Redacción Canal Abierto | El próximo 30 de mayo se cumplen dos años de la partida de Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo e incansable luchadora. Por tal motivo, el domingo 24 a las 20 horas en el Galpón Catalinas (Avenida Pérez Galdós 93, CABA) se realizará un festival en su homenaje. Participarán Ofidio Della Sopa y las Cuerdas Flojas junto a Alejandro Balbis, el reconocido cantante y compositor uruguayo. Hay entradas anticipadas vía Alternativa Teatral,
“Capaz que fue la persona más valiente que yo conocí en mi vida. Al menos que haya conocido personalmente”, reconoció Balbis en diálogo con Canal Abierto.
El músico conoció a Cortiñas a través de Fabio Basteiro, dirigente de la CTA Autónoma y ex legislador porteño. “Hasta hicimos unas reuniones en la provincia de Buenos Aires, cerca de su casa. Ella nos contaba cosas y nosotros la grabábamos”, recordó.
En un contexto político signado por una oleada reaccionaria, que en nuestro país tiene la que quizá sea su versión más cringe de la mano de Javier Milei, Balbis reflexionó sobre el peso de su figura y la necesidad de reivindicar a todas las Madres y Abuelas que se van yendo. “Mira que algún día alguien va a tener que ponerle un pienso al por qué una cantidad de ellas llegaron a la edad que llegaron. Todas se murieron después de los 90”, señaló el músico, y lanzó una hipótesis: “Tendrá algo que ver con la vida que llevaron, con la vida que se vieron obligadas a llevar”.
Acerca de la presencia de Norita, Balbis describió una estampa imborrable. “Con su cuerpo chiquitito, aparecía y temblaban”, afirmó.
Balbis también se refirió a las diferencias entre Uruguay y Argentina respecto de la lucha por memoria, verdad y justicia. En su país, destacó la labor de los Familiares de Detenidos Desaparecidos. Pero fue en la descripción de la Marcha del Silencio donde su voz se volvió más intensa. “Se hace todos los años y es multitudinaria, quizá cada vez más, en total silencio. Un silencio atronador, único, absolutamente conmovedor”, describió. Y agregó un detalle sensorial que sólo alguien que ha caminado esa marcha puede transmitir: “Se escucha el ruido de las carteras contra los cuerpos. Se escucha el ruido del plástico de las pancartas. Pero no se escucha nada, para nada”.
Fue en los años de plomo charrúa que Balbis comenzó a cantar en murga. “Tenía la cabeza de un pibe de 12 años, pero que sabía perfectamente lo que era la dictadura y el miedo que veía en los ojos de mis viejos”, recordó. Y narró un episodio de su infancia que retrata la atmósfera opresiva de esos años: un almacenero “facho” que vivía enfrente de su casa lo regañó y le dijo que iba a denunciar a su padre por comunista. “A los pocos días mi viejo me dijo: ‘Che, ¿qué pasó con este tipo?’ Y me explicaron algunas cosas”, contó Balbis.
Sobre la murga y el carnaval en aquellos años, reivindicó que “con la murga no pudieron. Si hubieran podido, se deshacían de nosotros en un instante, pero es demasiado popular”. Aunque vigilaban lo que se decía. Y mencionó el caso paradigmático de la murga Falta y Resto, que salió en 1981 “pisando fuerte porque hablaba con otro lenguaje y de otras cosas que nadie se atrevía”. Al año siguiente, en 1982, le censuraron todo. “El letrista estuvo sentado en una mesa con los militares interventores reescribiendo casi toda la murga”, relató Balbis. La despedida de ese año terminaba con la canción Las manos paloma, de Julio Julián, histórico director y arreglador de esa agrupación. “La censuraron entera. Dijeron ‘esta no. No le cambien nada, porque no va”, recordó Balbis.
Con la llegada de la democracia, dijo el cantante, hubo “una explosión”. “Estábamos en todos lados. Hacíamos 30 shows por semana, 25, hasta 40. Pero fuera de carnaval, porque era una murga de niños. No existía la murga joven ni el carnaval de las promesas. Nada de eso existía”, señaló. Esa murga de niños, en la que Balbis militó desde los 12 años, fue semilla de lo que vendría después: décadas de música, de idas y vueltas, de carnaval y canciones, de Uruguay y Argentina, de memoria y futuro.
