3% mensual, que no logran bajar.
En este escenario y de cara al futuro, el trabajo proyecta un escenario parecido. Según el CESO, es probable que el índice no logre perforar “el piso del 2% mensual”, aunque tampoco supere “el 3%”, en un contexto caracterizado por apertura comercial, disciplina salarial y volatilidad cambiaria.
¿Por qué? La conclusión del informe del Centro liderado por el economista Andrés Asiain se basa en que la dinámica actual reproduce procesos observados en otras experiencias históricas. En ese sentido, advierte que la evidencia internacional muestra que resulta más sencillo bajar la inflación desde niveles extremos que eliminarla por completo, sobre todo cuando el programa económico pierde coordinación entre sus instrumentos principales.
El vuelto
Pese a que la inflación no baja desde mayo –de hecho, no para de subir–, el vuelto de la opinión pública aún no parece haber llegado. Y evitar que lo haga, en esta situación, explica en parte la salida de Marco Lavagna del INDEC por insistir con actualizar la canasta.
La nueva medición del IPC que el Ejecutivo decidió freezar hasta nuevo aviso hubiera evidenciado lo que todos percibimos sin necesidad de estadísticas: los salarios perdieron fuerte frente a la inflación.
De acuerdo con el CESO, esta actualización podría haber modificado la lectura del fenómeno inflacionario, ya que implicaba un incremento del peso de los servicios “del orden de 12 puntos porcentuales”, además de duplicar la ponderación de alquileres “del 3 % al 6 %”. En ese marco, el centro de estudios considera “plausible que la inflación efectivamente enfrentada por los hogares haya sido superior a la registrada por el INDEC”.
La lectura coindice con la de otras consultoras privadas. Estas establecen que, medidas con la canasta actualizada, las remuneraciones formales retrocedieron hasta un 13% frente a la inflación, 7 puntos porcentuales más que los que muestra la metodología actual.
Así las cosas, la preocupación de la dupla Milei-Caputo tiene motivos. Con los ingresos deteriorados y la inflación estancada en un 30% anual, el principal activo del Gobierno amenaza con devaluarse. Cuánto y cuándo, está por verse.
Ilustración: Marcelo Spotti

