Redacción Canal Abierto | Lo que comenzó casi como una apuesta entre amigos —una idea que vinculaba a Uruguay y Argentina— se convirtió en un recorrido de seis ediciones, con alcance regional y proyección internacional. El Festival Internacional de Cine Cannábico (FICC) celebra su sexta edición en Buenos Aires.
Desde hoy y durante siete días se podrán ver 30 películas de 15 países, entre ellas producciones de Túnez, Corea y República Dominicana, naciones que se suman por primera vez. También una cantidad importante de Brasil, país suya participación creció a partir de la realización de una instancia del evento en la territorio carioca. Y, a partir de la próxima semana, algunos títulos podrán verse a través de la plataforma Octubre TV.
Casi todas las funciones son gratuitas: 29 de las 30 películas pueden verse sin costo. La única excepción es Cheek&Chong last movie, que se proyecta el martes 24 en el Multiplex Lavalla (Lavalle 780, CABA), un cine comercial que exige cobrar entrada.
“En lo artístico, estamos muy satisfechos. Pero llevarlo adelante es muy cuesta arriba, muy a pulmón: sostener espacios, mantener la calidad en todo el contexto que rodea a un festival, que implica el trabajo de mucha gente. Empezamos a trabajar a full durante todo el año: buscamos películas, abrimos convocatoria en agosto, hacemos preselección, selección, buscamos jurados para las competencias, subtitulamos, gestionamos con cada película la transferencia de materiales. Es un montón de trabajo que el público en general no conoce. Y esperamos que la respuesta de la gente sea lo que termine justificando todo ese esfuerzo”, cuenta Alejo Araujo, creador y director del FICC, en diálogo con Canal Abierto.
También hay películas que se quedan en el camino. Algunas porque no encajan, otras porque los realizadores piden un canon que el festival no puede pagar. “Hay una italiana increíble que nunca conseguí la plata para proyectar”, confiesa Araujo. Esas películas engrosan un catálogo que ya es enorme y que el organizador del evento tiene como objetivo organizar como archivo para investigadores. “Para ver cómo se trató el tema en cada época, porque durante mucho tiempo el cine fue usado para desinformar, sobre todo en los años 30 y 40, a veces con intención”, expone Araujo.
A cinco años de aquella primera edición, Araujo rememora que uno de los desafíos iniciales fue sortear los prejuicios: “Tuvimos que demostrar año a año, con trabajo y calidad, que íbamos en serio”. Durante tres años gestionaron la homologación del INCAA, algo que finalmente lograron, aunque con un financiamiento acotado.
La llegada de Milei al Gobierno y la guerra declarada contra la cultura devinieron en la pérdida de apoyos de museos nacionales y del Ministerio de Cultura que habían sido clave en las primeras ediciones, más por el facilitamiendo de espacios y equipos que por dinero contante y sonante.
Hoy, el festival se sostiene con una red de espacios que confían en la propuesta: algunas de las sedes son Casa Brandon, La Paz Arriba y el Club Lucero y el auditorio Norita Cortiñas delhotel Héctor Quagliaro de ATE en Once. Este espacio será este año el corazón de la competencia de documentales. “Es una sala hermosa, con gran calidad técnica, y está buenísimo que la gente la conozca. Sin ella, hubiera sido imposible mantener la cantidad de películas presenciales “, destaca Araujo.
En tiempos de déficit de atención y consumo fragmentado, el festival reivindica la experiencia colectiva. “Puede sonar a cliché romántico, pero los festivales tienen ese plus: a veces vienen los directores, viene una directora de Corea, un director de Brasil, gente del ambiente canábico y del cine”, destaca. “Ver películas que no se consiguen en el circuito comercial ni siquiera en plataformas, y hacerlo juntos”.
Seis años después de aquella primera apuesta, el balance es claro: “Los objetivos se fueron ampliando”. El festival sobrevivió a la falta de apoyos oficiales, a los prejuicios iniciales, a la dificultad de sostener espacios. Y sigue ahí, con la convicción de que el cine canábico tiene algo para decir. “Siempre tratamos de democratizar el acceso. Y de defender estos espacios de encuentro”, cierra Araujo.
