A 22 años de la recuperación del Paraje Colitoro el pueblo mapuche celebra y resiste

El lof mapuche tehuelche Cona Torres recuperó en el año 2004 las tierras de las que habían sido despojados en los 60, en las cercanías de Ingeniero Jacobacci, Río Negro. Celebran la vida y enfrentan nuevamente un intento de avanzar contra sus derechos sobre un territorio que habitan por generaciones.
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Lof Cona Torres

Por Javier López | El Paraje Colitoro es un extensa zona ubicada a unos 85 kilómetros de Ingeniero Jacobacci (Wawel Niyeu, su nombre original en mapudungún), provincia de Río Negro. Alberga numerosas familias mapuche tehuelches, como los Cona-Torres, quienes en los años ‘60 fueron despojados de sus tierras por el terrateniente local Alfredo Abi Saad.

En 2004, el lonko Luis Cona y la abuela María Torres encabezaron la recuperación del territorio. Con muchísimo esfuerzo, el apoyo de otras comunidades y la solidaridad de diversas organizaciones llevan más de dos décadas defendiendo el suelo ancestral del que nunca debieron ser expulsados.

Por estos días, mientras celebra 22 años de lucha, dignidad y alegría, la lof Cona-Torres enfrenta una nueva amenaza de desalojo de los mismos de siempre.

Hugo Aranea, werken de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro y actual secretario general de la CTA Autónoma de Viedma, nos lleva al momento de la usurpación en 1964: “Primero hay un Estado que define una política y después quienes aprovechan esas circunstancias. Están los grandes nombres (hoy, los Lewis o los Benetton) y los grandes terratenientes históricos de la Sociedad Rural que conocemos a nivel nacional. Y después están los menos conocidos que de alguna manera se metieron por los resquicios y se transformaron en terratenientes locales. Hay una franja, sobre todo en la Patagonia, que es de origen fundamentalmente sirio-libanés. Nosotros les decimos ‘los turcos’. No quiere decir que sea exclusivamente esa colectividad porque, por ejemplo, el campo de mi abuelo se lo quedó alguien que vino de Portugal. Pero en su gran mayoría son turcos y muchos influyeron e influyen en la política actual. En la Patagonia y a nivel nacional”. Sapag, Menem, Saadi… ¿les suenan?

El despojo

Río Negro no fue provincia sino hasta 1957, año en que dejó de ser Territorio Nacional. Esa idea de un suelo de propiedad estatal primigenio oculta el despojo disfrazándolo de legalidad. Dicen los más viejos que sus abuelos les contaron cómo, alrededor de 1920, las comunidades fueron abordadas por unos técnicos que las censaron sin mucho detalle. Los hombres, mujeres y niños que habitaban desde generaciones atrás el suelo patagónico fueron catalogados entonces como “fiscaleros”, circunstanciales ocupantes de unas tierras que en realidad siempre les habían pertenecido. Igual que en el resto del continente, lo único que convierte en fiscales los territorios indígenas es la perversa idea de que existe una “herencia por derecho de conquista” que Alberdi señalaba hace ya casi 200 años.

“Una de las metodologías que se usaron para correr a los paisanos fue meterle la culata del camión y tirarle la casa. Ese relato lo vas a recoger en muchísimos lugares: llegaban con un camión, lo metían de culata y tiraban a la mierda la casa, que generalmente era de barro. Y las pocas cosas que tenían los peñi se las cargaban en camiones y las tiraban en el pueblo. Ese ha sido el método que han usado muchas, muchísimas veces. Después empezaban las promesas de que ‘bueno, ya vas a volver a tu campo’. Y en realidad, mientras tanto, la Dirección de Tierras, con la complicidad de todo el aparato institucional, titularizaba a nombre del usurpador”.

Tras rememorar el nefasto papel de la Gendarmería, matones a sueldo sueltos y cuerpos armados como la llamada “Guardia Fronteriza” que durante décadas persiguieron, hostigaron y asesinaron al pueblo mapuche, Hugo recuerda cómo se tomó la decisión de recuperar el territorio.

“En todos los casos se repite el mismo caminito, años y años de reclamo permanente. Presentar papeles, ir acá, ir allá. Pero una vez que se entiende que las promesas no se van a cumplir, que se presentan los reclamos y siempre terminan en nada, empieza a madurar una idea: vamos a tener que recuperar el campo por una cuestión de supervivencia. No solamente en Colitoro, son miles las familias originarias acorraladas, que viven prácticamente en la miseria porque han sido despojadas de su principal elemento de sustento que es el espacio territorial. Eso hizo que empezara a madurar la idea y construir una fuerza para realizar ese tipo de cosas. En ese marco nosotros, allá por los 2000, desde el CAI (Consejo Asesor Indígena) empezamos a ver todo lo que se necesitaba para recuperar nuestros campos. Así fue que los peñi y la conducción del lonko Luis Cona y, fundamentalmente, la abuela que fue la figura central y la más firme en retornar, visualizando el futuro de sus familias, de sus hijos, de sus nietos. La decisión de la recuperación nació negándose a ser lo que el sistema quiere: indios pobres y marginados viviendo en la miseria. ‘Ese no es el destino que nosotros tenemos’, dijo siempre la abuela, ‘No venimos de ahí, no vamos a aceptar ese papel’”.

