La Argentina de las doce cuadras

Un pedido de puestos de trabajo puso en superficie la realidad que generan las políticas libertarianas. Es el mismo país cuyo Gobierno juega a las internas con el enriquecimiento vertiginoso del jefe de Gabinete Manuel Adorni.
7 minutos para leer

Por Federico Chechele | La imagen de alrededor de 4.000 personas haciendo doce cuadras de fila para intentar acceder a apenas 60 puestos de trabajo en un frigorífico de Moreno fue una radiografía brutal de la Argentina actual. Una escena imposible de separar del modelo económico que impulsa el gobierno de Milei donde el mercado selecciona sobrevivientes y la exclusión se ve en directo por la televisión.

Bajo la lluvia, durante horas, miles de personas esperaron la posibilidad de entrar a una entrevista laboral. Se ofrecían puestos que iban desde choferes hasta administrativos, de marketing hasta limpieza. Había gente de 18 años y hasta de 70. La representación más genuina de un exterminio socioeconómico.

Resulta imposible saber qué pensaba cada una de esas personas mientras avanzaba lentamente contra la pared húmeda, mirando de reojo al resto y preguntándose si esta vez habría suerte. Tal vez muchos imaginaban cómo contar en sus casas que habían conseguido trabajo. Tal vez otros ya ensayaban la explicación para justificar el regreso con las manos vacías. Porque la pobreza es desgaste emocional, deterioro de la autoestima y miedo permanente al futuro.

No hubo nada fuera de lugar. Hubo trabajadores sosteniéndose entre sí. Esa es una de las grandes diferencias entre la cultura popular y la lógica del individualismo: quienes menos tienen muchas veces conservan niveles de solidaridad que sectores privilegiados no tienen. Lo rústico no produce traición; la competitividad despiadada suele nacer en los espacios donde el poder económico convierte al otro en una amenaza.

También es cierto que parte de esos mismos trabajadores apoyan el ajuste económico y acompañan políticamente al Gobierno. Y eso no debería analizarse desde la superioridad moral. Nadie vota contra sí mismo de manera consciente. Las sociedades son moldeadas por discursos dominantes que se repiten en los grandes medios de comunicación. Es el propio Gobierno quien fogonea el egoísmo y la falta de sensibilidad, por eso es insoportable pensar en que haya gente que no tiene empatía por esas 4.000 personas que imaginaron una vida mejor. El pueblo está abrumado porque le falta de todo, porque hay un odio organizado, porque hay mucho ruido en todas partes.

Mientras todo eso ocurría, el Presidente realizaba un nuevo viaje a Estados Unidos. El contraste político y simbólico es inevitable: de un lado, miles de personas intentando entrar al mercado laboral; del otro, una dirigencia totalmente desconectada de la realidad social. Milei realizó su viaje número 17 a Estados Unidos desde que asumió. El cuarto viaje en lo que va del año. Son 120 días en el exterior de 876 días de gestión con el país brotado de bronca.

***

El caso Adorni no aburre, entretiene y moviliza porque, desde su rol de vocero y luego como Jefe de Gabinete, impulsó un discurso que profundizó el odio hacia el otro. Mintió para perjudicar a quienes menos tienen y beneficiar a los más ricos. Fue capaz incluso de exhibir la radiografía de un perro en lugar de la de una persona con discapacidad, alimentando así el rechazo social hacia quienes reciben beneficios por estar imposibilitados de trabajar.

Hoy está pagando ese precio: lo maltratan todos. Tiene que bancarse que la senadora Patricia Bullrich, que la semana pasada se sacaba fotos con él para respaldarlo, ahora le exija que presente los papeles; le faltó pedirle la renuncia. Lo están secando los propios. Y tuvo que salir Milei a ratificarlo por quinta vez.

El desgaste es asombroso. De un lado del Gobierno entienden que el “Caso Adorni” tapa el desastre económico y se desentienden. Otros creen que desprenderse del Jefe de Gabinete es quedarse sin candidato propio para pelear la Ciudad de Buenos Aires como ya les pasó con José Luis Espert en territorio bonaerense. Los más cercanos directamente no pueden sacárselo de encima.

Los libertarios más ortodoxos recuerdan que el convencimiento de los votantes para que Milei gane las elecciones no llegó a partir de la propuesta de dinamitar el Banco Central, ni bajar la inflación (promesa que hacen todos los candidatos) y mucho menos el famoso equilibrio fiscal. Milei convenció a la gente porque cuestionaba a los políticos corruptos y porque iba a terminar con la casta.

El gobierno que construyó gran parte de su legitimidad denunciando privilegios y corrupción queda atrapado por las mismas lógicas que prometía combatir. Y eso erosiona uno de los activos más importantes que tuvo el fenómeno libertario: la autenticidad de los outsiders.

Pero no hay nada más casta que comprarse casas en country, departamentos de lujos, viajes al Caribe y jet privado en 2 años de gestión. Hoy la imagen presidencial está en picada y nadie puede vaticinar cuándo ni cómo aterrizará este avión.

La Argentina está tensada en estas dos realidades: el escándalo del Jefe de Gabinete y las 12 cuadras para buscar trabajo. Lo de Adorni se termina cuando se vaya y dejará una cascada de daños colaterales. Pero esos 4.000 postulantes probablemente formen parte de los 6,3 millones de argentinos morosos, atrapados en un país donde nadie puede pagar sus deudas y donde ya hay 14 proyectos en el Congreso de la Nación buscando evitar que este nivel de morosidad derive en una erupción social.

Hace unos días se conoció una nueva obra del artista callejero Banksy que muestra a una persona caminando hacia el abismo cegada por una bandera, una metáfora poderosa contra las ultraderechas que gobiernan varios países del mundo. El problema no es solamente económico. También es cultural, afectivo y humano. Porque ninguna comunidad puede sostenerse demasiado tiempo cuando el odio reemplaza a la empatía y cuando sobrevivir se convierte en el único horizonte posible.

Federico Chechele en X: @fedechechele