¿Qué se puede ver en el 6º FICC?
El título elegido para la función inaugural del festival es Armando la historia. Mujeres cannábicas del sur, realizada por Muma Neuquén y Ni loca producciones. Se trata de una serie documental que refleja la historia de tres mujeres que en el Alto Valle de Neuquén y Río Negro se dedican al activismo cannábico desde una perspectiva, científica, política y feminista. Se proyecta hoy a las 20 en el C Art Media (Corrientes 6271, CABA). Además habrá una feria con degustación de alimentos con base de cáñamo a cargo de Juan Ignacio Caprarulo.
Una de sus realizadoras, Noel Tapia, explica a Canal Abierto que “como mujeres de medios audiovisuales de Neuquén, nos motiva principalmente contar historias protagonizadas por mujeres, y sobre todo de nuestro territorio. En el 2020, en plena pandemia, comenzamos la investigación para desarrollar está serie que nos llevó seis años poder realizarla. Fue un trabajo autogestivo, realizado 100% por mujeres. Queremos que las voces de las tres protagonistas giren por la mayor cantidad de lugares posibles”.
Tapia destaca que “participar del FICC es un honor y privilegio del cual estamos muy agradecida. Es el estreno oficial en festivales nacionales de la serie. Y haber sigo seleccionadas para el día de la apertura nos llena de orgullo y nos recarga de energía para seguir trabajando. Llegar a una pantalla de CABA sabemos que nos abrirá muchas puertas”.
La competencia oficial de largometrajes documentales se compone por Presente contínuo (Argentina, 2025), de Ulises Rossell; El temblor (Argentina, 2025), de Santiago Van Dam; A planta (Brasil, 2024), de Beto Brant; Never Get Busted! (Australia, 2025), de David Anthony Ngo, Stephen McCallum y Erin Williams-Weir y Pull (Corea del Sur, 2024), de Lee Soo-jung.
En la de largometrajes de ficción podrán verse Verano Trippin (Argentina, 2025), de Morena Fernandez Quinteros; Grassland (Estados Unidos, 2023), de William Bermudez y Sam Friedman; La Bachata de Biónico (República Dominicana, 2024), de Yoel Morales; Le Pont (Túnez, 2024), de Walid Mattar; Nunca Confie em Ninguém (Brasil, 2025), de Elir y The Weed Eaters (Nueva Zelanda, 2025), de Callum Devlin.
La categoría cortometrajes está integrada por Binomios (Colombia, 2024), de Vicente González Monroy; De Ponta a Ponta: Como Nasce o Prensado (Brasil, 2025), de Matías Maxx; Devil’s Lettuce (Estados Unidos, 2025), de Jack Becker; Entre tantas malas (Ecuador, 2025), de Miguel Trujillo; Magic Mushrooms (Canadá, 2024), de Sean Wainsteim y Tem Dia Que De Noite É Foda! (Brasil, 2024), de Hander Paiva.
Además de la función de hoy en el C Art Media, fuera de competencia se proyectará Essa é da Boa! (Brasil, 2023), de Rafael Fernando Oliveira; Flow Petrópolis (Brasil, 2021), de Grégori Bastos; Hell is above (Italia, 2025), de Pietro Leddi; LARA (Brasil, 2025), de Dede Guima y Bruno Caniello; Mary & I – A Late Bloomer’s Quest for Love (Suecia, 2024), de Wally Zamwa; Na ponta dos pés (Brasil, 2025), de Giovanna Romano; Quanto Custa o Remédio do Meu Pai (Brasil, 2024), de Isabella Abreu; Sonata Beladona (Brasil, 2024), de Antônio Rafael; Un respiro (México, 2025), de Luis Paulo de la Fuente y Strip Buds (Estados Unidos, 2021), de Frances Davis Furr.
También fuera de competencia se verá Los Sueños de Pepe (Uruguay, 2024), de Pablo Trobo, en una intención de homenaje a José «Pepe» Mujica, fallecido en mayo del año pasado.

