Se presenta este viernes el libro “Manuel Antin, escritor de imágenes”

La periodista Mariángeles Fernández y el guionista Diego Sabanés abordan al célebre escritor y cineasta, exdirector del INCAA, con material inédito y obras recuperadas. “Fue quien acercó al Congreso el proyecto que abolió la censura”, destacan en esta entrevista.
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Por Inés Hayes | Manuel Carlos Antin siempre quiso ser escritor. Sin embargo, fue en el cine donde desarrolló una de las carreras más extensas e influyentes de nuestro país. Primero como director de la Generación del 60, luego al frente del Instituto de Cine durante la recuperación de la democracia y más tarde como fundador de la Universidad de Cine, donde se formaron algunos de los cineastas de mayor proyección del séptimo arte argentino actual.

La periodista y editora española Mariángeles Fernández y el guionista y director argentino Diego Sabanés han dedicado cinco años a entrevistar a Antin y a varios de sus colaboradores, así como a investigar en archivos para reconstruir su carrera y, de manera inseparable, la transformación de la industria cinematográfica en Argentina en la segunda mitad del siglo XX. El resultado es el libro Manuel Antin, escritor de imágenes. Cortázar, Borges, Marechal y la generación que cambió el cine argentino (Eudeba). Allí los autores abordan los procesos creativos detrás de las diez películas estrenadas por Antin y también de los proyectos que desarrolló y no llegó a rodar (muchos de ellos desconocidos hasta hoy). El hallazgo de los diálogos completos escritos por Cortázar para Circe, así como el guion de Intimidad de los parques, y otros documentos perdidos durante años, permiten una reconstrucción de sus películas con una perspectiva renovada.

En sus comienzos, Antin había publicado varios libros de poesía y escrito cinco obras de teatro antes de ser guionista en televisión y llegar luego al cine. En esa producción temprana ya se encuentran las señas de identidad que marcarán su carrera como director, y en ella se anticipan recursos como la ruptura del orden cronológico o el desdoblamiento de planos narrativos. Los guiones inéditos, así como las cartas que intercambió con varios escritores, son el punto de partida para la extensa conversación que los autores mantuvieron con Antin para dar forma a este volumen, que se presenta en el año de su centenario.

Para su elaboración entrevistaron también al mítico director de fotografía Ricardo Aronovich, y a algunos actores y actrices como Graciela Borges, Fernanda Mistral, Marcela López Rey, Dora Baret, Ana María Picchio, Víctor Laplace, Claudio García Satur o Boy Olmi, entre otros. El libro tendrá varias presentaciones a lo largo del mes de abril, con invitados especiales.

Este viernes 10 de abril a las 14,30 en la DAC (Vera 559) presentarán el libro los autores junto a José Miguel Onaindia, gestor cultural y ex presidente del INCAA.

El domingo 19 de abril, a las 16, en el Bafici (Teatro San Martin, Corrientes 1530) tendrá lugar la charla Manuel Antin y las musas de la Generación del 60, con la participación de los autores y de Graciela Borges, Fernanda Mistral, Marcela López Rey y Ana María Picchio y la moderación de Luis Quevedo (Eudeba).

En esta entrevista, los autores rescatan el legado del reconocido novelista, dramaturgo, poeta y director de cine.

-Para Manuel el cine era una prolongación de la literatura. Desde muy joven se sintió atraído por la lectura y también por la escritura, que practicaba a escondidas, en el baño de su casa. A los 19 años publicó su primer libro de poemas, al que siguieron otros dos, así como seis obras de teatro y dos novelas. Los rasgos de estilo que aparecen luego en su cine ya están presentes en esas creaciones tempranas, como la narración fragmentada, el desdoblamiento de planos temporales o la importancia de los procesos mentales y anímicos de los personajes en su percepción de la realidad. En muchas entrevistas Manuel se refería a sí mismo como un escritor que escribía con la cámara.

-El padre de Antin trabajaba en la compañía maderera La Forestal, pero la familia se trasladó a Buenos Aires cuando Manuel era un niño, así que no tenía muchos recuerdos del Chaco. En cambio su adolescencia en el Colegio Nacional Buenos Aires dejó una marca muy importante en él, tanto por algunos de sus profesores, que alentaron su amor por la poesía, como por algunos compañeros. En particular, fue allí donde conoció a Rodolfo Kuhn, con quien coincidía en el tranvía cuando Antin ya era celador, y que fue con quien comenzó a dar sus primeros pasos en el cine. Juntos hicieron dos cortometrajes, escritos por Antin y dirigidos por Kuhn. Antin escribió también un largo, Los cariñosos, que iba a dirigir Kuhn pero no llegó a concretarse.

-En los años 50 Antin trabajó en la editorial Abril, que publicaba varias revistas muy populares en la época. Allí colaboró como guionista en dos revistas de historietas, Misterix y Cinemisterio. En esa redacción coincidió con Héctor Oesterheld, guionista de El Eternauta, que era de los pocos que firmaba sus trabajos, ya que la mayoría de las historietas no mencionaban a sus autores. Sus contactos en la editorial le permitieron también promocionar el estreno de su primera película, publicando cuatro páginas de fotografías tomadas especialmente, a modo de fotonovela. Esa producción permaneció extraviada durante décadas y es uno de los hallazgos durante nuestra investigación. Puede resultar sorprendente pero esa nota con fotos contando el argumento de la película apareció en Radiolandia, otra de las publicaciones de Abril.