La recuperación

La abuela María Torres

Próxima a cumplir los 80 años, la Abuela María trasciende la lucha por su comunidad cercana. Es una figura imprescindible en la historia reciente de todo el pueblo tehuelche-mapuche. Compañera de vida del lonko Luis Cona –quien descansa en suelo recuperado desde 2022– la Abuela inspira y conduce desde hace más de 20 años con ternura, firmeza y claridad. Combina una asombrosa lucidez en el análisis de la coyuntura política con la sencillez explicativa. La calidez en la palabra con la vitalidad inagotable.

“Estamos en tiempos muy duros”, dice. “Hemos pasado por todos los gobiernos. Malos, un poco mejores, muy malos. Pero con este, yo ya lo dije cuando apareció arrancando papelitos, tenemos que ser más fuertes que nunca”.

“Yo siempre me acuerdo de la abuela porque cuando empezamos a cargar en el camión, la abuela agarra a los pollos, las gallinas, gallos, todo lo que tenía ahí en el corral de la casa y en eso pasaba el gato. Y dice: ‘¡Este también va para allá!’. Y lo metió en una bolsa y lo mandó al camión.”

Hugo cuenta cómo fue volver al suelo propio allá por 2004. “Lo concreto es que había que entrar y había que entrar con animales, con herramientas para trabajar, con lo necesario para construir o reconstruir lo poco que quedaba de una casa vieja que se había estado viniendo abajo para poder empezar a estar ahí. Así que nos fuimos con todos esos animales al campo. Salimos de Jacobacci y bueno, hicimos todo el camino hasta allá. En ese momento de entrar al campo no había camino, casi eran huellas, había piedras enormes. Íbamos en un camión que parecía que iba a volcar en cualquier momento”. 

“Salimos a la madrugada. Antes de que saliera el sol estábamos en marcha. Y fue llegar y, como todas las acciones de nuestro pueblo están regidas por el tema espiritual, lo primero fue un pedido de permiso a la mapu para entrar. Preparar todo para la primera ceremonia que se iba a hacer al otro día, a la madrugada”, narra Hugo.

Después vinieron las denuncias, los policías, las intimidaciones y los intentos de desalojo. Durante 20 años la lof Cona-Torres se afirmó en el territorio reconstruyendo un circuito productivo respetuoso de la vida, marcando un camino para otras comunidades, haciéndole frente a los usurpadores siempre al acecho. Aunque no fue la primera, la recuperación del Colitoro inspiró y acompañó muchos otros procesos reivindicativos en la Patagonia. 

Además de la persecución y la invisibilización permanente, el pueblo mapuche aún tiene frescos en su memoria los horrores del genocidio. Los abuelos de los que hoy son abuelos todavía hablaban de la “Guerra Grande” para referirse a la masacre roquista, que en Río Negro terminó en 1885 con la rendición de Sayhueque, el gran lonko manzanero que se resistió a la opresión. Sayhueque terminó sus días en 1903 en Chubut, adónde se replegó junto a otros lonkos y sus comunidades mapuche-tehuelches. Pero la llama que no pudieron apagar ni los incas ni los españoles siguió viva. 

Hoy, el enfrentamiento tampoco se ha extinguido, sólo ha cambiado un poco. En el siglo XIX y principios del XX, un pequeño estado en formación, ávido de tierras, le robó el suelo ancestral a los pueblos originarios. Hoy el gobierno colonial se desvive por entregarlo todo: el agua, los minerales, la tierra, el aire, la vida misma.

El nuevo zarpazo

Como siempre, los buitres huelen la sangre y quieren sacar su tajada: el 11 de enero de este 2026 los Cona-Torres recibieron un partida (esta vez judicial) que irrumpió en su campo para “constatar el estado del inmueble y la identidad de todos los ocupantes”. Se trata de un nuevo intento del viejo usurpador amparado en la crueldad de los tiempos que corren: “Abi Saad, Alfredo c/Cona, Luis S/Desalojo (Sumarísimo)” vuelve a la carga. 

La preexistencia de los pueblos originarios es incuestionable. “El Paraje Colitoro resistirá. La lof Cona-Torres no dará un paso atrás”.

Fotos: Valeria Dangelo