Tras esos años Balbis continuó en el rubro. Con el tiempo comenzó a iniciar su propia carrera solista. Si bien vuelve constantemente a ese primer amor, señala que es una actividad “invasiva sobre tu vida”, con meses de ensayos y cerca de 140 shows por año. Por eso tuvo “idas y venidas”, y dejó de salir desde 2007 hasta 2019. Luego, justo antes de la pandemia, salió en Cádiz, España.
Sobre el contraste entre ser parte de una un colectivo como es la murga y desarrollar un proyecto solista, Balbis dijo que “siempre lo he pensado mucho. Medio que lo hice sin darme cuenta y fue un proceso de años. Lo analizo con el diario del lunes”. Lo que más le costó fue “el desempeño vocal, que es totalmente distinto”. La presencia escénica, en cambio, se fue construyendo sola gracias a los cientos de shows acumulados durante décadas. Y aunque hoy disfruta de grabar discos, componer, producir y cantar sus propias canciones, hay algo que extraña con el paso del tiempo. “Hay personas con las que nos veíamos, que compartimos muchos años juntos, todos los días de la vida. Cuando uno deja de salir en carnaval te ves mucho menos con esos amigos entrañables. Lo que extraño es a la gente”, confesó.
Balbis también se refirió a las diferencias entre la composición para murga y la de canciones fijas. En la murga, la letra puede adaptarse según la coyuntura; en una canción, queda para siempre. “Yo no escribí mucho para carnaval. Empecé a escribir cuando ya hacía canciones y necesitaba una letra. Hice canciones con mucha gente. Para la murga escribí muy poca cosa, alguna despedida. Siempre estuve en la parte musical”, explicó. Y describió la relación entre ambos rubros como “complementarios pero antagónicos”, que deben estar en contacto constante. “Eso me recopa, es buenísimo”, dijo.
La cita es entonces el domingo 24 de mayo a las 20 horas en Av. Pérez Galdós 93, Galpón Catalinas. Un encuentro para recordar a Norita, esa mujer de cuerpo pequeño que con su sola presencia hacía temblar a los poderosos. Como bien dijo Balbis: “Aparecía y cambiaba las cosas”.
“15 días de magia”: música en el mar
El año pasado, Balbis fue parte de la tripulación de la Expedición Uruguay Sub-200, que exploró las profundidades submarinas del margen continental uruguayo. Fue a bordo del Falkor, buque oceanográfico del Schmidt Ocean Institute, que también fue el que se adentró en el océano argentino para el célebre “streamming del CONICET”.
“Fue una experiencia para toda la vida, algo hermoso. Salieron canciones hermosas”, contó el músico sobre la experiencia y adelantó que quienes se acerquen a Catalinas Sur el domingo podrán escuchar dos de estas creaciones.
Balbis marcó que “fue un vínculo con realidades alucinantes, con gente increíble. Un equipo científico del que me quedé totalmente admirado. No tiene nada que envidiarle a ningún equipo científico de ninguna parte del mundo”.
Y definió a la experiencia como “quince días de magia. Me acostaba temprano porque no me quería perder nada durante el día. Igual de noche sucedían cosas que eran alucinantes”. Y confesó que “me levantaba a las 7 porque el desayuno era increíble”.
Además de la experiencia y la gente dedicada a tareas distintas a la suya con la que convivió durante esas dos semanas, Balbis quedó sorprendido por los fierros que hicieron posible la hazaña, como el ROV, al que describió como “una maravilla técnica. Una máquina como una camioneta grande, más alta, llena de señales, luces, brazos robóticos, aspiradoras. Todo eso sostenido por una linga no más ancha que mi dedo pulgar, con ocho cables de fibra óptica y dos cables eléctricos adentro. Tenía 6500 metros de largo. Una demencia tecnológica”.
“El barco mismo, el Falkor, es una maravilla. Lo recorrí por las entrañas: los motores eléctricos alimentados por un motor diésel gigante, los estabilizadores dinámicos que hacían que afuera hubiera una ola bárbara y el barco estuviera quietito”, concluyó Balbis.