-Antin era muy cinéfilo. Cada semana iba con su mujer, la escenógrafa y vestuarista Ponchi Morpurgo, a las proyecciones de los cineclubes como Núcleo o Gente de Cine, que eran el punto de encuentro de esos directores y actores que renovarían el cine argentino pocos años más tarde. En esa época trabajó como guionista en televisión, en el Teleteatro para la hora del té. Contaba entre risas que una vez lo acusaron de que en sus tramas los personajes se besaban poco. Allí conoció a Marcelo Simonetti, que sería productor de varias de las películas claves de esos directores jóvenes que luego la crítica llamó Generación del 60.

-Un día, en casa de un amigo, encontró un libro de un escritor por entonces desconocido, Julio Cortázar. Al leer sus cuentos tuvo la sensación de que eran exactamente lo que él quería escribir. Pero como ya estaban escritos, sólo le quedaba la posibilidad de reescribirlos con la cámara. Así que se puso en contacto por carta con Cortázar, que por entonces ya vivía en París. Ese fue el comienzo de su larga amistad.

El cuento que eligió fue “Cartas de mamá” y la película fue La cifra impar; la primera de las tres que Antin hizo sobre cuentos de Cortázar. La segunda, Circe, la escribieron juntos, aunque de los diálogos originales de Cortázar Antin solo utilizó una parte. Investigando para el libro, encontramos el manuscrito completo, que nos permitió analizar el trabajo de adaptación. Ese es uno de los inéditos que incluimos en nuestro libro. Con la tercera película, Intimidad de los parques, tuvieron algunas discrepancias que quedaron reflejadas en las muchas cartas que intercambiaron.

En ese momento Antin se interesó por la obra del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, que estaba exiliado en Buenos Aires y había escrito algunos guiones para cine, sobre todo un gran éxito de Lucas Demare, Hijo de hombre. Los casos de Quiroga y Borges fueron distintos, por tratarse de proyectos que muy a su pesar no llegó a concretar. Cuando le pedimos que comparase el trabajo que había hecho con cada escritor, nos dijo que Cortázar era el que sentía más cercano, porque había en sus personajes una psicología compleja, pero a la vez contaban historias. En cambio Borges era más hermético para ser llevado al cine.

Para Manuel, “cuando se toma un autor no es para transmitirlo sino para interpretarlo, ya que transmitir es una tarea demasiado mecánica. La interpretación es múltiple, empezando por la del director, o la del guionista, que trabajan para ofrecer al público la posibilidad de su propia interpretación”.

Decía que la identificación del público con la obra solamente se logra cuando el público interpreta de otra manera una misma obra. Para él, “que un espectador pueda hacer una interpretación distinta es el aporte del arte a la humanidad”.

Ponchi Morpurgo, Manuel Antin y Ana María Picchio

-Antin fue testigo de varios recambios generacionales. Contaba, a veces no sin pesar, que cuando él comenzó a filmar, en los años sesenta, los grupos estaban aislados, sin comunicación entre sí. Él mismo no recordaba haber formado parte de ningún grupo, aunque luego los críticos hayan acuñado el concepto Generación del 60. “Éramos individuos que trabajábamos por nuestra cuenta, de una manera completamente solitaria, y casi diría expulsados de los centros de producción”, decía. Recordaba que recién fue saludado por sus pares veinte años después, cuando fue director del Instituto de Cine.

Más tarde, durante los años 80, pudo ser testigo y partícipe del surgimiento de una nueva generación de cineastas que contaban las historias que la censura había prohibido en los años anteriores. No olvidemos que fue Antin quien acercó al Congreso, en los primeros meses del gobierno de Alfonsín, el proyecto de ley que abolió toda forma de censura.

Más tarde ocurrió algo similar con el llamado “nuevo cine argentino”, que comienza a surgir a fines de los años 90. Para Antin fueron fenómenos diferentes que se dieron en épocas distintas, pero terminaron generando fenómenos similares, de renovación. En sus palabras:

“Las generaciones cinematográficas tienen la virtud de ser asesinas del pasado. Detestan todo lo que se ha hecho hasta ese momento. Yo creo que así como a nosotros no se nos podía hablar de La guerra gaucha, a los que vinieron en el 83 no se les podía hablar de La cifra impar y a los que vienen ahora no se les puede hablar de Hombre mirando al sudeste. Porque, además, son mundos diferentes en todo sentido. No es que cambie el cine; creo que así es la vida”.

Sobre los autores

Mariángeles Fernández:  Nacida en España y criada en Argentina, tras estudiar Periodismo en La Plata regresó a Madrid, donde desarrolla su carrera como editora. Desde hace décadas investiga la obra de Julio Cortázar, sobre la que ha publicado libros y artículos y coordinado talleres de estudio.

Diego Sabanés: luego de egresar de la carrera Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, viaja a España con una beca de Ibermedia y desde entonces desarrolla proyectos en ambos países. Su primer largometraje, Mentiras piadosas, adapta varios relatos de Julio Cortázar. En los últimos años ha publicado investigaciones sobre cineastas de la década de 1960, como la guionista Beatriz Guido o el director Juan Antonio Bardem, mientras continúa desarrollando proyectos de ficción.