Redacción Canal Abierto | Hay discos que empiezan mucho antes de ser grabados. Coire, el nuevo trabajo de Atrás Hay Truenos, empezó a gestarse cuando todavía el mundo no había aprendido la palabra pandemia, y la existencia de la ciudad de Whuan estaba restringida al ámbito de los sinólogos. Lo terminaron después, como quien vuelve a una casa que estuvo cerrada durante años y encuentra intactas las cosas, pero también algo nuevo. Ese algo, para esta banda surgida en Neuquén que arrancó siendo instrumental y fue agregando capas de voz y electrónica, es el punto más alto de una búsqueda que empezó hace casi una década.
Este sábado se presentan en Galpón B (Cochabamba 2536, CABA). No es un show más. Es la ceremonia de un disco que los tuvo a Diego Martínez (bajo, producción, mezcla), Ignacio Mases (guitarra), Roberto Aleandri (voz, guitarra y sintetizadores) y Héctor Zúñiga (batería) hilvanando pianos, sintetizadores y letras con una precisión casi obsesiva. Pero cuidado, en su caso, la obsesión no es enemiga de la frescura, sino todo lo contrario.
“La idea era preproducirlo antes de entrar a grabar”, cuenta Diego Martínez a Canal Abierto. En tiempos de grabación express, ellos tomaron la decisión opuesta: demos y reescrituras que, pandemia de por medio, culminó con una nueva reclusión, pero esta vez en Unisono, el estudio donde Coire obtuvo su cocción definitiva. “Posproducimos mucho tiempo también. Lo mezclé yo, en mi casa y en el CC Richards. Es un disco muy del seno de la banda”, agrega.

¿Y qué sonido tenían en la cabeza mientras todo eso ocurría? En el medio del aislamiento, Martínez volvió a escuchar Superficie de placer, el disco de Virus que marcó la despedida de Fcederico Moura. Y ahí algo le hizo click: “Recordé lo que el rock nacional nos había enseñado. Me propuse hacer una versión de ese aprendizaje con nuestro sonido”. Justo en ese momento dio con un teclado emblemático de los ochenta, el DX7. “Con ese sonido empezó a vislumbrarse todo”, asegura.
Coire no es un disco de nostalgias. Es un disco que toma herencias y las transforma. Tiene sintetizadores, sí, pero también guitarras. Tiene letras pensadas, estribillos trabajados, y una épica contenida que le sienta bien al momento actual. “Para nosotros es la culminación de lo que venimos haciendo. Más refinado, con más grupo”, aporta el guitarrista Ignacio Mases, también en diálogo con Canal Abierto.
Una de las curiosidades del proceso es que, si bien mucho de ese material ya sonaba antes de la pandemia, este no envejeció. “Están revigentes”, insiste Mases. Y cuenta que “El otro día me encontré con músicos de ‘La otra cara de nada’, que nos conocían de giras anteriores, y me dijeron: ‘Escuchamos el disco, me acordé de aquel tema que tocaban casi solo con piano’. Y sí, esa idea se convirtió en otra cosa después”.

Porque entre el demo y el disco final, entre la preproducción y el resultado de estudio, pasó el tiempo, pasó la cuarentena, pasaron otras escuchas. Y también pasó Julián Rossini, el pianista y arreglador que se suma al formato para los shows. Martínez explica que “Antes usábamos pistas con teclados y percusiones. Ahora con Julián vamos a tener libertad, no tan sujetos a un click. Eso le da una adrenalina nueva al vivo”.
El desafío de tocar en vivo un disco tan trabajado no les asusta. Con Bronce ya vivieron algo parecido. Ignacio recuerda que “la banda se apropia de la representación. Hay cosas que se extrañan, otras que aparecen nuevas. El disco sigue evolucionando después de terminado”.
La respuesta del público ya les dio una señal. “La última vez que tocamos los temas nuevos, la gente los cantaba. Y el disco salió a fines del año pasado, ya tiene escucha. Eso es lo más lindo: que la gente haga propio el disco”, dice el guitarrista.
¿Hay material para más canciones? “Roberto –Aleandi, cantante y letrista– ya mandó unos poemas”, adelanta Ignacio. “Pero primero hay que presentar esto. Tenemos para un año, año y medio de presentación”, calcula Diego. “Y después… bueno, mis compañeros verán quién toma la posta. Yo ya tuve mi momento de decir ‘no quiero seguir haciendo esto así’ y me puse a producir de otra manera. Ahora vendrán otros”, agrega.
La fecha del sábado en Galpón B será la prueba de fuego y también la celebración. Un disco que tardó años en llegar, que sobrevivió a una pandemia, que se armó con DX7 y guitarras, con poemas y estribillos trabajados hasta el cansancio.
«Es un show que estamos preparando con ensayos próximos, pero ya tenemos un guión y una idea de lo que queremos representar. Buscamos que no solo nos guste a nosotros, sino que la gente también se sienta parte. La diferencia con otros shows es que este está un poco más pensado», concluye Mases.
Foto de portada: Manuel Cascallar

